El error económico de Iceta

El error económico de Iceta

Miquel Iceta, líder del PSC, el partido que en Cataluña representa al PSOE, no termina de ser claro, en muchas ocasiones, con los planteamientos que defiende. Siempre parece querer dar una de cal y otra de arena, mostrando una equidistancia inapropiada entre los independentistas y los constitucionalistas. Si lo hace por oportunismo político, para tratar de pescar votos en todos los caladeros, malo; y si es por convicción, peor, pues no puede ponerse en la misma balanza a quienes defienden la Constitución y a quienes quieren volarla. Pues bien, en una de esas piruetas políticas, Iceta ha venido a defender que a Cataluña se le condonen los más de 52.000 millones de euros de deuda emitidos a través del Fondo de Liquidez Autonómica, como paso previo a un nuevo Sistema de Financiación en el que la región catalana gozase de una especie de pacto fiscal —ya solicitado hace años por Mas—, que le confiriese, en la práctica, una suerte de régimen similar a los forales de Navarra y País Vasco.

Se equivoca Iceta. En primer lugar, los regímenes forales existentes, que es cierto que se recogen en la Disposición Adicional Primera de la Constitución, generan, no obstante, controversia, al menos por el sistema de cálculo de cupo y aportación, puesto en entredicho por muchos especialistas, que sobrefinancia a las dos regiones forales, cuando no hablan también del mayor margen de maniobra que la legislación les da para realizar su política tributaria: La Rioja puede competir fiscalmente con Castilla y León, porque ambas tienen las mismas competencias, pero no puede hacerlo con el País Vasco, porque la región vasca goza de plena capacidad de decisión tributaria, muy superior a la de las regiones de régimen común.

Pues bien, esto debería ser suficiente para hacerle ver a Iceta el error de su propuesta, porque introduciría una mayor distorsión en el sistema al establecer un privilegio en Cataluña negándoselo al resto. Pero, además, no podría llevarse a cabo, porque se quebraría la solidaridad entre las regiones, que también es un precepto constitucional. Madrid, Cataluña y Baleares son las tres regiones que más aportan a la solidaridad de las regiones por su contribución al fondo de garantía de los servicios públicos esenciales, que permite que todos los españoles contemos con servicios similares sanitarios, educativos o sociales. Pues bien, si Madrid o Cataluña, que son las dos mayores economías regionales de España, dejasen de contribuir a la solidaridad no podría sostenerse dicha solidaridad pues ni siquiera una de esas dos regiones por separado podría suplir lo aportado por la otra.

Por otra parte, si bien Cataluña es solidaria —como lo es el resto de España con Cataluña en otros aspectos, además de las transacciones comerciales que realiza con el conjunto de España — no es ni la región más solidaria, ni la más perjudicada por el Sistema de Financiación, ni la que menos inversiones recibe en infraestructuras. Madrid aporta 3.000 millones de euros a la solidaridad de los servicios esenciales de las CCAA, por 700 que aporta Cataluña; Madrid y Valencia son las más perjudicadas por el Sistema de Financiación, quedando por debajo de la media en financiación per cápita, mientras que Cataluña queda por encima; y Cataluña ha recibido en los años de crisis unas inversiones de los Presupuestos Generales del Estado que crecieron cerca de un 27% mientras caían los de Madrid un 40%. Todo ello, además de que el Tesoro, vía FLA, es quien emite la deuda que Cataluña no puede colocar en los mercados, de manera que gracias al Estado y la solidaridad de los españoles, Cataluña se puede financiar y pagar préstamos, nóminas y proveedores. Iceta comete un error pidiendo la condonación de la deuda y el pacto fiscal con la idea de que Cataluña está maltratada fiscalmente. En lugar de eso, debería buscar el acuerdo con el resto de constitucionalistas para lograr una mayoría que permitiese un gobierno de dichos constitucionalistas que lograse que Cataluña recuperase la prosperidad que el independentismo ha arrojado por la borda.

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