El desafío “globalista” entra en campaña

El desafío “globalista” entra en campaña

Personajes históricos como Maquiavelo o Richelieu, que introdujeron y extendieron el concepto de la “razón de estado” o “raison d’État”, que viene a ser lo que actualmente se conoce como “intereses nacionales”, habrían sido encasillados en la actualidad como peligrosos pensadores de carácter populista. Posiblemente más de uno añadiría que representaban a la “ultraderecha” más recalcitrante aplicando un razonamiento que, sin embargo, no existía ni en el siglo XVI, ni en el XVII. Esa defensa de los intereses nacionales que preconizaron el italiano y el francés es la que actualmente hacen suya Salvini en Italia, Kurz en Austria u Orban en Hungría. Todos ellos son tachados inmisericordemente como peligrosos populistas que ponen en riesgo el orden liberal. Pero, ¿quién se esconde detrás de estos furibundos ataques a políticos que han salido elegidos democráticamente de las urnas en unos países donde precisamente nadie ha ido a la cárcel por expresar libremente sus ideas?

Los “globalistas” son la clave. Detrás de este movimiento internacional se refugian siniestros millonarios ávidos de seguir enriqueciéndose a costa de los demás, diciendo como debería ser el mundo, interfiriendo o influyendo sobre los gobiernos, destruyendo países, favoreciendo a las elites y haciendo experimentos con las sociedades. Un claro exponente del globalismo es George Soros. Este personaje que almacena su ingente fortuna en paraísos fiscales hizo llamar a su red de lobbies “sociedad abierta”, disfrazadas de supuestas ONGs con piel de cordero a las que les gusta estar en todas las salsas. Ya sea alentando al separatismo de Torra y Puigdemont con su Independent Diplomat (ID), haciendo negocios con Jaume Roures o financiando a la vez el Instituto Nacional Demócrata para los Asuntos Internacionales de EEUU al que Pedro Sánchez debe tanto. El objetivo es salvar de la desaparición a la izquierda política europea sumida en una crisis existencial desde hace 30 años.

Detrás de Soros y sus antenas mediáticas –un buen número de medios “progres” occidentales– está toda la teoría conspiranoica que sitúa a la Rusia de Putin detrás de los grandes problemas europeos. Desde el Brexit al auge del populismo. Resulta sorprendente que quien advierta del avance del populismo sea alguien que no representa a nadie más que a sí mismo y a su fortuna personal. Porque Soros no representa la democracia o libertad. Alguien que no ha tenido la valentía de someterse al escrutinio de las urnas, que emplea su dinero para decirnos cómo debemos vivir y se rodea de un conjunto de palmeros que ejercen de portavoces suyos es un peligro para nuestro orden democrático.

Las críticas más feroces de Soros se dirigen precisamente a aquellos países donde le han impedido tejer su red de lobbies, como han sido Hungría, Polonia, Rusia, ahora Italia, pero creo que en un futuro cercano habrá más representantes políticos, e incluso países, que se opondrán a los intentos de uniformizar el pensamiento en Europa por parte suya. El Parlamento Europeo a partir de mayo será, a buen seguro, y para la esperanza de los demócratas un buen comienzo. Pero hacen falta más lugares y más rincones donde se haga saber que es más peligrosa la política de un presidente del gobierno que se reúne en secreto con Soros, como hizo en junio del pasado año, Pedro Sánchez, que lo que hagan Orban o Salvini sometidos a la rendición de cuentas propia de sus cargos.

De la opaca reunión de Sánchez y Borrell con Soros en junio, hemos pasado a la retransmitida en redes sociales reunión de Borrell con el especulador octogenario el pasado fin de semana. El ministro puede hablar con quien quiera, pero lo normal es que lo haga con sus homólogos, algo que Soros no es. Y menos aún, que se empleen recursos públicos para montar una reunión de carácter bilateral con alguien que no es nadie en la política española, pero con quien el PSOE de Sánchez mantiene una total sintonía. Y esa es una de las preguntas que debemos plantearnos a la hora de ir a votar en abril y en mayo: ¿Queremos que nos gobiernen personajes influidos por ‘globalistas’ como Soros o queremos que nos gobiernen auténticos representantes dispuestos a defender los intereses españoles?

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