A la deriva

“Lo peor es ver el miedo y la angustia de los pacientes. Vamos a los domicilios y cada caso es más dramático que el anterior. Ayer, en una de las salidas de urgencia acudimos al domicilio de una mujer de 70 años que vivía sola. Se ahogaba, estaba saturando al 37%. Llamamos a la ambulancia y no podían venir. Le pusimos oxígeno, pero dos horas más tarde la ambulancia seguía sin aparecer y el oxígeno se acabó. Tuvimos que correr al Centro para hacernos con una bombona grande, subir los tres pisos sin ascensor y volver a conectarla. Y todo esto sin equipamiento: sin mascarilla, sin traje, sin gafas de protección”. Es uno de los muchos testimonios de médicos que se están enfrentando a esta pesadilla anteponiendo su vocación al miedo legítimo que sienten al contagio. Dicen que el 14% del personal sanitario ha sido contagiado, no es verdad. Desgraciadamente son muchos más los facultativos que se han infectado.

Podemos hablar de los muchos médicos que han perdido a seres queridos; de los muchos pacientes que con más de 80 años y patologías previas se les negará el acceso al tratamiento; de los que van a morir en sus casas o en residencias sin posibilidad de acceso a paliativos; de los que lo harán en las UCIs sin compañía, sin aliento y con el sonido de fondo de una maquina; de las familias que despiden a los suyos en la distancia; de todos esos trabajadores que acuden a su centro de salud en pánico para solicitar una baja médica que les permita quedarse en casa; de los enfermos enviados a sus domicilios donde inevitablemente verán enfermar a sus familias por haber convivido con ellos, de las miles y miles de víctimas que vamos a tener… Es una tragedia sanitaria sin precedentes. Y, sí, señoras y señores del Gobierno, la magnitud del desastre era evitable.

Ahora el presidente del Gobierno trata de mutualizar, como si de deuda europea se tratase, la estupidez. Alega que todos los dirigentes minimizaron la amenaza y que todos los países se enfrentan a la misma situación que nosotros. Algo así como “somos unos negligentes, pero estamos dentro de la media europea”. Lo que ocurre es que somos el segundo país con más muertos y, aunque las estadísticas no lo reflejen, también con más contagiados. Ayer el ministro Illa, después del fracaso de la centralización en las compras, anunció la adquisición de material sanitario por un valor de 432 millones de euros y explicó, entre otras cosas, que durante los meses de mayo y junio llegarán 750 unidades de respiradores. Me hubiese gustado preguntar al ministro si era consciente de lo que estaba anunciando, si era consciente de que posiblemente en junio ya no necesiten ni desembalar los respiradores.

Mi primer artículo en OKDIARIO alertando de lo que se nos venía encima y de la frivolidad de nuestros dirigentes es del 3 de febrero: “En España sólo morimos de éxito”. Desde entonces he asistido aterrada a la irresponsabilidad de un gobierno que, pese a las evidencias que llegaban de China, ha estado embriagado de su propia vacuidad. Es hora de que asuman responsabilidades, que acepten sus errores y dejen de lanzar a sus hordas de incondicionales contra la Comunidad de Madrid. Si no hubiese sido por Madrid y por el País Vasco aún hoy estaríamos discutiendo el estado de alarma.

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