Dario Fo: ocaso del ‘bufón’ que llevó la sátira al cielo

Dario Fo: ocaso del ‘bufón’ que llevó la sátira al cielo

El 13 de octubre de 2016 será recordado siempre como el día en el que Bob Dylan fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, pero también como la fecha en la que nos dejó, a los 90 años, un inmenso talento de la sátira: Dario Fo. Él, que también fue Nobel de literatura en 1997 —con polémica del Vaticano incluida y un sinfín de críticas a cargo de las castas del poder y las oligarquías del pensamiento ‘correcto’, rehenes de sus miserias— ha sido junto con su mujer, Franca Rame, el pensador que más ha influyente en mi vida y ha conseguido hacerme tal y como soy hoy: libre e independiente.

Fo: la risa y el miedo

Fo, incansable bufón e irrepetible, tuvo dos fechas de nacimiento: la registrada en su partida oficial, 1926, y la que le consagró como el Papa de la sátira, 1968. Una sátira que es el arma más eficaz contra el poder porque ni el poder ni los gobernantes que se llaman así mismos ‘democráticos’ soportan el humor. En ocasiones porque ni siquiera lo entienden… y porque la risa libera al hombre de sus miedos y de sus cadenas.

Los movimientos del 68 compartieron la dimensión cultural y política, con gran presencia estudiantil, de naturaleza asamblearia —más o menos manipulada o espontánea— pero siempre desbordando los cauces de participación ciudadana convencional, sindicales o políticos. A partir de ese año, Fo fue el huracán eterno, esa ‘tormenta imperfecta’ que abofeteó, de forma asimétrica, día y noche, a todos los sistemas corruptos, a todos los convencionalismos baratos, a todas las hogueras de la vanidad que pudieran anidar en cualquier poder institucional. Y lo hizo con comicidad, con una sonrisa, con la sutileza descarnada … pero a la vez con una profundidad devastadora, siempre consciente de que el miedo acobarda a los ciudadanos y es aliado de los bastardos manipuladores del poder.

Fo utilizó un arma letal: un teatro fino, no sólo inspirado por el entretenimiento ni por la fuerza estética: “Nunca en mi vida he escrito nada simplemente por diversión. Siempre he tratado de poner en mis letras esa grieta capaz de golpear las certezas, de poner en duda cualquier opinión, de despertar la indignación, de abrir un poco más las mentes. Todo lo demás, la belleza por la belleza, no me interesa”.

Encadenados… o ‘encorreados’

En una época como la nuestra, en la que carecemos de liderazgos en todos los ámbitos de nuestras vidas, echo de menos un Fo en cada esquina. En un mundo como el nuestro, que ha renegado de la sátira y mantiene presas nuestras conciencias en sórdidos  tribunales en los que sólo consiguen hacernos reír, por no llorar, algunas frases demenciales como las de un Correa que dice que nunca le han llamado “Don Vito”. Un mundo que nos mantiene encadenados a un sistema que ni siquiera es corrupto, directamente está en coma.

Fo se hubiera descojonado de esta “Gürtel”nuestra que, no en vano, significa “correa” en alemán. O cadena. Por eso los políticos le odiaban. Políticos… ya que existen oradores tartamudos, humoristas tristes, peluqueros calvos… podría también haber políticos honestos. Fo les sacaba los colores a todos y les ponía frente al espejo de sus miserias.

Ateo, pero siempre con dudas sobre la vida, Fo decía que el socialismo real está dentro del hombre. Que no nació con Marx, sino que lo hizo en las comunas de Italia, en la Edad Media, y que no se puede decir que esté terminado. Qué gran lección y qué guía moral para un PSOE devastado por las dudas y abrasado por la necesidad de encontrar un relato casi imposible por culpa de una abstención casi injustificable. ¿Qué haría el bueno de Darío si pudiera haber sido asesor de los de Ferraz? Sus odas a la sonrisa son como un soplo de aire fresco en un día de otoño en el cual poco tenemos ya de lo que reírnos. Y la risa es sagrada. Cuando un niño ríe por primera vez es una fiesta. Una fiesta que nos conduce siempre a la libertad. Nuestra patria es el mundo entero. Nuestra ley es la libertad. Sólo tenemos un pensamiento: la revolución en nuestros corazones.

Que el espíritu loco de este bufón con campanillas de una época que aún no ha terminado, pero en la que hay muy pocos Dario Fo que azoten constantemente nuestras conciencias, nos guíe en un sueño que vaya más allá de nuestros miedos. Necesitamos volar… ojalá que Dylan nos siga acompañando durante muchos años con sus protestas llenas de vida.

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