Comunidad Valenciana: El poder popular en almoneda

Palomo Llorca
  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

«Echamos de menos en el Partido Popular valenciano personalidades políticas como las de Rita Barberá. E incluso, como la de Alberto Fabra… Si Mazón fue un desastre sin paliativos, el de la boina, que tiene cualidades para ser alcalde como demostró en su pueblo, la Generalitat le queda grande…». Así se expresa un veterano dirigente popular surgido de las calderas valencianas a la hora de enjuiciar la situación política de su tierra.

En efecto. No son pocos los observadores, unos de dentro, otros de fuera, que al día de hoy coinciden al considerar que mantener el poder del PP en el referido territorio levantino será tan difícil como que Toni Cantó pueda tener otro programa en A Punt, después de haber pasado a la historia de la televisión en España como el presentador que cosechó sucesivos ceros en el share, uno tras otro. ¡Qué cosas! El hombre que ponía a parir al Partido Popular cuando navegaba a duras penas en UPyD, luego en Ciudadanos y posteriormente subido al carro del PP, fue agraciado con programa propio y mucha pasta. Pero lo que no puede ser, no puede ser, y, además, es imposible. Resumiendo, tonto uno; lerdo el otro.

Se hace necesario recordar aquí y ahora que la Comunidad Valenciana es una tierra que ha sido absolutamente clave para el PP nacional. Si Aznar consiguió destronar a Felipe González en 1996, y su posterior mayoría absoluta en el 2000, fue gracias a ese territorio. Si Mariano Rajoy logró juntar en el 2011 una mayoría absoluta —que al final no sirvió para nada—, fue por las mismas tres provincias de esa comunidad autónoma. ¿Puede asegurar Pérez Llorca que ofrecerá a Feijóo parecidos servicios dentro de unos meses cuando se celebren elecciones generales? Difícil, por no decir imposible. El PP valenciano tiene muchas papeletas para perder el poder en las próximas elecciones regionales.

¿Gestiona mal? ¿Gobierna peor que el inefable Ximo Puig? Pudiera ser que no, excepto en la DANA, el asunto que perseguirá mientras la memoria siga viva a unos y otros. En lo que hay consenso generalizado dentro y fuera del partido es que la política de comunicación es un desastre sin paliativos. Lo fue con Mazón y continúa siendo con Pérez Llorca. El desastre tiene nombres y apellidos. Verbigracia. Anda cascadilleando por esos lares, es lo único relevante que ha hecho en toda su vida profesional, un tal Sergio Peláez (personaje pícnico mental y físicamente), el que mejor ha utilizado nunca el batafumeiro con incienso perfumado ante Barriocanal. Del personaje me habló en su día un buen purpurado afincado en dicha tierra. Un tipo que lleva toda su vida abrevando en la sopa boba eclesiástica. Este y sus amiguitos llegaron a creer que el poder del PP valenciano era suyo; en realidad, su talento se acaba en sus mocasines y en la brillantina. Acabaron con Mazón, que fue un desastre en las riadas y mucho más en la comunicación de la post riada. ¿Qué rol juega en esa orgía de incompetencias, Susana Camarero? Luego hay otro nombre que siempre sale en cualquier conversación, Vicente Ordaz (toda queda en COPE), que lo hizo tan fabulosamente bien en A Punt, que Pérez le ha puesto al frente de toda la comunicación del ejecutivo regional. No son los más vituperados, pero no los únicos.

¡Pan para hoy y hambre para mañana!

Algún día contaré en un libro sobre la evolución de la derecha acerca de una llamada recibida desde la presidencia de la Generalitat, cuando yo ya estaba sentado en el plató de Antena 3 TV e intentaban salvar in extremis al muchacho de por vida amarrado a un ventorro ¡Qué patético!

Vuelve a sonar el grito melancólico de los viejos populares valencianos: ¡Rita, vuelve, que nos arrepentimos! Una mujer del pueblo con auctoritas y potestas. Que no es lo mismo.

No aprenden.

PD. Por si fueran pocos los males e incompetencias, se ha subido ahora al carro la alcaldesa María José Catalá, imputada, junto a otros cargos populares, en un feo asunto de enchufismo que en legajos judiciales se conoce como malversación, etc. ¡Otra que iba para estadista!

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