Como el riesgo de descarrilamiento era medio, el tramo se renovó a medias
Ahora que ya se sabe que el Gobierno lleva más de una semana encadenando mentiras en relación con el trágico accidente ferroviario de Córdoba –ni hubo una remodelación integral, ni la última revisión del tramo siniestrado fue en noviembre, sino en septiembre–, la responsabilidad de lo ocurrido recae sobre el Gobierno, que lleva días practicando una estrategia de trilerismo político para intentar zafarse de un asunto que ha puesto de manifiesto, además de su negligencia en la gestión, su propensión a la mentira. OKDIARIO informa hoy que Adif había evaluado el peligro del tramo donde se produjo el mortal accidente y que su calificación era la de riesgo medio de «descarrilamiento». O sea, que el ministerio de Óscar Puente conocía sus deficiencias y, pese a ello, no hizo una renovación completa de la zona, porque eso que dijo el ministro de que los trabajos habían sido «integrales» se ha demostrado radicalmente falso. Si ese tramo tenía la consideración de riesgo medio de descarrilamiento, la pregunta es cómo estarán los puntos de la red de alta velocidad que, según Adif, tienen riesgo alto, porque es para echarse a temblar.
Ya sabemos que lo que hizo el ministerio fue una renovación parcial que no incluyó la totalidad de las vías del tramo en cuestión, sino que llevó a cabo una soldadura en la que mezcló las viejas con las nuevas. La pregunta es por qué, si el tramo tenía riesgo medio de descarrilamiento, no se procedió a una renovación profunda, en lugar de un parcheo vendido falsamente por Puente como exhaustivo y completo. Se conoce que, como el riesgo, según Adif, era medio, se llevó a cabo una remodelación media. La negligencia es evidente y el resultado ha tenido consecuencias mortales. Pero Óscar Puente sigue subido a lomos del trilerismo más escandaloso, tratando a la desesperada de negar la evidencia de su más que probada responsabilidad en la tragedia.