Cataluña está entre el esperpento y el vodevil

Cataluña está entre el esperpento y el vodevil

Menudos días o, quizás mejor, menudas horas, porque las “pantallas”, como se dice ahora, cambian vertiginosamente. Todavía no has comenzado a racionalizar lo que está sucediendo cuando ya ha dejado de suceder y el escenario ha variado. En menos de 12 horas hemos pasado de estar preparados para ver cómo los “Comités de defensa de la república” irían proclamando pueblo por pueblo ese nuevo régimen que tanta felicidad nos traería cuando nos anuncian que Puigdemont ha decidido disolver el Parlamento y va a comparecer para dar explicaciones, al aplazamiento de la comparecencia y su posterior suspensión para, mareando la perdiz hasta el infinito, convocar al maltratado y ninguneado Parlamento como si hubiéramos vuelto al ancien régime en el que los “Señores” se explayaban a sus anchas cuando así les venía en gana.

En medio de todo el barullo, alcaldes del PdeCat dimitiendo, del cargo y del partido, un conceller abandonando el Govern, gritos de “traición” por no seguir la hoja de ruta marcada por ANC y asimilados, audios que van circulando por whatssap asegurando que, tranquilos, que todo esto no es más que un paripé porque de lo que se trata es de hacer ver que se quieren hacer las elecciones para hacer quedar mal al Gobierno español ante los “Estados amigos de Europa” que están esperando ver lo represor que es el Estado Español para tener una justificación que permita reconocer a la república catalana surgida de la DUI…. Una fantástica cartelería, siempre a punto, apoyando la reivindicación que toque, en la línea de lo que está sucediendo en cada momento. Y todo ello para terminar con la declaración de independencia en el Parlament mediante voto secreto. Una manera de seguir con el jueguecito inventado por Artur Mas, que se podría comercializar con el nombre de “vamos a engañar al Estado”.

Un trilero de la enegenación

Antes de que la DUI se hiciera realidad, supimos de qué iba tanto bandazo presidencial. Se negociaba. O se aparentaba negociar, que vaya usted a saber con todo eso del jueguecito trilero. Porque de repente se sabe que la bolita no estaba en el tablero y que de lo que se trataba era de, una vez conseguido que ingenuos y bienintencionados procesistas se desesperasen creyendo que, con la aplicación del 155 no podrían hablar más en catalán o que perderían el trabajo por ser independentistas… una vez conseguido que cundiera el pánico empresarial y la carrera del sálvese quien pueda afectara ya, además de a las empresas, a profesionales y a funcionarios buscando desesperadamente cómo conseguir un traslado…. una vez lograda la mayor fractura social que se recuerda en décadas en Cataluña…. Una vez el país roto, logrado todo esto, de lo que se trataba, para no hacer la DUI y convocar elecciones, era de la concesión de impunidad a Puigdemont y su cohorte.

Y ahí estamos, como si lo más importante del mundo fuera la DUI, como si no se hubieran aprobado leyes manifiestamente anticonstitucionales sin ningún respeto al procedimiento parlamentario y a los derechos de nuestros representantes, como si no se hubieran creado pretendidas estructuras de estado sin tener habilitación competencial para ello, como si no se hubiera despreciado a la ciudadanía no secesionista, como si no se manipulara en la educación o la comunicación…. Cuando es precisamente todo esto, por la quiebra del principio de lealtad que debe fundamentar las relaciones multinivel en los estados fuertemente descentralizados como el nuestro,  lo que bien justifica el uso de la coerción federal, dirigida a la reposición del buen funcionamiento institucional, o lo que es lo mismo, a garantizar la vuelta a la democracia.

Lo único sensato a lo largo de las últimas horas ha sido lo acordado en la Comisión del Senado, consensuadamente entre los partidos del arco constitucional, para aplicar gradualmente el art. 155, revisando si fuera necesario las medidas y su intensidad. Y digo que quizá sea lo único sensato, porque lo que hemos visto hoy en la política orquestada por el secesionismo catalán es algo que ya no se sabe si calificar, benévolamente, de vodevil. Que ello esté sucediendo en 2017, justo cuando acabamos de conmemorar —los que hemos podido, porque algunos se han opuesto a ello en el Congreso de los Diputados— el 40 aniversario de los Pactos de la Moncloa, muestra el nivelazo de parte de los políticos que nos han tocado en suerte. Ciertamente, entre el esperpento y el vodevil.

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