Adiós a la vitrocerámica y la inducción: su sustituto es un 50% más rápido, más barato y seguro
Las placas por infrarrojos ocultas bajo piedra o cerámica son la nueva apuesta para las cocinas actuales
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Durante años, prácticamente todas las reformas de cocina pasaban por acabar instalando una placa de inducción. Se convirtió en una elección estándar, casi automática ya que se trata de una opción segura, que calienta rápido y además la industria siempre la ha presentado como el gran salto respecto a la vitrocerámica tradicional. Sin embargo, parece que algo está cambiando al respecto, con muchas familias apostando ahora por alternativas que sean más eficientes, rápida y con menos impacto en la factura energética, si bien encarecimiento del gas y la aparición de nuevas tecnologías han acelerado un giro que, hasta hace poco, parecía impensable.
Con esto en mente, este año 2026 ya se pueden encontrar opciones que son novedosas y que empiezan a hacerse hueco. Y no se trata de un prototipo o un experimiento, sino de sistemas que ya están llegando a las tiendas. Entre ellos destacan las placas por infrarrojos ocultas bajo piedra o cerámica y las placas híbridas, diseñadas para aprovechar mejor la energía sin perder precisión. En estos modelos, y a diferencia de los convencionales, el calor no se reparte por toda la superficie ni se queda atrapado en zonas que no intervienen en la receta. La energía se envía directamente al recipiente, lo que permite aprovechar mejor cada vatio consumido. En el uso diario, esta diferencia se nota mucho más de lo que podría parecer sobre el papel.
Adiós a la vitrocerámica y la inducción
El funcionamiento también influye en la experiencia de cocina. Con las placas que funcionan mediante infrarrojos no hay manchas calientes alrededor del fuego ni zonas de cristal que continúan ardiendo varios minutos después. El calor queda donde tiene que estar, lo que hace la cocina más cómoda y, sobre todo, más segura.
Una de las novedades más llamativas es que este tipo de placas no necesita ir montado sobre un cristal tradicional. Algunos modelos se instalan directamente bajo encimeras de piedra natural o cerámica, dejando la superficie completamente uniforme. A nivel estético, la diferencia es enorme: no hay cortes, no hay bordes y no existe la sensación de estar cocinando sobre un aparato independiente. Todo queda integrado en la propia encimera.
Pero la ventaja no es sólo visual. Al ser una superficie continua, se limpia con más facilidad. No hace falta esperar a que el cristal se enfríe ni esquivar zonas que retienen calor. La placa responde cuando detecta una olla y se apaga en cuanto desaparece, lo que reduce accidentes y despistes.
Hasta un 50 % más rápido en preparaciones reales
Uno de los argumentos más repetidos por quienes han probado esta tecnología es la velocidad. En determinadas recetas, la cocción se reduce hasta un 50 % respecto a una vitro o incluso frente a algunas placas de inducción. El motivo es simple: si no se pierde energía alrededor, todo el calor se dirige al fondo del recipiente.
Ese ahorro de tiempo tiene una segunda consecuencia que consiste en un menor consumo acumulado. Aunque estos sistemas funcionan con electricidad, lo cierto es que, al tardar menos, la energía total empleada se reduce. Para muchas familias, este detalle está empezando a pesar más que la potencia inicial del sistema. En hogares donde se cocina a diario, esa diferencia de minutos termina representando horas a final de mes. Y, a medio plazo, ese ahorro también se nota en la factura.
Más seguridad y menos calor en la cocina
La seguridad es otro de los motivos que explican el auge de esta tecnología mediante el uso de infrarrojos. La superficie donde se cocina se mantiene templada incluso cuando la olla está en pleno funcionamiento. Esto disminuye el riesgo de quemaduras accidentales y hace más agradable trabajar cerca de los fogones, especialmente en cocinas pequeñas donde el calor se acumula rápido.
Además, el sistema incorpora sensores que apagan automáticamente la zona de cocción si no detectan un recipiente encima. Con este mecanismo se evitan olvidos y se reduce la posibilidad de incidentes domésticos, algo que los modelos antiguos no resolvían del todo.
Eficiencia, consumo y cambio de hábitos
El interés por estas alternativas no surge sólo del deseo de modernizar la cocina. Las familias buscan lo mismo que buscan en otros electrodomésticos y que no es otra cosa, que reducir gastos, aprovechar mejor la energía y evitar sistemas que generan más calor del necesario. Además los expertos coinciden en que la tendencia es clara. Los consumidores están dejando de guiarse únicamente por la tradición de vitrocerámica o inducción y empiezan a valorar la velocidad, el control del calor y la seguridad. La inducción, que durante una década fue la elección obvia, ahora compite con opciones que responden mejor a las nuevas exigencias del día a día. Y por último, las placas híbridas también van ganando espacio. Ofrecen un punto intermedio para quienes no quieren abandonar del todo la tecnología conocida pero sí buscan una transición hacia sistemas más precisos.