No «empatiza» el terrorista con sus víctimas, sino la consejera socialista con el terrorista
La consejera de Justicia del Gobierno vasco, la socialista María Jesús San José, responsable de la política penitenciaria, ha concedido el tercer grado al sanguinario etarra Asier Arzalluz, miembro del comando Totto de ETA y condenado por, entre otros, el asesinato del periodista José Luis López de Lacalle. Le ha concedido el tercer grado por la «capacidad empática» del etarra hacia sus víctimas. Y todo porque el terrorista firmó una carta de fingido arrepentimiento –un modelo de misiva que se repite en todos los casos con frases idénticas– en las que se dicen cosas como «no eludo mi responsabilidad por el dolor generado a muchas personas y causando daños irreparables como la muerte de algunas personas: Máximo Casado, Irene Fernández, José Ángel de Jesús y José López de Lacalle. También he causado lesiones a otras personas», recoge el escrito.
Este perdón grimoso viene recogido en el el expediente de este miembro de ETA que acumula condenas por delitos de asesinato, intento de asesinato, atentados terroristas, detención ilegal y depósito de armas de guerra. Hace 14 meses la Audiencia Nacional le condenó a 30 años de cárcel, junto a Aitor Agirrebarrena, por el asesinato de José Luis de Lacalle, en enero de 2000. En la sentencia, los jueces destacaron que ni Arzalluz ni su compañero de comando habían mostrado durante dos décadas «ningún signo de arrepentimiento o de disculpa». Y, sin embargo, la razón por la que le abren las puertas de prisión es porque «empatiza» con sus víctimas.
El argumento es de los que hiela la sangre y hace perder la templanza de cualquiera, porque no nos engañemos: quien muestra una «capacidad empática» hacia el terrorista es la consejera socialista de Justicia, María Jesús San José. Dice el informe que los aspectos de la personalidad del terrorista «le han permitido valorar el impacto y el daño generado a sus víctimas. Tiene conciencia de los delitos cometidos, asumiéndolos sin caer en posturas justificativas, posicionándose sin ambigüedades como victimario, considerando que la empatía que expresa en su escrito es honesta». Tan honesta como la consejera socialista con Asier Arzalluz. Honestísima.