Opinión

Sólo puede quedar uno

Sólo puede quedar uno
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A finales de los años 80, Russell Mulcahy dirigía ‘Highlander’ -Los Inmortales- protagonizada por Christopher Lambert y Sean Connery. Película perfectamente olvidable si no fuera por su banda sonora, el disco ‘A kind of magic’ de Queen. Aunque muchos recordaréis también su subtítulo: “Sólo puede quedar uno”, en referencia a la eterna lucha a muerte entre sus protagonistas. Yo espero que los podemitas no sean inmortales, es más, confío en que sean algo tan pasajero como un mal constipado; y que la recuperación económica termine de una vez con la crisis que los aúpa hasta el segundo puesto en las encuestas del CIS. Pero mientras eso ocurre no nos queda más remedio que asistir, queramos o no, a la representación teatral que nos ofrecen. Ese circo romano en el que cada día luchan a muerte entre ellos, porque pan y circo es la base del populismo desde tiempos de Julio César.

Como todos recordaréis, la primera temporada de esta entretenida serie terminó con sus cinco gladiadores brazos en alto, en la arena del Circo Romano de Vistalegre: Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre, los chicos de la Complutense, integrantes del círculo «Claro que Podemos», recogían a mediados de octubre de 2014 los aplausos enfervorizados de un público entregado, que los había visto, tan sólo cinco meses antes, alzarse con cinco escaños en el Parlamento Europeo, y los había convertido ya en los reyes del hashtag y del trending topic. Y a partir de aquí los profesores universitarios empezaron a tocar poder, a manejar presupuestos, a designar cargos y a repartir prebendas. Y así comenzaron las luchas internas.

El primero en caer fue Monedero, tras pronunciar una ácida crítica a la estrategia política que se estaba siguiendo para las elecciones autonómicas y municipales, lo que le enfrentaba con Íñigo Errejón. Aunque la realidad es que su imagen había quedado chamuscada tras conocerse el cobro de 425.000 euros por unos presuntos trabajos pagados por los gobiernos bolivarianos, que había tratado de escamotear a Hacienda a través de una sociedad fantasma. Luís Alegre, por su parte, prefirió dar un paso atrás a finales de 2015, no incorporándose a las listas a las elecciones generales, y quedándose como secretario general  de un partido muy dividido, en Madrid. Pero hace unos días ha vuelto a primera línea de la batalla con un comunicado en el que acusa a Irene Montero -la mujer del César- y su círculo más cercano, de “conspiradores” que pretenden destruir Podemos.

Carolina Bescansa se mantuvo de perfil en todos los enfrentamientos, no se unió a ningún bando, y hace unos días dimitió de todos sus cargos en Podemos, anunciando además que no se integraría en ninguna de las listas que compiten por dirigir el partido, al que acusó de machista. Iñigo Errejón ha intentado que la batalla final no sea a muerte, anunciando conciliador, que su proyecto conlleva la presencia de Pablo Iglesias como secretario general. Pero este gesto de debilidad ya ha sido despreciado por Iglesias, porque el macho alfa se ve ganador y quiere sangre. Y así llegamos al último capítulo de esta segunda temporada, con ambos gladiadores, sudorosos, en la arena del circo, listos para la batalla, y el público, teléfono móvil en mano, dispuesto a participar, tuiteando como locos a favor de su favorito, porque saben que… ¡Sólo puede quedar uno!

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