El sitio de los inconformistas, el sitio de la Tercera España

Inda-Gara
Eduardo Inda, director de OKDIARIO.
Comentar

Parafraseando a Julio César en uno de los trances más delicados de su prodigiosa carrera militar, cuando tuvo que decidir si tiraba para tierra hostil o permanecía a este lado del Rubicón, ha llegado el momento de proclamar: “Alea jacta est”. La suerte está echada. Tras muchos meses de trabajo en silencio, sin alharacas, sin levantar la liebre, sin despertar falsas expectativas y con toneladas de humildad, el rumor de que íbamos a agrandar el perímetro de la libertad de expresión se ha convertido en noticia. Una vez más, el maestro García, Don José María, ha tenido razón porque ese rumor fue la antesala de una buena nueva que tiene delante de sus ojos y al albur de un click que dirá “ok” cada vez que usted lo considere oportuno.

OKDIARIO, cuyas dos primeras letras componen la palabra más escrita en el mundo, no nace contra nada ni contra nadie. Esta criatura que tiene entre sus manos huirá de las dos antagónicas Españas como de la peste y pretende convertirse en santo y seña posmoderno de esa Tercera España de los Ortega, Marañón, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala, Justino de Azcárate, Madariaga o el segundo Pedro Sainz Rodríguez (el bueno, el del exilio de Estoril). Esa Tercera España que está harta de guerracivilismos, de trincheras, de aquéllos que dan por buena la mayor de las barbaridades intelectuales o la más pantagruélica de las corruptelas porque “los míos son los buenos”. La Guerra Civil, uno de los más palmarios errores colectivos de la nación más antigua del mundo, fue como acertadamente apuntó un buen amigo de mi familia (Stanley G. Payne) “una contienda de malos contra malos”. Una querencia por el fratricidio que antológicamente había pintado siglo y pico antes el genio sordo de Fuendetodos en su excelso Duelo a garrotazos.

Precisamente por eso, porque defendemos que la España fratricida de hace 76 años no puede ni debe marcar la España de 76 años después, nace intelectualmente OKDIARIO. Para tratar de imponer por la vía del convencimiento y la seducción ética y moral esa eterna asignatura pendiente de la España liberal. Una España en la que caben todos y no sobra nadie. Una España en la que los que tan secular como equivocadamente hemos denominado “los míos” deben estar sometidos a mayor escrutinio si cabe que “los de enfrente”. Una España centrada y centrista. Una España en la que el libre mercado y la libre competencia se impongan al capitalismo de amiguetes y no digamos ya a los intentos podemeros de intervenir en la economía nacionalizándolo todo, subsidiando hasta la náusea y mintiendo hasta el infinito. Una España con menos Estado y más individuo. Porque lo que mueve a ritmos usainboltianos una sociedad es la suma de muchos pocos y no la desidia de esos pocos muchos que es un papá Estado que transita por la vida con la parsimonia, la lentitud y la falta de agilidad del más patoso de los luchadores de sumo.

Porque no hay ni debe haber alternativa a la España constitucional que nos regalamos hace 38 años menos 81 días tras arrumbar esas cuatro décadas de oscuridad con las que nos castigó la dictadura. Porque cuando las cosas funcionan, tocarlas es del género bobo. Los estadounidenses, que no son precisamente tontos ni les ha ido precisamente mal en poco más de dos siglos de vida en común, se aplican el cuento a machamartillo. Cosa bien distinta son unos retoques que habrán de ejecutarse pero no por exigencias de los que quieren destrozar este proyecto colectivo que ha garantizado las mayores dosis de paz, estabilidad y prosperidad en 500 años de convivencia, sino porque toque y sea fruto de la necesaria adecuación a los tiempos y resultado del mayor de los consensos. Ok, por tanto, a una España unida que no forja su legitimidad en la razón de la fuerza sino en la fuerza de esa razón que indica que histórica, social y antropológicamente sólo hay dos naciones Pirineos abajo: Portugal y nosotros.

Necesaria y consecuentemente, OKDIARIO distará muy mucho de ser un periódico conformista, un proyecto que comulgue con ruedas de molino o que se incruste en el status quo cual sumiso lactante de la ubre pública. Todo lo contrario: nuestro leit motiv lo puede decir más alto pero no más claro. Somos “el sitio de los inconformistas”. Sin ir más lejos, el de los que no se resignan a que corrupción y corruptos campen a sus anchas. Porque las mordidas no las pagan los empresarios sino los ciudadanos vía sobreprecios en obras y servicios públicos. Porque la mangancia se lleva un pedazo de PIB (algunos lo cifran en un 1%, alrededor de 12.500 millones anuales) y ese pedazo de PIB invertido en economía productiva son unos cuantos cientos de miles de puestos de trabajo en un país que ostenta el maldito honor de ser el segundo de la OCDE en volumen de parados. Porque ese aviso a navegantes que el politólogo florentino Giovanni Sartori lanzó en los estertores de la Italia Mani Pulite está más vivo que nunca: “O la democracia acaba con la corrupción o la corrupción acabará con la democracia”.

Estamos aquí para defender a los débiles de los poderosos. Para al más puro estilo anglosajón dudar sistemáticamente de la verdad oficial y de esos enriquecimientos injustificados que se han convertido en un repugnante hábito entre parte de la clase pública. Un elenco de políticos, demasiados pero ni mucho menos todos, que disfrutan de un tren de vida similar al de los empresarios a los que rumbosamente regalan contratos públicos con el dinero de todos.

Porque tampoco nos resignamos a las subidas de impuestos. El peculio está cien mil veces mejor en el bolsillo de Juan Español que en el de Montoro o quien quiera que porte esa cartera en la que en lugar de figurar serigrafiada en letras de oro la inscripción “ministro de Hacienda” debería prevalecer otra diametralmente opuesta: “Sacacuartos mayor del Reino”. Una afirmación que queda avalada por la vía de los hechos: el incremento de más de 40 gravámenes desde 2012 no se ha traducido en una recaudación sustancialmente mayor. Al punto que en algunos casos, como el IRPF, llegó a caer incluso.

Porque nuestro inconformismo vital nos lleva a no capitular ante la banda del pensamiento único. A los que sostienen que para gozar de ese agujero negro que muchas veces es la razón hay que ser inexorablemente de izquierdas. A los que consideran parias civiles a los que no apuestan por ese rancio izquierdismo que Felipe González supo pragmáticamente esquivar y que Zapatero optó por desarrollar en la peor gestión de gobierno que los más viejos del lugar recuerdan y entre cuyos legados figura la resurrección del resentimiento y el revanchismo que creíamos superados con un Pacto de la Transición que es objeto de estudio y admiración en los principales centros del saber universales. Porque el pensamiento único es guerracivilismo puro y duro. Porque el pensamiento único es trinchera. Porque el pensamiento único paraliza y subyuga las sociedades. Porque nosotros nunca vamos a olvidar que del debate de ideas surgen mejores ideas.

No nos resignamos tampoco a que España continúe siendo conocida en el mundo más por esos compatriotas de la diáspora que hubieron de irse muy lejos para poder explotar adecuadamente su talento o por los hijos de la generación espontánea. Decimos y diremos OK a la marca España en el mundo. No queremos que nos ocurra como a Argentina, una de las naciones con mayor potencial en todos los órdenes pero que desgraciadamente tiene un cartel inempeorable en el concierto planetario pese a que no pocos ADNs individuales triunfan en el campo de la medicina, la arquitectura, la empresa, la innovación o la industria. España ha de internacionalizarse modernizando nuestra estructura productiva pero también aprendiendo a vender mejor. En el Marca que yo dirigí adoptamos, al amparo de la Edad de Oro del Deporte, un lema que hizo furor: “Soy español, a qué quieres que te gane”. Los mejores no están tan lejos de nosotros como nos pensamos. No son pocos los ejemplos de made in Spain que despiertan la admiración ajena y la envidia sana allá por donde van. Pocos nos pueden dar lecciones en empresa (ahí están las grandes corporaciones españolas que cual cristobalcolones de traje y corbata han conquistado medio mundo y parte del otro), en medicina (Fuster, Massagué, Baselga o el cirujano real Cabanela), en arquitectura (Calatrava, Campo Baeza, Moneo, Mangado, Vidal, Zaera o Ferrater), en tecnología (Verdaguer, Manchón, Gómez, Jesús EncinarMaría Alegre et altri) o en el proceloso y siempre caprichoso mundo de la cultura (Barceló, Almodóvar, Bardem, Tamara Rojo, Lucas Vidal o el incombustible Plácido Domingo). De self made men no andamos lo que se dice escasos: el obvio Amancio Ortega, el misterioso Isak Andic, ese hijo de la emigración que es Paco García Sanz (Volkswagen) o un Marcos de Quinto que olvida los malos tragos pasados últimamente en Madrid desde la atalaya de la Vicepresidencia de Coca-Cola worldwide. De los deportes ni hablamos porque es todo tan perogrullesco que resulta ocioso recordarles por qué y gracias a quiénes somos la primera potencia mundial en el ámbito estrictamente profesional.

No nos rendiremos jamás ante aquellos que intentan engañar a la ciudadanía con ese populismo totalitario cuya cara A es aparentemente benéfica pero cuyo reverso en B no es sino un metódico a la par que maquiavélico plan para convertir España en una suerte de democracia vigilada modelo Ecuador o Bolivia, cuando no directamente en una dictadura chavista a la europea. Como sostienen muchos de los venezolanos expatriados a la fuerza acá, “éstos no quieren llegar al poder, quieren llegar pero para quedárselo”. Parece lo mismo pero no es lo mismo. Conviene escuchar de tanto en cuando a los miles de caraqueños, maracuchos, cristobalenses o valencianos que vinieron a morar por estos lares de un lustro a esta parte cuando la que algunos denominaban “dictablanda chavista” se quitó la careta mostrando el verdadero rostro del socialismo inhumano. Muchos de ellos tomaron el primer avión disponible a Madrid cuando se vieron en la triste disyuntiva de optar entre exilio o cárcel o expropiación. Un no sé cuántas veces tataranieto de Simón Bolívar no tuvo tanta suerte. No tengo que decirles ni contarles que se llama Leopoldo y se apellida López. Ahí sigue, junto a otros 77 presos políticos, entre rejas, aguantando el sadismo físico de sus carceleros y el sadismo dialéctico de los cínicos podemeros a esta orilla del Atlántico.

También exclamamos lo más alto que podemos “Ok” a la España integradora pero no a una España multicultural que degenere en un melting pot con guetos en los que la sharia se superponga a los derechos humanos —especialmente los de las mujeres—, a la justicia social, a la tolerancia, al pluralismo, a las leyes españolas en general o a la Carta Magna muy en particular. Como en tantas y tantas cosas, nuestro faro en esta gigantesca encrucijada social será el Premio Príncipe de Asturias Giovanni Sartori que hace ya tres lustros nos previno contra “ese tercermundismo falsario que une a la izquierda tradicional con una Iglesia llena de entusiasmo misionero”. “Debemos aceptar la integración siempre que ésta implique una reciprocidad y no derive en subculturas aisladas”, apostilló, “porque si no se comparten los valores culturales, surgen los conflictos”. Como ustedes comprenderán, no voy a ser yo quien apostille a uno de los más grandes politólogos contemporáneos. Inmigración, sí, toda la que podamos, pero no a cualquier precio. OKDIARIO se opondrá siempre a los apóstoles de la ciudadanía fácil. Entre otros motivos, porque este último es el más efectivo caldo de cultivo para que nuestro país caiga en esa peligrosísima sima que es el ultraderechismo fascistoide. Una trampa en la que han quedado atrapadas Francia con el Frente Nacional, Bélgica con el Vlaams Belang, Italia con la Liga Norte, Alemania con el NPD y Hungría con el diabólico Jobbik, pero no una España en la que esas opciones cuentan con un respaldo afortunadamente insignificante.

Y por último, una consideración que no por irrumpir al final del prólogo de esta aventura periodística es menos importante. Last but not least, que diría alguno de los muchos cursis que pueblan nuestra sociedad civil. La educación, queridos amigos, ésa es la cuestión. Porque la Educación es el futuro. Porque consecuentemente, a peor educación, peor mañana para un país que no está para demasiadas osadías ni para experimentos con champán. OKDIARIO luchará a brazo partido para arrumbar esa Logse y derivados que han conseguido que seamos los penúltimos de Occidente en comprensión lectora y el farolillo rojo cuando de darle a las matemáticas se trata. Guerra sin cuartel a los que nos impusieron una Educación que iguala por abajo y a esa enseñanza comprensiva que inexorablemente tiende a rebajar los niveles de exigencia. De los polvos de aquella reforma parida en 1990 por Javier Solana vienen los lodos de una juventud infinitamente menos cultivada que sus padres y no digamos ya que sus abuelos.

Bienvenidos, pues, a esta casa del inconformismo, la libertad, la pluralidad y el periodismo total. OKDIARIO echa a andar jubilando de una vez y para siempre esa nada santa manía patria que consiste en preguntarnos qué puede hacer nuestro país por nosotros en lugar de cuestionarnos diariamente qué podemos hacer nosotros por nuestro país. Ése es, en resumidas cuentas, el gran salto adelante al que contribuirá este proyecto de España. Va por ustedes.

Temas

Últimas noticias