OCIO Y CULTURA DIGITAL

Machu Picchu se puede recorrer en Madrid sin avión ni mochila

exposicion machu picchu
Exposición Machu Picchu: Viaje a la Ciudad Perdida, Fever Hub Madrid
Sandra Quintana C

Madrid vuelve a ejercer de ciudad-puerta al mundo. Esta vez no a través de una exposición tradicional ni de un ciclo de conferencias, sino mediante una experiencia que apela directamente a los sentidos. En el barrio de Tetuán, dentro del espacio Fever Hub Madrid, es posible viajar al corazón del antiguo Imperio Inca sin salir de la ciudad gracias a Machu Picchu: Viaje a la Ciudad Perdida, una propuesta de realidad virtual que transforma una de las maravillas arqueológicas del planeta en un territorio explorable.

La experiencia propone un recorrido inmersivo de unos 40 minutos que sitúa al visitante 450 años atrás, cuando la ciudadela andina aún estaba habitada y cumplía una función clave dentro del entramado político, religioso y social del mundo inca. No se trata de una visita rápida ni de un espectáculo visual sin contexto. El proyecto apuesta por combinar tecnología, divulgación histórica y una narrativa cuidada que invita a mirar con atención.

Un viaje al Valle Sagrado desde el centro de la ciudad

Desde el primer momento, la experiencia plantea una ruptura con la idea clásica de museo o exposición. Equipados con gafas de realidad virtual, los visitantes cruzan un umbral digital que los sitúa en el Valle Sagrado de los Incas. El entorno aparece reconstruido con un nivel de detalle poco habitual en este tipo de propuestas, lo que permite recorrer Machu Picchu con una sensación de presencia sorprendente.

No hay un itinerario cerrado ni una voz que marque el ritmo. Cada persona decide dónde detenerse, qué observar y cuánto tiempo dedicar a cada espacio. Templos ceremoniales, plazas, terrazas agrícolas y senderos de montaña se suceden de forma orgánica, permitiendo entender la ciudad no como un decorado, sino como un conjunto vivo, integrado en un paisaje imponente.

Cinco años de trabajo detrás de cada piedra

El grado de precisión que alcanza la experiencia no es casual. Detrás de Machu Picchu: Viaje a la Ciudad Perdida hay cinco años de desarrollo y un trabajo exhaustivo de documentación. El equipo responsable del proyecto contó con la colaboración de historiadores especializados en la cultura inca y con un acceso excepcional al yacimiento durante su cierre al público en la pandemia.

Ese periodo permitió capturar el enclave sin interferencias. Para ello se emplearon drones, escáneres LiDAR y técnicas avanzadas de fotogrametría que registraron cada muro, cada desnivel del terreno y cada elemento arquitectónico. El objetivo no era crear una versión espectacularizada del lugar, sino construir una réplica digital fiel, capaz de sostener un discurso histórico riguroso.

La tecnología como aliada del relato

Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta es la forma en que la tecnología se integra en el relato. La realidad virtual no se utiliza como un mero reclamo visual, sino como una herramienta para comprender el espacio. A lo largo del recorrido, la información aparece de manera dosificada y contextual, ayudando a interpretar la función de los distintos edificios y su relación con la cosmovisión inca.

Durante el viaje, el visitante está acompañado por TERI, un pequeño robot virtual que ejerce de guía. Su presencia sirve para orientar, señalar puntos clave y aportar explicaciones sin romper la sensación de exploración. El resultado es una experiencia fluida, accesible y fácil de seguir incluso para quienes no tienen conocimientos previos sobre la historia de Machu Picchu.

Una forma distinta de acercarse al patrimonio

La experiencia plantea también una reflexión sobre el acceso al patrimonio histórico en un momento marcado por la masificación turística. Machu Picchu es uno de los destinos más visitados del mundo, pero también uno de los más frágiles. Las restricciones de aforo, los recorridos cerrados y las limitaciones físicas forman parte hoy de la visita real.

La versión virtual elimina muchas de esas barreras. No hay altitud, no hay caminatas exigentes ni presión por avanzar. El visitante puede detenerse, observar y recorrer el espacio con calma, algo especialmente atractivo para quienes buscan una aproximación más pausada y reflexiva a la historia y la arqueología.

Una experiencia pensada para públicos diversos

Machu Picchu: Viaje a la Ciudad Perdida está diseñada para un público amplio. Familias, aficionados a la historia, amantes de la arqueología o personas simplemente curiosas encuentran aquí una forma diferente de acercarse a una de las grandes civilizaciones de la antigüedad. La edad recomendada es a partir de los 10 años y el espacio cuenta con accesibilidad para personas con movilidad reducida.

La experiencia se ofrece en español e inglés, lo que amplía su alcance tanto a visitantes locales como a turistas. Además, el formato multiusuario permite compartir el recorrido con otros participantes, reforzando la sensación de estar viviendo una expedición colectiva.

Realidad virtual con vocación cultural

Más allá del entretenimiento, la propuesta demuestra el potencial de la realidad virtual como herramienta de difusión cultural. Sin pretender sustituir la visita real, la experiencia funciona como una alternativa complementaria que acerca el patrimonio a personas que, por motivos económicos, físicos o geográficos, no pueden desplazarse hasta los Andes.

El resultado es una forma distinta de viajar: sin avión, sin colas y sin prisas, pero con la sensación de haber recorrido un lugar cargado de historia.

Información práctica

Machu Picchu: Viaje a la Ciudad Perdida puede disfrutarse de martes a domingo en Fever Hub Madrid, situado en la calle de Raimundo Fernández Villaverde, 57, en la zona de Tetuán–Nuevos Ministerios. Las entradas tienen un precio a partir de 24 euros y es necesario reservar con antelación. La duración aproximada es de 40 a 45 minutos, con recomendación de llegar antes del inicio de la sesión.

En una ciudad acostumbrada a reinventarse, esta experiencia confirma que viajar lejos ya no siempre implica salir de Madrid. A veces basta con colocarse unas gafas y mirar con atención.

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