Revolución a la vuelta de la esquina: cada vez más ciudades españolas eliminan cemento para proteger sus playas
Ante temporales que arrasan con todo a su paso, diversos municipios españoles han decidido que la mejor defensa no es llenar todo de cemento, sino el regreso de las playas a su estado natural. Luego de décadas de una urbanización descontrolada, España ha notado que calles de hormigón ya no bastan para frenar la fuerza del mar.
La «deconstrucción» busca proteger las playas al eliminar infraestructuras que han quedado obsoletas. La idea fundamental parte de que, si se le devuelve al mar el espacio robado a los arenales, se recuperará su capacidad de absorción.
España le dice «adiós» al cemento para proteger sus playas
Según el medio Noticias Ambientales, la renaturalización del entorno consiste en retirar paseos marítimos, aparcamientos y rellenos artificiales para que las playas recuperen su función como barrera del mar. Al liberar el sistema de dunas, la arena se redistribuye de forma estable y el oleaje disipa su energía de manera mucho más eficiente.
Esta transformación ya puede verse en localidades de Tarragona, Pontevedra, Castellón, Girona y Alicante. En el caso concreto de Pontevedra, la eliminación de rellenos ha permitido que los sistemas dunares se regeneren, lo que ha fortalecido la costa ante las últimas marejadas.
Sitios y playas españolas que lideran el adiós al cemento
El mapa satelital de Impactos urbanísticos y climáticos en la costa, elaborado por Greenpeace España, permite visualizar más de 500 puntos en peligro que requieren una intervención urgente.
En la costa de Tarragona, la retirada parcial de estructuras pesadas ha facilitado que el perfil de la playa se recupere de forma orgánica. Mientras tanto, en el norte, la presión turística en lugares como Llanes o Gijón complica la gestión, aunque la vulnerabilidad de los estuarios del Nalón y el Sella obliga a replantear el avance del cemento.
La situación en las Islas Baleares resulta especialmente crítica, con previsiones de retrocesos de hasta 30 metros en decenas de sus arenales para el año 2050.
Por otro lado, la Comunidad Valenciana enfrenta un riesgo de inundación masivo debido a su alto grado de urbanización. El mapa de Greenpeace destaca puntos como Guardamar del Segura, donde la regresión ya alcanza los 165 metros.
Cuidar las playas para hacer frente a la crisis climática
El calentamiento del agua en la península y las islas es un hecho. De acuerdo con el informe de Greenpeace Destrucción a toda costa 2025, el mar que nos rodea se calienta un 67 % más rápido que la media mundial. Esta situación provoca que los fenómenos meteorológicos sean más violentos, por lo tanto, las estructuras de hormigón viejas son fácilmente destruidas.
Para Greenpeace, al recuperar las zonas intermareales gracias a la deconstrucción, especies de flora y fauna vuelven a recuperar espacios que les pertenecían y el urbanismo les había arrebatado.
Según los cálculos ecologistas presentados por Greenpeace España, el beneficio económico de proteger las playas vivas resulta 150 veces superior al gasto que conlleva su degradación bajo el cemento.
Asimismo, en el informe Gestión sostenible de zonas costeras de la Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso de los Diputados (Oficina C) se menciona que «el objetivo es lograr la resiliencia del conjunto del sistema, al integrar en la planificación del litoral los elementos urbanísticos ya presentes en los diseños, acciones y estructuras previstas».
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