Los biólogos ponen el grito en el cielo: estudian durante un año 300 km del río Tajo y detectan bacterias resistentes a los antibióticos e indicadores de contaminación fecal
El río Tajo es la arteria fluvial más extensa de la península ibérica, con más de 1.000 kilómetros de recorrido hasta su desembocadura en Portugal. Su tramo medio discurre por Castilla-La Mancha, donde zonas de alto valor ecológico conviven con décadas de actividad urbana, agraria e industrial que dejan huella visible en la calidad del agua.
La Cátedra del Tajo de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM-Soliss) puso en marcha un seguimiento sistemático de 300 kilómetros de ese tramo. Seis científicas del Campus de Toledo recorrieron diecinueve puntos de muestreo durante cuatro estaciones consecutivas para analizar el estado microbiológico del cauce. Sorprendentemente, esto fue lo que hallaron.
Bacterias resistentes a los antibióticos en los 300 kilómetros del tramo medio del río Tajo
Primero, hay que poner el foco en el hallazgo más llamativo, porque es también el más uniforme: en la totalidad de los 19 puntos analizados aparecieron microorganismos resistentes a antibióticos de uso habitual.
El estudio detectó resistencia a la ampicilina y al sulfametoxazol, dos principios activos empleados con frecuencia tanto en medicina humana como veterinaria. Tales resultados se han publicado en la revista científica Environmental Research y suponen, según los propios investigadores, la primera evaluación completa de estas características en este tramo del río.
No hubo ningún punto del recorrido, en ninguna de las cuatro campañas de muestreo, donde la presencia de estas bacterias fuese nula.
El equipo confirmó también niveles elevados de bacterias totales y de coliformes, microorganismos que actúan como indicadores clásicos de contaminación fecal. Su presencia en el agua señala que ha habido contacto con residuos de origen animal o humano en algún punto de la cuenca.
La investigación fue coordinada por Cristina de los Reyes-Ramos, Susana Seseña, María Rodríguez, Beatriz Larraz, Rosa Carmen Rodríguez Martín-Doimeadios y M. Llanos Palop.
Para preocuparse: los genes de resistencia que pueden propagarse entre bacterias
Lo que sitúa los resultados en un plano de mayor preocupación es la detección de genes de resistencia antimicrobiana (ARG).
A diferencia de la resistencia propia de un microorganismo concreto, estos genes pueden transferirse de una bacteria a otra por un mecanismo conocido como transferencia horizontal, sin necesidad de reproducción. La resistencia no queda circunscrita a los microorganismos que ya la portan: puede extenderse a otros presentes en el río, ampliando el alcance del problema.
Los antibióticos llegan al cauce del río Tajo a través de vertidos urbanos insuficientemente tratados, escorrentías agrícolas cargadas de productos veterinarios y residuos ganaderos. Una vez en el agua, la presión selectiva favorece la supervivencia de las bacterias capaces de neutralizarlos.
Es así como los ecosistemas fluviales se convierten en reservorios ambientales de resistencias, lejos de los centros hospitalarios donde suele concentrarse el debate sobre este problema.
La primavera, el pico estacional de los genes resistentes en el río Tajo
El análisis trimestral reveló una variación estacional clara. En invierno, el aumento del caudal diluyó la carga bacteriana y redujo los valores detectados.
La primavera, en cambio, concentró los registros más altos de genes de resistencia antimicrobiana, probablemente por la combinación de mayor actividad agrícola, temperaturas más cálidas y caudales menores que en los meses fríos.
Esta oscilación tiene implicaciones directas para la gestión del recurso hídrico. Los sistemas de vigilancia que solo muestrean el río Tajo en una época del año pueden subestimar la magnitud real del problema.
Por su parte, el estudio plantea incorporar la resistencia antimicrobiana como un indicador rutinario del estado ecológico de los ríos, al mismo nivel que los parámetros fisicoquímicos ya empleados por las autoridades.
La presión humana, única responsable de la extensión del problema en el Tajo
Los 300 kilómetros analizados concentran núcleos urbanos con sistemas de depuración de capacidad limitada, explotaciones agrícolas que emplean productos veterinarios y focos industriales dispersos a lo largo del recorrido.
Ese conjunto de vectores vierte de forma continua sobre el cauce, sin que los mecanismos naturales de autodepuración sean suficientes para neutralizarlo.
El hecho de que incluso zonas incluidas en la Red Natura 2000 registren bacterias resistentes y coliformes evidencia que la designación de un espacio como protegido no aísla su agua de los impactos que llegan desde aguas arriba.
A modo de conclusión, cabe remarcar que el trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y fondos europeos FEDER, y sus autoras lo presentan como punto de partida para un seguimiento continuo del río.