No hay que dramatizar aún porque no es peligrosa, pero esta plaga de insectos rojos ha llegado para quedarse y ya toma todo el Levante español
La inadvertida presencia de unos particulares insectos rojos en múltiples localidades del este del país ha despertado la curiosidad y, sobre todo, el temor de muchos ciudadanos. Estos pequeños animales de tonos escarlata y negro se reproducen con gran rapidez, dando lugar a plagas, cuando las condiciones climáticas resultan propicias y las lluvias dejan paso al sol de la primavera.
¡Pero no os preocupéis! A pesar del susto inicial, los biólogos y especialistas en control de plagas insisten en que no hay motivo de pánico. Esta explosión demográfica es un proceso natural y transitorio que no supone ningún riesgo real para las personas ni para las mascotas de los hogares afectados.
¿Cuál es la inofensiva plaga de insectos rojos que coloniza el Levante?
El responsable de esta estampa tan llamativa que copa las calles de municipios en Alicante y Valencia es el ‘Pyrrhocoris apterus’. Comúnmente conocido como zapatero o chinche de las malvas, se trata de una de las especies más frecuentes de toda la península ibérica.
A pesar de que el término plaga suele llevar asociadas connotaciones negativas, estos insectos rojos resultan completamente inofensivos para el ser humano. No pican, no muerden, no transmiten ningún tipo de enfermedad contagiosa y carecen de veneno perjudicial para la salud.
Su dieta se basa de forma exclusiva en la absorción de jugos vegetales y en la ingesta de semillas, especialmente de las malvas. También pueden aprovechar restos de pequeños animales muertos, pero en ningún caso suponen un peligro para la agricultura ni causan daños en los edificios.
Por sus características físicas, resultan inconfundibles. Presentan un cuerpo aplanado de forma ovalada, con un patrón geométrico de color escarlata intenso y manchas oscuras que actúa como mecanismo de defensa. Este diseño sirve para advertir a los depredadores de su mal sabor.
El motivo biológico por el que aparecen tantos ejemplares de zapateros juntos
El zapatero es un animal con un comportamiento marcadamente gregario. Esto significa que tiene una fuerte tendencia natural a agruparse en colonias gigantes que pueden alcanzar con facilidad cifras de cientos o miles de individuos en un espacio bastante reducido.
El aumento de las temperaturas registrado durante mayo y junio, sumado a los altos niveles de humedad tras las lluvias en los mismos meses, ha creado el escenario idóneo para su reproducción. Buscan siempre lugares muy soleados para calentar sus cuerpos, ya que son animales de sangre fría.
Entre sus comportamientos más llamativos destaca el modo en el que llevan a cabo la cópula. Los machos y las hembras se unen por el extremo de sus abdómenes y pueden permanecer enganchados en esa posición durante tres o cuatro días seguidos.
Esta fase reproductiva genera imágenes singulares en parques y jardines, donde las agrupaciones cubren superficies de troncos o muros de piedra. La concentración facilita que encuentren pareja rápidamente y asegura la supervivencia de la siguiente generación.
Cómo gestionar la presencia de estos insectos rojos en casa
Muchos vecinos de distintas provincias del este peninsular han reportado la invasión de sus terrazas y patios interiores. Ante las quejas ciudadanas, los técnicos municipales de sanidad ambiental insisten en que el uso de insecticidas químicos no está justificado bajo ningún concepto.
Existen métodos mucho más amables y respetuosos con el medioambiente para alejarlos si resultan excesivamente molestos. Mantener limpios los patios de hojas secas, maleza o restos de plantas ayuda a que no encuentren lugares atractivos donde esconderse o alimentarse.
En caso de que una colonia se instale en una zona de paso frecuente, se pueden aplicar algunas medidas sencillas, detalladas a continuación:
- Barrer los ejemplares suavemente hacia jardineras o descampados cercanos.
- Rociar agua mezclada con un poco de jabón natural sobre las superficies afectadas.
- Plantar especies con propiedades repelentes en las macetas del balcón.
El zapatero no anida en el interior de las viviendas y, si alguno entra por accidente, basta con recogerlo y devolverlo al exterior. No destrozan la ropa ni los muebles, a diferencia de otras chinches que sí requieren tratamientos de fumigación especializados.
El impacto positivo de la chinche de las malvas en las ciudades
Aunque el volumen de ejemplares en las calles pueda resultar abrumador para los viandantes, el zapatero cumple una función muy, pero muy específica. Su actividad contribuye a la degradación y limpieza de la materia vegetal muerta, reciclando nutrientes en el suelo de los parques.
Las autoridades medioambientales recalcan que aplicar tratamientos fitosanitarios de forma indiscriminada acaba afectando a otras especies. Los productos químicos matan a polinizadores fundamentales, como las abejas, provocando un daño ecológico muy superior a la pequeña molestia visual que generan las chinches.
En algunas localidades aragonesas se han llegado a contabilizar densidades asombrosas que superan los 150 individuos por metro cuadrado. Estas cifras confirman la magnitud de un evento biológico natural que responde a la sincronización de factores meteorológicos.
Para concluir, los censos entomológicos y las previsiones de los técnicos municipales estiman que el pico máximo de actividad de estas colonias urbanas remitirá de manera brusca durante la primera quincena de julio, cuando el calor extremo las obligue a buscar refugios bajo tierra hasta la próxima primavera.