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Bruselas destinará 200.000 millones a reactores de energía nuclear mientras España sigue desmantelando sus centrales

La Comisión Europea ha convertido esta tecnología en uno de los pilares de su estrategia para reforzar la autonomía energética

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Central nuclear de Almaraz. (Foto: Europa Press).
Jose de la Morena
  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

La Comisión Europea ha reforzado en los últimos días su apuesta por la energía nuclear con nuevas inversiones, ayudas y cambios regulatorios para garantizar la competitividad, la seguridad energética y la independencia del gas y el petróleo. Todo ello mientras España mantiene su calendario para cerrar su parque nuclear.

La política energética de la Unión Europea avanza cada vez con mayor claridad hacia un fortalecimiento de la energía nuclear. Después de la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania y la volatilidad de los mercados del gas, la Comisión Europea ha convertido esta tecnología en uno de los pilares de su estrategia para reforzar la autonomía energética, sostener la competitividad industrial y garantizar un suministro eléctrico estable. Un rumbo que contrasta con la hoja de ruta española, que mantiene el calendario para clausurar progresivamente todas las centrales nucleares.

En apenas cuatro años, Bruselas ha pasado de considerar la energía nuclear una tecnología complementaria a situarla entre las herramientas estratégicas para alcanzar los objetivos climáticos y reducir la dependencia europea de los combustibles fósiles importados. La Comisión no sólo ha abierto la puerta a financiar nuevos proyectos nucleares, sino que también impulsa la prolongación de la vida útil de los reactores existentes y el desarrollo de nuevas tecnologías como los pequeños reactores modulares (SMR).

Inversión en tecnología estratégica

El primer gran giro llegó en 2022 con la inclusión de determinadas actividades nucleares dentro de la Taxonomía Europea, el sistema que clasifica qué inversiones pueden considerarse sostenibles. Con esta decisión, la Comisión reconoció oficialmente que la energía nuclear constituye una fuente de generación baja en emisiones de carbono y compatible con los objetivos climáticos de la Unión Europea.

La medida permitió que las extensiones de vida útil de reactores autorizadas antes de 2040 y las nuevas centrales aprobadas antes de 2045 pudieran acceder al marco europeo de financiación sostenible, un respaldo que facilitó la llegada de inversión privada a proyectos nucleares.

Dos años después, Bruselas dio un paso más con la aprobación del Net-Zero Industry Act, que incorporó la energía nuclear al grupo de tecnologías estratégicas para alcanzar la neutralidad climática. La norma incluye desde los reactores convencionales hasta los pequeños reactores modulares, el ciclo del combustible nuclear y la investigación en fusión, con el objetivo de reforzar toda la cadena industrial europea y reducir la dependencia tecnológica del exterior.

El respaldo definitivo llegó este mismo año con la publicación del nuevo Programa Ilustrativo Nuclear (PINC). En él, la Comisión defiende que la energía nuclear complementa a las renovables y resulta imprescindible para mantener la competitividad de la industria europea, garantizar la seguridad de suministro y cumplir los objetivos de descarbonización.

Las cifras reflejan la magnitud de esa apuesta. Bruselas calcula que Europa necesitará movilizar 241.000 millones de euros hasta 2050, de los cuales 205.000 millones se destinarán a nuevos reactores y 36.000 millones a prolongar la vida útil de las centrales ya existentes.

La Comisión advierte además de que esas ampliaciones serán determinantes para evitar una pérdida de capacidad de generación en Europa. Sin ellas, la potencia nuclear instalada caería muy por debajo de los niveles considerados necesarios para garantizar el equilibrio del sistema eléctrico europeo.

Reactores, hidrógeno y centros de datos

Otro de los grandes ejes de la estrategia comunitaria pasa por acelerar el desarrollo de los pequeños reactores modulares (SMR). Bruselas considera esta tecnología uno de los proyectos industriales con mayor potencial para la próxima década y estima que las primeras unidades podrían entrar en funcionamiento a comienzos de los años 30.

La previsión comunitaria sitúa su capacidad entre 17 y 53 gigavatios en 2050, con aplicaciones que van mucho más allá de la generación eléctrica. Estos reactores podrán suministrar calor a procesos industriales, facilitar la producción de hidrógeno limpio y abastecer infraestructuras con una demanda creciente de electricidad, como los centros de datos impulsados por la inteligencia artificial.

Para acelerar su despliegue, la Comisión prevé movilizar 200 millones de euros a través del programa InvestEU y promover mecanismos europeos de financiación conjunta para las primeras instalaciones comerciales.

La apuesta se ha reforzado todavía más durante 2026. En el plan AccelerateEU, presentado en abril, Bruselas defendió expresamente evitar el cierre prematuro de centrales nucleares que puedan seguir generando electricidad fiable, asequible y libre de emisiones, citando el caso de Bélgica como ejemplo tras la crisis energética.

Ese mismo mensaje volvió a aparecer en el Plan de Acción para la Electrificación, presentado en julio, donde la Comisión recomienda favorecer la prolongación de la vida útil de los reactores existentes siempre que cumplan los máximos estándares de seguridad y resulten económicamente viables.

Además, la Comisión Europea está incorporando la electricidad de origen nuclear en distintos instrumentos para impulsar la descarbonización de la industria, ha abierto nuevas vías de financiación para proyectos nucleares y estudia mecanismos que reconozcan conjuntamente la electricidad renovable y la nuclear en sectores estratégicos como la producción de hidrógeno o los centros de datos.

La sucesión de todas estas iniciativas evidencia un cambio de fondo en la política energética europea. Mientras Bruselas considera la energía nuclear una pieza esencial para reducir la dependencia del gas y el petróleo, reforzar la competitividad industrial y garantizar la seguridad de suministro, España mantiene el calendario de cierre de sus centrales, alejándose de una estrategia que cada vez gana más peso dentro de la Unión Europea.

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