Trucos

Ni aire acondicionado ni ventiladores: una arquitecta explica el truco de los árabes para refrescar las casas en medio del desierto

Truco, refrescar, casa, curiosidades
Recreación artística de un patio árabe. Foto: elaboración propia con IA
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Cada verano, las olas de calor llevan a muchas familias a buscar formas de mantener la casa fresca sin depender continuamente del aire acondicionado. Además del elevado consumo eléctrico, estos aparatos no siempre son la única respuesta frente a las altas temperaturas.

De hecho, existen técnicas utilizadas desde hace siglos en regiones desérticas que siguen siendo igual de eficaces porque aprovechan principios físicos muy sencillos.

La arquitectura tradicional árabe desarrolló soluciones capaces de hacer habitables viviendas situadas en algunos de los lugares más calurosos del planeta.

Estas construcciones estaban diseñadas para reducir el calor interior mediante la orientación de la vivienda, la circulación del aire y el efecto refrescante del agua y la vegetación.

La arquitectura tradicional del desierto inspira soluciones para mantener la vivienda fresca sin recurrir a sistemas eléctricos

Según explica la arquitecta Mavi Vera en un reels de su cuenta de Instagram (@mavi.arch), uno de los elementos más característicos de este modelo arquitectónico es que las casas apenas se abren al exterior.

A diferencia de muchas viviendas actuales, que buscan grandes ventanales para ganar luz natural, las construcciones tradicionales del norte de África y Oriente Medio priorizan fachadas prácticamente cerradas.

El objetivo era impedir la entrada directa del sol, del aire extremadamente caliente y de la arena, favoreciendo un ambiente interior mucho más estable.

Toda la vivienda gira alrededor de un patio interior, auténtico protagonista del sistema de refrigeración natural. En este espacio central suele situarse una fuente o una pequeña lámina de agua rodeada de árboles, plantas o arbustos.

La evaporación del agua absorbe parte del calor ambiental, mientras que la vegetación contribuye a refrescar el aire mediante la transpiración. El resultado es que se genera un microclima que ayuda a disminuir la temperatura de las habitaciones conectadas al patio.

Este principio continúa siendo uno de los pilares de la arquitectura bioclimática. No se trata de enfriar el aire mediante aparatos eléctricos, sino de aprovechar la ventilación cruzada, la sombra y la evaporación para mejorar el confort térmico de forma pasiva y reducir el consumo energético.

El método árabe para refrescar la casa con una tela húmeda

La técnica consiste en colocar una sábana o una cortina de algodón ligeramente humedecida frente a una ventana abierta para que el aire atraviese el tejido antes de entrar en la estancia.

Este sistema funciona gracias al enfriamiento por evaporación. A medida que el agua contenida en la tela se evapora, absorbe parte del calor del aire que circula a través de ella, reduciendo la sensación térmica en el interior de la habitación. El algodón suele ofrecer mejores resultados porque combina una elevada capacidad de absorción con una buena transpirabilidad.

Para que sea realmente eficaz conviene tener en cuenta estos aspectos:

  • La tela debe estar húmeda, nunca completamente empapada.
  • Es necesario que exista una ligera corriente de aire.
  • Funciona mejor en ambientes secos que en zonas con mucha humedad.
  • Los mejores momentos para utilizarlo son el amanecer y el atardecer.

Patios, fuentes y muros gruesos: las claves de la refrigeración natural

Estas soluciones no pertenecen únicamente al pasado. Como recoge la revista Elle Decor, España conserva ejemplos emblemáticos de esta forma de construir, especialmente en edificios históricos como el Patio de los Naranjos de Córdoba o la Alhambra de Granada, donde la combinación de patios, agua, sombra y vegetación sigue generando espacios sorprendentemente frescos incluso durante los días más calurosos.

Los gruesos muros de piedra o ladrillo actúan como un gran aislante térmico gracias a su elevada inercia térmica. Durante el día absorben lentamente el calor del exterior y retrasan su entrada al interior del edificio, mientras que por la noche liberan esa energía cuando la temperatura ambiente ya ha descendido.

A ello se suma la presencia constante de fuentes y canales de agua, que favorecen el enfriamiento del aire antes de que circule por galerías y patios.

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias