Estrecho de Ormuz

Miles de barcos inactivos atrapados cerca del Estrecho de Ormuz podrían convertirse en criaderos flotantes de especies marinas invasoras y propagarlas por todo el mundo cuando se reanude el comercio

Barcos en el estrecho de Ormuz
Estrecho de Ormuz (AI).
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
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Desde el estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán el 28 de febrero de 2026, la guerra se ha extendido durante más cinco meses. Durante todo este tiempo, el Estrecho de Ormuz, la principal vía de salida al mar para exportadores de petróleo como Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, permanece bloqueado. Considerado el cuello de botella marítimo más importante del mundo para el comercio energético, las estimaciones apuntan a que unos 1.500 buques continúan retenidos en el golfo Pérsico, mientras que varios cientos más esperan en el cercano golfo de Omán.

Ahora, una nueva investigación ha puesto de manifiesto que que miles de buques comerciales varados durante meses en el Golfo Pérsico tras el cierre del Estrecho de Ormuz podrían desencadenar un fenómeno masivo de especies marinas invasoras. El estudio, titulado «El cierre del Estrecho de Ormuz podría desencadenar un evento de superpropagación de bioinvasiones» y publicado en Biological Invasions, fue liderado por un equipo internacional de 24 científicos marinos, encabezado por el Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland (UMCES) y la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI).

Propagación de especies marinas invasoras por el cierre del Estrecho de Ormuz

Según los investigadores, durante los períodos prolongados de fondeo, los cascos de los barcos acumulan densas comunidades de organismos marinos, como algas, percebes, mejillones y otros invertebrados, que pueden transportarse por todo el mundo una vez se reanude el comercio. En la industria marítima, este fenómeno recibe el nombre de «bioincrustación», que consiste en la acumulación de organismos marinos en superficies sumergidas como cascos y hélices de embarcaciones.

El proceso comienza con la formación de una fina película de microorganismos y limo sobre el casco de los barcos. Con el paso de las semanas, esa capa inicial da paso a algas, percebes, pequeños crustáceos y otros organismos marinos con concha que se adhieren a la superficie. Los investigadores consideran que la inmovilización de más de 1.500 embarcaciones crea las condiciones ideales para un posible episodio de «superpropagación» de especies invasoras a escala mundial.

En el estudio también participó Carolyn Tepolt, bióloga del WHOI especializada en la evolución y expansión de especies marinas invasoras, quien explicó que muchos de estos organismos pueden adaptarse con gran rapidez a nuevos entornos y colonizar ecosistemas. «Las especies marinas invasoras tienen profundas repercusiones ecológicas y económicas en las costas de todo el mundo, y son extremadamente difíciles, si no imposibles, de erradicar una vez establecidas. Esta interrupción del transporte marítimo mundial tiene muchas repercusiones y, además, ha creado, de forma más silenciosa, las condiciones ideales para la propagación de especies de aguas cálidas».

Organización Marítima Internacional (OMI)

La Organización Marítima Internacional (OMI) aconseja que los buques que permanezcan inactivos durante más de 30 días adopten medidas para eliminar la bioincrustación antes de volver a navegar. No obstante, muchas de estas embarcaciones llevan casi cuatro meses inmovilizadas, precisamente durante la época del año en la que los organismos marinos presentan un mayor crecimiento y capacidad reproductiva.

Diversos estudios citados por la OMI indican que incluso una fina película de limo puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 20% y un 25%, mientras que una acumulación moderada de percebes puede elevar el consumo de combustible y las emisiones en más de un 50%. Según el organismo, alrededor del 10% del combustible utilizado por la flota mercante mundial se destina únicamente a compensar la mayor resistencia al avance provocada por la bioincrustación.

Bioincrustación

Los investigadores recuerdan que el transporte marítimo es, desde hace décadas, la principal vía de propagación de especies marinas invasoras entre distintos ecosistemas. Según los estudios realizados, la duración y el alcance de la actual inmovilización de buques en el Estrecho de Ormuz representan una situación sin precedentes que podría convertirse en un gran desafío para la bioseguridad a nivel global.

En el pasado, la dispersión de organismos adheridos a los cascos de los barcos, algunos procedentes de la región del Golfo, ya ha provocado importantes daños ambientales. Entre los casos documentados figuran especies de almejas y gusanos que colonizaron los océanos Atlántico y Pacífico, desplazando a la fauna autóctona y afectando a infraestructuras portuarias.

Además del impacto ecológico, la bioincrustación aumenta la resistencia al avance de los buques, obligándolos a consumir más combustible para mantener la velocidad y, en consecuencia, aumentando las emisiones contaminantes. Uno de los ejemplos más conocidos es el mejillón verde asiático, una especie invasora originaria de las aguas tropicales de los océanos Índico y Pacífico, también presente en el Golfo, que ha logrado expandirse al Caribe y al Atlántico Sur, donde ha desplazado a poblaciones locales de mejillones y alterado los ecosistemas.

Ante este escenario, el equipo investigador solicita a navieras, autoridades portuarias, organismos reguladores y responsables ambientales que refuercen las medidas de control de la bioincrustación, intensifiquen la vigilancia en los puertos con mayor riesgo, mejoren el seguimiento de los movimientos de los buques y coordinen respuestas internacionales rápidas. Según los autores, la limpieza subacuática de los cascos antes de que las embarcaciones reanuden la navegación sería una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo.

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