Los cien mil hijos de Mohamed VI

Opinión Carrillo

Hace dos centurias, en 1823, Francia quiso intervenir en el devenir histórico y político de España enviándonos un ejército con el propósito de frenar la instauración de un orden liberal en nuestro país y devolver a su protegido, el rey felón Fernando VII, al trono. Lo que pretendían los gabachos que aún conservaban la estela napoleónica era mantener el statu quo que nos sometía a sus designios. Aquello impidió la España que pudo ser y no fue. Doscientos años más tarde, Marruecos nos manda a los cien mil hijos de Mohamed VI para invadir de nuevo España, con la aquiescencia de Francia (como ya hicieron sus servicios secretos el 11-M) y la complicidad de un gobierno nacional sometido, cual súbdito traidor, a lo que desde Rabat se marque y consigne. Pero esta invasión, más demográfica que militar, tiene un componente de sumisión que complica la posición de España a futuro y refuerza la de Marruecos, cuyo poder en la inane unión de burócratas europeos, a los que tiene comprados y sobornados, es cada vez mayor.

Marruecos obtiene prebendas de los acuerdos que la UE tiene con Rabat y que privilegian, por ejemplo, a su sector primario por encima de los agricultores, ganaderos y pescadores españoles. Financia y apoya el puerto de Tánger Med en detrimento del puerto de Algeciras, el cuarto de Europa y que tanto trabajo y divisas genera al año en sus embarques para las arcas nacionales. Permite que las infraestructuras marroquíes sean financiadas desde Bruselas y también desde España, por esos acuerdos de móvil que tanto nos cuestan al año. Ahora que ya sabemos cómo Sánchez se lucró pasivamente en los prostíbulos de su suegro, entendemos que permita el proxenetismo político con el que ejerce la sumisión orgullosa a quien le tiene cogido por sus indolencias.

En ese surrealismo continuo en el que se encuentra sumergida la realidad política, veíamos que, mientras la nación estaba siendo invadida y saqueada y Marruecos declaraba la guerra a España, como hizo hace veintidós años con el peor atentado terrorista que jamás sufrimos como nación, el Gobierno del PSOE y sus terminales mediáticas y económicas celebraban una fiesta en la embajada del país que nos había invadido, rindiéndole honores al dictador que dio la orden. De autócrata a autócrata, el juego geoestratégico nos rinde ante un país con aliados fuertes y convicciones férreas. Tienen la demografía y el chantaje de su parte. Mientras, Sánchez desgobierna sobre un Estado fallido y quiere seguir desgobernando sobre una nación rota, invadida, saqueada y agotada. Por eso, ordena llamar traidores a quien no se pliegue ante su política de rendición agradecida.

El asalto de Marruecos a nuestra soberanía es un acto de guerra consentido y patrocinado por el PSOE de Sánchez (y de Felipe González), aplaudido por sus ministros y defendido por sus socios. Ahora queda por saber qué harán con los miles de invasores que no volverán a Marruecos y que, una vez pasada la excitación del asalto coordinado y controlado desde Rabat, empiecen a sentir las cosquillas del hambre. Tras el asalto, vendrá el pillaje, la violencia con intimidación y, finalmente, la violación. Welcome, Agenda 2030. Bienvenidos al socialismo. Quienes defienden esto, es porque viven de esto. Cuando los delincuentes gobiernan las instituciones, la delincuencia reina en las calles.

No nos cansemos de repetirlo, porque no debemos olvidarlo. El 11-M fue el día en que Francia y Marruecos cambiaron la política exterior de España. La posición española internacional pasó de la influencia a la dependencia. Marruecos es hoy socio principal y aliado de la UE, EEUU e Israel, a quienes Sánchez y su gobierno de siempre, Hamás, han ofendido, despreciado y menospreciado una y otra vez. Esa ausencia de presencia y prestancia internacional por una nefasta política exterior y diplomática acarrea consecuencias. Y las estamos sufriendo. Desde aquel fatídico día de 2004, la política nacional e internacional de España cambió para siempre. Nos obligaron a cambiarla. A partir de ese momento, todos los días son 11-M. Tres factores contribuyen a entender lo que ha pasado estos días y por qué España —el Gobierno socialista— está a las órdenes de Marruecos: a) el buenismo que ha defendido siempre la progresía ante toda inmigración ilegal, sin importar consecuencias de inseguridad ulterior ni coste económico (ellos no lo pagan); b) la estrategia globalista de cambiar el sentir histórico y las raíces de Europa por un nuevo continente, islamizado y al servicio de unas élites que se lucran con ese cambio a peor; y c) el negocio migratorio, del que no sólo participan redes mafiosas, sino oenegés financiadas por esas élites globalistas y gobiernos al servicio de la causa. Ya hay casos de sociedades, como la danesa o la sueca, que han comprobado en sus calles las consecuencias con sangre y terror.

Reemplazo demográfico, invasión planificada, votantes futuros, inseguridad a la vista, irresponsabilidad consciente. Hay un plan para que las fronteras de Europa, y de España, permeen inmigración innecesaria, siempre con carácter delictivo, de cuantos vengan transportados por esos taxis humanos llamados oenegés. Cuando grandes masas de población que llegan a un territorio nuevo y desconocido acaban siendo mantenidas por el país de obligada acogida y dependen de las pagas del Estado receptor, se creen con derecho a tenerlas para siempre, y votarán a perpetuidad al partido que conserve tal dislate privilegiado. En España, la mitad de los perceptores actuales del ingreso mínimo vital, tan insostenible como rentable para las cuentas del PSOE, son magrebíes. Así secuestra el socialismo a los países.

En resumen, y como consecuencia de la presión que Marruecos ejerce mediante el chantaje al débil gobierno del yerno prostibular (por ahí parecen ir los tiros del móvil hackeado), la cuestión demográfica ya no es un tema transversal en el debate político, sino su bastión principal. Los partidos a la derecha de esta izquierda taimada, traidora, entregada a los designios de una potencia enemiga y adversaria de los intereses nacionales, deben priorizar, en sus programas y mensajes, la seguridad como principio rector de su gestión. Porque nos han invadido, nos han declarado la guerra. Quieren sustituirnos, bajo presión demográfica y previo chantaje político. La política de disuasión empieza por hacernos respetar en el mundo. Y eso se inicia con una buena política de defensa. Si sabes defenderte, te respetarán. Si tus fronteras no son defendidas y observan que son tan permeables como una casa sin puertas, harán de ti un país por conquistar. Y acabarán expulsándote del hogar que tus padres y abuelos construyeron y que tus antepasados más remotos fortificaron como unidad de destino. Por esa invisible rendija, se diluirán los valores seculares que conformaron la nación. Y ya seremos otra cosa.

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