A Sánchez sólo le preocupa su integridad personal, la nacional se la sopla

Sánchez Ceuta

Bajo el eufemístico título de Exclusión temporal a la navegación marítima en la isla de Lanzarote por motivos de seguridad, el Ministerio de Transportes ha delimitado el trazado de las líneas que unen distintos puntos de la costa donde disfrutarán de sus vacaciones el presidente del Gobierno y sus familias. Es un espacio de un kilómetro vetado a la navegación a fin de que nada ni nadie pueda perturbar el descanso de Pedro Sánchez, que podrá mirar tranquilamente al horizonte sin temor a que haya «moros en la costa».

El palacio de La Mareta contará con 60 agentes que velarán por la seguridad del jefe del Ejecutivo, un dispositivo que, comparado con el que había en Ceuta el primer día de la invasión, merece un comentario: no se puede tener más cara dura. Porque si para proteger un territorio como Ceuta había, el día de autos, 42 agentes y Sánchez dispondrá de 18 más, es que el presidente ha perdido la dignidad, la cordura y el más mínimo atisbo de responsabilidad. Blindar las aguas que rodean el palacio donde veraneará el presidente y permitir que miles de jóvenes marroquíes entraran a nado en Ceuta demuestra hasta qué punto a Sánchez le preocupa su soberanía personal y le trae al pairo la soberanía nacional.

El escándalo es de aurora boreal, porque el comportamiento del presidente del Gobierno no es propio de un dignatario de una democracia europea, sino que entronca con el comportamiento de un rey absolutista. Lo ocurrido en Ceuta es la prueba del nueve de que la integridad territorial de España no está garantizada, pero sí la integridad personal de Pedro Sánchez y su familia en La Mareta. Porque si en Ceuta el Gobierno pondrá boyas en el mar —solución surrealista— para evitar más asaltos, en Lanzarote no habrá boyas, sino un nutrido número de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

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