Escándalo Fifagate

Roures traicionó a su nº 2 al negociar una multa con la Fiscalía de EEUU y no incluirlo en el pacto

Fifagate Roures
Jaume Roures y Gerard Romy.
  • Manuel Cerdán

Jaume Roures traicionó a su amigo, socio fundador y número dos de Mediapro, Gerard Romy, cuando pactó con la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York el pago de una multa de 20 millones de euros. De esa manera, podía saldar la responsabilidad de la productora catalana en los sobornos a directivos de la FIFA, en el conocido como Fifagate.

Roures, para salir de un atolladero que colocaba a Mediapro al borde del precipicio, dejó tirado a quien había sido su socio y hombre de confianza durante dos décadas. Romy, el CEO de Mediapro, había actuado de intermediario, en nombre de Media World, la filial del holding con sede en Miami, en el pago de las mordidas a los altos cargos de la FIFA para obtener los derechos televisivos de los Mundiales de fútbol.

Sus contactos y el pago de varios millones de dólares a los corruptos de la FIFA dejaron un rastro suficiente para que los agentes del FBI desmontaran aquella trama corrupta, cuyo tufo llegaba hasta la sede de Mediapro en Barcelona.

Roures traicionó a su nº 2 al negociar una multa con la Fiscalía de EEUU y no incluirlo en el pacto
Gerard Romy, alto cargo de Mediapro con sede en Barcelona, imputado por el caso Fifagate. Documento de la Corte Federal de Brooklyn.

Cuando parecía que Mediapro iba a servir de paraguas para proteger a su ejecutivo que había actuado en nombre de la empresa, Roures prefirió que Romy y otros ejecutivos se convirtieran en los chivos expiatorios de las mordidas ilegales investigadas por el FBI.

En un principio, el acuerdo era que la productora negociara con la Fiscalía norteamericana una multa después de reconocer su culpabilidad, lo que en el argot judicial de Estados Unidos se conoce como Non Prosecution Agreement (‘acuerdo de no enjuiciamiento’). Pero, finalmente, esa negociación no incluyó la protección de su CEO. Desde entonces, Romy se queja a quien lo quiere escuchar de que su amigo Roures lo traicionó.

Y el comportamiento desleal de Mediapro no acabó ahí. La Presidencia de la compañía apretó aún más la soga en el cuello de Romy cuando asumió ante la Fiscalía de Nueva York los pagos realizados a los corruptos directivos de la FIFA. Desvió toda la atención sobre la filial de Mediapro en Miami, que había recibido el dinero de la portuguesa Medialuso. Roures llegó aún más lejos: facilitó al tribunal de Nueva York toda la documentación de su tentáculo en Estados Unidos, Media World.

Roures
Sede de Media World, filial del grupo Imagina.

El dinero era de Mediapro

Con toda esa información en poder de la Fiscalía de Nueva York es casi imposible que Romy pueda salir airoso del proceso judicial. A mediados de marzo fue procesado por la Corte Federal de Brooklyn por los delitos de pertenencia a crimen organizado, que incluye la extorsión y la coacción; fraude electrónico y blanqueo de dinero, que pasó por paraísos fiscales y fue utilizado para la comisión de un delito. Parte de todo ese dinero, facilitado por Medialuso Portugal, fue destinado para reunir los 2,7 millones de euros que pagaron de una tacada al presidente de la CONCACAF, Jeff Webb.

En los años en los que se cometieron los delitos de soborno, Romy como CEO era el tercer directivo de la cúpula de Mediapro y hombre de confianza de Roures. Quienes conocen por dentro las entrañas del grupo audiovisual catalán mantienen que «cualquier decisión de Romy tuvo que recibir antes el visto bueno del trotskysta Roures».

Roures traicionó a su nº 2 al negociar una multa con la Fiscalía de EEUU y no incluirlo en el pacto
Gerard Romy procesado por la Corte Federal de Brooklyn como tercer directivo de la cúpula de Mediapro.

Las mismas fuentes señalan que Romy siempre tuvo dependencia de su socio y amigo. Aunque disponía del mismo número de acciones, el editor del diario podemita ‘Público’ estaba por encima de él. Cuentan que cuando estalló el escándalo de Roures en Barcelona por ayudar a unos proetarras, la dirección de la cadena catalana TV3, donde ambos trabajaban, decidió despedirlos. Sin embargo, el compañero de viaje de los independentistas fue trasladado de la sección de Noticias a la de Deportes, mientras Romy sí fue despedido. Más tarde, acabó trabajando para una televisión privada y fundando Mediapro.

Chivo expiatorio

Como ha sucedido en el caso FIFA, Romy se convirtió entonces en el chivo expiatorio. Un ex alto directivo de Mediapro destaca a OKDIARIO que, en la productora audiovisual, todas las decisiones se tomaban entre los tres fundadores –Roures, Benet y Romy– aunque siempre prevalecía la última palabra del trotskysta.

Antes de que Romy fuera procesado por el Tribunal de Nueva York, otros dos ejecutivos de la filial Media World fueron abandonados a su suerte por Mediapro y Roures. Ambos llegaron a un pacto con la Fiscalía y se declararon culpables. Gracias a ello, hoy día siguen en libertad.

Las relaciones entre Roures y Romy han cambiado en los últimos tres años. A finales de 2017, ambos establecieron un pacto de no agresión. El acuerdo conllevaba el compromiso de Romy de no declarar contra Ciudadano Roures en el proceso que se seguía contra Mediapro en los tribunales de Nueva York. El compromiso estaba principalmente motivado por la venta al fondo de inversión chino Orient Hontai Capital del 53,5% de las acciones de Mediapro. La operación fue cerrada en el primer trimestre del 2018. Los fundadores de la productora querían ganar tiempo para no interferir en la venta de las acciones al grupo chino. De ese paquete, el 12% correspondía a Romy, una inversión que le iba a reportar unos 276 millones de euros.

En el círculo próximo a Romy comentan que el ex ejecutivo de Mediapro dispone de suficiente dinero para afrontar la multa de la Fiscalía norteamericana. Y ese sería un motivo suficiente para propiciar un acuerdo con los investigadores del Fifagate: dinero por menos años de cárcel.

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