Estupor entre los paleontólogos: encuentran en las heces de ardillas de hace 700.000 años ADN de mamuts, bisontes y caballos

Un equipo liderado por la Universidad McMaster, en Canadá, halló fragmentos de ADN de mamut lanudo, bisonte de estepa y caballo del Pleistoceno en heces fosilizadas de ardillas árticas conservadas en el permafrost del Yukón.
Los investigadores analizaron trece coprolitos recuperados en madrigueras de la región de Klondike. Una de las muestras, la más antigua, data de unos 700.000 años y coincide con una capa de ceniza volcánica conocida como Gold Run, que sirvió como referencia para calcular su edad.
El estudio estuvo dirigido por Hendrik Poinar, profesor y director del Centro de ADN Antiguo de la Universidad McMaster, junto con Tyler Murchie, investigador paleogenómico del Instituto Hakai y autor principal del trabajo. El hallazgo se publicó en la revista científica Nature Communications en junio de 2026.
¿Ardillas carnívoras? Esta es la razón detrás de que aparezca ADN de megafauna en las heces de las ardillas árticas
Según explican los autores, el hallazgo no significa que las ardillas fueran carnívoras. Los coprolitos funcionan como un archivo genético del entorno, ya que estos roedores arrastran hacia sus madrigueras fragmentos de plantas, huesos y otros restos que encuentran en el paisaje.
«Van al paisaje y recogen fragmentos variados de material vegetal y de huesos», explicó Murchie según la Universidad McMaster.
Ese material queda atrapado junto con el propio ADN del animal y con el de decenas de especies del entorno, desde caballos y bisontes hasta más de 200 tipos de plantas, líquenes y microorganismos. La combinación convierte cada coprolito en una cápsula genética de todo lo que rodeaba a la madriguera de las ardillas en un momento determinado.
¿Cómo confirmaron la antigüedad de las heces fosilizadas en Canadá?
El equipo arqueológico combinó dataciones por radiocarbono con marcadores geológicos, como la ceniza volcánica de Gold Run, para fijar la cronología de las muestras, que van desde el Holoceno hasta el Pleistoceno medio. También usó secuenciación metagenómica y técnicas de enriquecimiento dirigido para separar el ADN antiguo de posibles contaminaciones modernas.
Los patrones de degradación del material genético, con fragmentos cortos y tasas de alteración química que suben hasta la mitad en las muestras más viejas, coincidieron con lo esperado para ADN antiguo de cientos de miles de años. Trece controles negativos procesados junto con las heces no mostraron ninguna de las señales genéticas halladas en los coprolitos, lo que reforzó la fiabilidad del resultado.
¿Qué revela el hallazgo sobre la evolución de las ardillas árticas?
El análisis permitió ensamblar más de 18 genomas mitocondriales completos, doce de ellos de ardillas del género Urocitellus. Entre las muestras de entre 115.000 y 30.000 años apareció una población genéticamente distinta de la especie U. parryii, que los autores describen como un linaje no identificado hasta ahora.
Ese linaje se habría separado de sus parientes actuales hace unos 421.000 años. La muestra de 700.000 años resultó todavía más antigua, ya que su ADN diverge de otra especie relacionada, U. undulatus, desde hace 1,1 millones de años, mucho antes de lo que sugerían los árboles genealógicos previos del género.
¿Qué sigue a continuación para la investigación del Ártico antiguo tras el hallazgo en Canadá?
La Universidad McMaster y el Instituto Hakai recibieron 2,3 millones de euros para ampliar este tipo de análisis en otros yacimientos de permafrost. El conjunto de especies halladas describe un ecosistema de estepa sin equivalente actual, en el que la megafauna (mamuts, bisontes, caballos) convivía con hierbas, sauces y juncias de baja altura.
«Los coprolitos de las ardillas árticas preservan instantáneas genéticas extraordinariamente diversas de la antigua Beringia», señaló Poinar.