¿Chao pistacho? Su elevada huella hídrica y la inestabilidad climática ponen su cultivo en peligro
La producción mundial de pistachos se ha triplicado en los últimos veinte años
El pistacho manchego consume menos agua y fertilizantes que el cultivado en California
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A finales de 2023, una influencer subió a TikTok un vídeo en el que se la veía disfrutando de una conocida marca de chocolate Dubái. La rápida viralidad que alcanzó dicha publicación, que a día de hoy supera los 153 millones de reproducciones y los 8 millones de likes, fue tan espectacular que muchos consideran que aquí comenzaron a ponerse de moda estos productos.
El fenómeno ha coincidido además con un momento de fuerte expansión en los mercados internacionales del que es considerado como el ingrediente distintivo de estos dulces que empezaron a popularizarse en el emirato. Nos referimos al pistacho, semilla —que no fruto seco— cuya producción se ha triplicado en las dos últimas décadas, según datos de la FAO.
El problema es que su cultivo requiere una ingente cantidad de agua, a menudo en lugares que ya sufren estrés hídrico. También son necesarias unas condiciones climáticas muy determinadas que aseguren calor en verano, pero también unas temperaturas relativamente frías en invierno que garanticen la floración de los pistacheros durante la primavera.
Escasez hídrica en California
Estados Unidos encabeza actualmente el ranking mundial de productores de pistachos. El corazón de esta industria se encuentra en California, donde ya empiezan a escucharse voces de alarma, debido a la presión que está generando el cultivo sobre unos recursos hídricos cada vez más escasos.
Según un estudio científico, los pistachos requieren más de 7.600 litros de agua de riego por kilogramo.
Como remarcan Thomas Davies y Tom Higgs, investigadores honorarios de la Universidad de Lancaster, en este artículo para la plataforma de divulgación científica The Conversation, «sólo la carne de vacuno y de cordero consumen más agua, pero generalmente utilizan agua de lluvia, que no agota tanto las aguas subterráneas como suele ocurrir con el riego».

Hundimientos y sequías
Los científicos también alertan de que en el valle de San Joaquín, donde se encuentra buena parte de la producción de pistachos californianos, «el bombeo excesivo de agua subterránea está provocando incluso el hundimiento del terreno, causando enormes daños a la infraestructura y reduciendo permanentemente la capacidad de los acuíferos subterráneos».
Tampoco ayudan los efectos del cambio climático en California, «donde las sequías son cada vez más frecuentes y severas. California también experimenta mayores fluctuaciones entre periodos húmedos y secos, con aguaceros repentinos y breves entre sequías. Las lluvias intensas suelen saturar la infraestructura hídrica, impidiendo la reposición efectiva del agua perdida durante los periodos secos», insisten los investigadores.
Todo esto está afectando inevitablemente al sector. Víridi Horizons, el operador vertical español especializado en el sector del pistacho, prevé para este año una reducción de, al menos, el 40% de la producción de Estados Unidos, que podría alcanzar el 50%, debido fundamentalmente a la fuerte ola de calor durante la floración, que perjudicó al cuajado del fruto, y a las restricciones de agua.
Crisis en Irán
El panorama es considerablemente peor en Irán, el segundo productor mundial de pistachos. El país persa lleva años sufriendo una severa crisis ambiental provocada, entre otras razones, por una excesiva expansión agrícola.
Para mantener cultivos como el del pistacho en un contexto de creciente escasez hídrica debido a las recurrentes sequías, los iraníes se han visto obligados a sobreexplotar sus acuíferos, lo cual está provocando, como en el caso de California, un acuciante problema de hundimiento del terreno que podría, incluso, obligar a trasladar la capital desde Teherán a la costa.
Esta situación sólo podía empeorar tras el estallido del conflicto con Estados Unidos. No en vano, el Estrecho de Ormuz es la arteria por la que sale buena parte del pistacho iraní. Según Víridi Horizons, Irán prevé para este año una producción de 225.000 toneladas de pistacho seco con cáscara, lo que supone un 6% menos que en 2024.

España
Nuestro país podría ser uno de los grandes beneficiados por la crisis iraní, que ha llegado «justo cuando el pistacho español empieza a despegar de verdad, y eso convierte a España en algo más que un sustituto de emergencia», asegura Víridi Horizons.
«Con apenas un tercio de sus más de 70.000 hectáreas en plena producción y árboles que alcanzan sus máximos rendimientos en torno a los 12 años, el sector da por hecho que la cosecha española se multiplicará en los próximos cinco a ocho años», insiste el operador español.
Su previsión es que la cosecha española de 2026 se sitúe entre 12.000 y 14.000 toneladas en una campaña marcada por el progresivo aumento de la producción nacional y unas perspectivas inicialmente estables para los precios.

Sostenibilidad
La pregunta es si el pistacho español también está abocado a enfrentarse a los mismos problemas que California o Irán cuando se incremente su producción. No tendría por qué, según un reciente estudio que afirma que el pistacho castellano-manchego es más sostenible que el californiano.
Se trata de una investigación realizada por la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Davis de California, con la colaboración del Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF).
Mayor eficiencia
El trabajo, publicado en la revista científica internacional Environmental and Sustainability Indicators, ha realizado la primera comparación integral entre los sistemas de producción de pistacho de California y Castilla-La Mancha. Entre sus conclusiones destaca que el modelo castellanomanchego presenta una mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales.
En concreto, consume aproximadamente seis veces menos agua por hectárea y casi cuatro veces menos agua por tonelada producida que el modelo estadounidense, además de requerir una fertilización nitrogenada dos veces inferior por tonelada de producto obtenido.
Asimismo, el trabajo pone de manifiesto que el modelo español obtiene precios de comercialización superiores, especialmente en producción ecológica, y cuenta con una mayor implantación de este tipo de manejo, reforzando el potencial estratégico del pistacho para las zonas mediterráneas y para la diversificación de cultivos en el medio rural.