Egiptología

Asombro entre los egiptólogos tras encontrar la tumba de un burócrata con las policromía de sus paredes intacta tras 4.400 años

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Imagen de la excavación en la necrópolis de Saqqara. Fuente: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

En la arqueología se buscan restos y se documentan estructuras, pero pocas veces se encuentra algo tan bien conservado como para asombrar a los propios expertos. La tumba hallada en Saqqara por una misión hispano-egipcia, liderada por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, conserva su policromía original prácticamente intacta después de 4.400 años.

Se trata de una mastaba con dos capillas funerarias pertenecientes a dos altos funcionarios del Imperio Antiguo: Yunmen, un alto burócrata de la administración central, y su padre Ity, que ocupaba un cargo de menor rango. Los expertos creen que este entierro conjunto refleja el notable ascenso social de Yunmen. El monumento se data a finales de la V dinastía, bajo el reinado del faraón Djedkare Isesi.

Cómo son las escenas cotidianas representadas en los relieves de la tumba

Los relieves de la tumba de Yunmen e Ity siguen el formato tradicional de las escenas de la vida diaria del Imperio Antiguo, y su buen estado de conservación permite apreciar con detalle cómo concebían los egipcios la continuidad de la existencia en el más allá.

Las paredes describen actividades agrícolas como la siembra, la cosecha y el trabajo de la tierra, con representaciones destacadas de burros y otros animales domesticados, clave para la economía y el transporte de la época.

También aparecen procesiones de sirvientes y portadores de ofrendas que caminan hacia el difunto cargando alimentos, vasijas y bienes destinados a abastecer eternamente los cultos funerarios de la mastaba. Yunmen, que ejerció como juez y alto burócrata, aparece ataviado con ropajes formales, presidiendo ceremonias y recibiendo tributos que aseguraban de forma simbólica su estatus social y su paso al reino de los muertos.

Para los antiguos egipcios, estas imágenes no eran decoración, al quedar esculpidas y pintadas en los muros, los rituales, los animales y los alimentos cobraban vida eternamente para alimentar el espíritu del difunto, conocido como Ka.

Qué significaban los colores usados en las pinturas de la tumba

Para los antiguos egipcios, el color, llamado iwen, también significaba carácter o esencia, y actuaba como una herramienta mágica y protectora en el arte funerario. El rojo, u ocre rojizo, se aplicaba de forma canónica en la piel de las figuras masculinas, como la de Yunmen, para simbolizar vitalidad y trabajo activo. El amarillo, equivalente pictórico del oro, representaba la eternidad y lo divino, y se usaba en los cuerpos femeninos y en los elementos sagrados.

El verde simbolizaba la renovación y la fertilidad agrícola, esencial en las escenas de siembra y cosecha para garantizar la regeneración del alma en el más allá. El azul, ligado al Nilo y a la creación primigenia, aseguraba la frescura del agua que los sirvientes transportaban como ofrenda.

El negro, lejos de connotaciones negativas, simbolizaba la resurrección y marcaba los contornos de las figuras, mientras que el blanco, empleado en los ropajes de lino de los altos burócratas, representaba la pureza ante el juicio final de los dioses.

Cuál es el valor de la tumba para la egiptología actual

La excavación se realizó en la necrópolis de Mariette, llamada así por el egiptólogo francés Auguste Mariette, una zona identificada en el siglo XIX pero que nunca había sido excavada ni documentada con la profundidad tecnológica actual.

Además de la policromía, el hallazgo incluye un arquitrabe de gran calidad y textos funerarios personalizados que aportan información sobre la arquitectura, el arte y el funcionamiento administrativo y ritual de la necrópolis durante esa época.

Los egiptólogos destacan que los pigmentos minerales, obtenidos de tierras naturales, óxidos de hierro y malaquita, no se han desvanecido tras más de cuatro milenios en la oscuridad, lo que permite estudiar de cerca las técnicas artísticas y las convenciones iconográficas del Imperio Antiguo con un nivel de detalle poco habitual en este tipo de hallazgos.

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