Paleontología

La ciencia celebra el hallazgo histórico de la primera huella de un mamífero terrestre en la Antártida: pertenece a un animal de 1.3 kilos y puede tener 55 millones de años

Recreación artística del pequeño mamífero depredador que habría dejado la huella hallada en la Antártida, en un ambiente costero del Eoceno. Fuente: Behind the Paper, Springer Nature.
Recreación artística del pequeño mamífero depredador que habría dejado la huella hallada en la Antártida, en un ambiente costero del Eoceno. Fuente: Behind the Paper, Springer Nature.
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo de paleontólogos de Argentina y Chile identificó en la Antártida la primera huella conocida de un mamífero terrestre depredador. El hallazgo, publicado en agosto de 2026 en la revista científica Polar Biology, corresponde a una huella parcial hallada en la isla Rey Jorge, en las islas Shetland del Sur.

El rastro se conservó como molde natural en sedimento volcánico de grano fino, dentro de la Formación Fossil Hill. Los investigadores argentinos calculan que tiene unos 55 millones de años, de comienzos del Eoceno, y que perteneció a un animal de apenas 1,3 kilos de peso.

El estudio lo firman Héctor Mansilla-Vera, del Instituto Antártico Chileno (INACH) y Javier Gelfo, de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y paleontólogo del CONICET, quien relató el hallazgo en un artículo publicado por la editorial científica Springer Nature.

También participaron Silvina de Valais, del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (CONICET-Universidad Nacional de Río Negro) y Francisco Goin de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

¿Qué animal dejó la huella hallada en la Antártida?

La pieza, catalogada como T-373, conserva de forma parcial la impronta de una pata y de una mano, señal de que el animal se desplazaba en cuatro patas. La huella, de apenas dos centímetros de largo y de ancho, corresponde a un pequeño metaterio (el grupo de mamíferos emparentado con los marsupiales actuales) del linaje de los esparasodontes, según los autores del estudio.

La identificación se apoya en la combinación de varias líneas de evidencia, ya que se trata de un icnofósil (un fósil de rastro) y no de restos óseos que confirmen la especie de forma directa.

Aun así, el hallazgo podría representar el primer registro de un esparasodonte en el continente antártico, y la evidencia más antigua de un mamífero carnívoro en la región.

La losa T-373 con la huella fósil hallada en la Formación Fossil Hill, isla Rey Jorge (Antártida). Fuente: Polar Biology / Springer Nature (2026).
La losa T-373 con la huella fósil hallada en la Formación Fossil Hill, isla Rey Jorge (Antártida). Fuente: Polar Biology / Springer Nature (2026).

La Antártida del Eoceno tenía más depredadores de los que se creía, según los investigadores

Hasta ahora, las reconstrucciones del ecosistema terrestre de la Antártida del Eoceno solo incluían a las aves del terror, los fororrácidos, como únicos depredadores documentados. La huella del esparasodonte cambia ese panorama y agrega un mamífero carnívoro a la cadena alimentaria del continente.

El nuevo registro apunta a una comunidad de depredadores más diversa y a una estructura trófica más compleja de lo que se pensaba, de acuerdo con los investigadores. Hasta este hallazgo, la presencia de mamíferos fósiles en la Antártida se conocía sobre todo por restos óseos hallados en la isla Seymour.

¿Cómo llegó un depredador sudamericano hasta la Antártida?

Los esparasodontes son un grupo extinto de mamíferos depredadores propio de Sudamérica, presente ya durante el Paleoceno y el Eoceno. En esa época, restos de conexiones terrestres entre Sudamérica y la Antártida, heredadas de la fragmentación del supercontinente Gondwana, habrían permitido la dispersión de especies terrestres entre ambas regiones.

La Formación Fossil Hill, en la isla Rey Jorge, conserva otros fósiles del Eoceno en excelente estado, entre ellos restos vegetales, plumas, huellas de aves e improntas de invertebrados. Ese registro confirma que la Antártida tuvo, antes de su aislamiento progresivo y el enfriamiento posterior, un clima más cálido y paisajes forestados.

Los investigadores llegaron a esta identificación tras una revisión exhaustiva del conjunto de fósiles de icnitas, huellas y rastros, de la zona donde apareció la pieza, declarada área antártica especialmente protegida para conservar su patrimonio fósil. El ejemplar, por su parte, se conserva en la Colección Paleontológica del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, en Santiago.

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