Arqueología

Paso de gigante de la ciencia española: un dron reconstruye en 3D una pared inaccesible de la cueva de Altamira

El dron que sobrevoló la cueva de Altamira. (Foto: Ministerio de Cultura // Instituto de Patrimonio y Humanidades (IPH) de la Universidad de Zaragoza)
El dron que sobrevoló la cueva de Altamira. (Foto: Ministerio de Cultura // Instituto de Patrimonio y Humanidades (IPH) de la Universidad de Zaragoza)
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Por primera vez, un equipo de investigadores españoles ha logrado sobrevolar un dron en el interior de la cueva de Altamira, con el objetivo de cartografiar áreas que, hasta la fecha, resultaban totalmente inaccesibles para el ojo humano y los métodos de medición convencionales. De esta manera, han monitorizado la estructura en uno de los yacimientos más frágiles del mundo.

El dispositivo, equipado con tecnología LiDAR-SLAM, ha permitido obtener datos precisos en la entrada de la denominada Sala de La Hoya. Según los investigadores del Instituto de Patrimonio y Humanidades (IPH) de la Universidad de Zaragoza, esto les ha permitido identificar patologías en la roca que podrían poner en riesgo la integridad de la cueva.

Al tratarse de un entorno con grandes restricciones operativas, el uso de drones permite la conservación preventiva de las pinturas rupestres y su soporte geológico.

La reconstrucción en 3D de la pared inaccesible de la cueva de Altamira

Gracias al vuelo de un modelo tridimensional de alta fidelidad, los científicos han logrado la reconstrucción en 3D de una pared inaccesible situada sobre la Sala de La Hoya, un punto donde se habían localizado diversas grietas. El objetivo principal de este mapa digital es controlar de forma milimétrica la evolución de esas fracturas, lo que asegura que los bloques inestables no supongan una amenaza para el yacimiento.

Los detalles del trabajo de los científicos españoles se publicaron en la revista especializada Drones, y ha contado con la colaboración de especialistas del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira y de la Universidad de Cantabria.

Los datos recolectados se integran ahora en un gemelo digital, una herramienta que facilita a los expertos el seguimiento técnico a largo plazo. De este modo, cualquier movimiento de sedimentos o alteración en la roca se detectará de forma inmediata sin necesidad de contacto físico con la estructura.

¿Qué es el gemelo digital que vigila el patrimonio de España?

El uso de esta tecnología avanzada en la cueva de Altamira marca el primer ensayo científico documentado con drones en un espacio confinado de este tipo de relevancia histórica.

Jorge Angás, investigador del IPH, recalca que el flujo de trabajo combina el LiDAR con detección de grietas mediante inteligencia artificial (deep learning).

«La integración de LiDAR-SLAM, videogrametría y detección de grietas basada en deep learning demuestra el potencial de un flujo de trabajo geomático integrado para apoyar la identificación y evaluación de inestabilidades geológicas en entornos subterráneos frágiles con restricciones operativas», señala Angás.

La intervención se ha realizado con un modelo de dron específicamente diseñado para operar en entornos subterráneos sin generar daños colaterales. Basados en la información del estudio, este avance forma parte del proyecto DiGHER, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Es una pieza clave para entender cómo los desprendimientos, que precisamente sellaron la cueva hace 13.000 años protegiendo el arte, siguen siendo hoy el principal factor de riesgo para su supervivencia.

El primer arte de la humanidad lo tiene Altamira

Resulta fundamental recordar que Altamira ostenta el título de ser el primer lugar donde se identificó el arte rupestre del Paleolítico superior. Sus pinturas, que incluyen los famosos bisontes polícromos, caballos y ciervos, se extienden por una galería de casi 300 metros de longitud.

Según datos del Ministerio de Cultura, la estabilidad climática que permitió su llegada hasta nuestros días es extremadamente delicada, lo que justifica que el acceso actual esté limitado a tan solo cinco personas por semana bajo un control muy estricto.

La cueva de Altamira, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1985, requiere una vigilancia constante de su karst (o relieve kárstico), un tipo de formación geológica muy particular que se produce por la disolución de la roca. La estructura geológica está compuesta por estratos de calcarenitas y arcillas, es propensa a desplomes gravitacionales.

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