Arqueología

Estupor entre los egiptólogos: hallan extrañas estructuras a 14 metros de profundidad en la antigua ciudad de Buto

Representación de la excavación en Egipto.
Representación de la excavación en Egipto.
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo de egiptólogos y geofísicos ha logrado cartografiar la antigua ciudad de Buto, hoy conocida como Tell el-Fara’in, en Egipto. Mediante el uso de tecnología satelital y tomografía eléctrica, los expertos localizaron restos ocultos de un asentamiento que funcionó como un centro neurálgico desde la época predinástica hasta la era islámica bajo densas capas de lodo y sedimentos en el Delta del Nilo.

La investigación fue liderada por instituciones locales como la Universidad de Kafrelsheikh y la Autoridad Nacional de Teledetección y Ciencias Espaciales de Egipto, en colaboración con expertos internacionales. Los arqueólogos hallaron una estratigrafía tan compleja que los métodos de excavación tradicionales resultaron insuficientes para comprender su magnitud.

Los estudios se centraron en el montículo sur, denominado Kom C. Allí, el uso del radar Sentinel-1 permitió identificar anomalías a gran escala que sugerían la presencia de estructuras masivas enterradas. Gracias a este enfoque, se evitaron perforaciones a ciegas en un entorno donde el nivel freático dificulta enormemente el acceso a los estratos más antiguos del yacimiento.

Estructuras y hallazgos a 14 metros de profundidad en Egipto

El estudio publicado en Acta Geophysica revela que, tras realizar perforaciones sistemáticas, los investigadores hallaron el nivel de las dunas de arena originales del Holoceno a 14 metros de profundidad. Sobre estos sedimentos naturales, que marcan el origen geológico del asentamiento, se levantaron las sucesivas fases de la ciudad.

A niveles más superficiales, pero igualmente asombrosos, la tomografía de resistividad eléctrica (ERT) detectó muros de ladrillo de barro de la Dinastía 26 que se extienden entre los 3 y 6 metros bajo la superficie actual.

Estos muros pertenecen a una estructura de aproximadamente 25 por 20 metros, cuya configuración sugiere un uso religioso o administrativo de gran relevancia para la antigua ciudad. Los egiptólogos han confirmado que este edificio se construyó sobre una base de arena artificial, una técnica de ingeniería avanzada para la época que buscaba estabilizar las construcciones en el terreno húmedo del Delta en Egipto.

La precisión de la tecnología 3D permitió delimitar incluso el grosor de las paredes, que alcanzan los 5 metros en algunos tramos.

¿Qué piezas han recuperado los egiptólogos en la antigua ciudad de Buto?

La excavación arqueológica posterior validó los datos obtenidos por los sensores, al sacar a la luz una impresionante colección de objetos rituales. En el sector denominado Cuadrante C1, los operarios desenterraron amuletos de diversas deidades, como Isis, Horus y Wadjet, la diosa tutelar de Buto. Entre las piezas más destacadas figura un amuleto de bronce que representa a Horus niño y un escarabeo de esteatita con el nombre del faraón Tutmosis III.

Estos hallazgos apuntan a que la estructura localizada es, en realidad, un templo secundario o una residencia sacerdotal de la época Saíta. La presencia de un pequeño cuenco de ofrendas y fragmentos de estatuas de piedra caliza hacen hincapié en el carácter sagrado del lugar.

Asimismo, los sedimentos de arcilla compacta han preservado estos materiales durante siglos, protegiéndolos de la erosión natural que suele afectar a los yacimientos del Bajo Egipto.

Gracias al uso de tecnología de sensores, la integración de datos satelitales y mediciones geofísicas, los especialistas en Egipto pudieron penetrar el suelo seco hasta un metro y detectar contrastes de resistividad a mayor profundidad. De esta forma, podrán reconstruir la historia del asentamiento de Buto sin destruir las capas superiores.

Los expertos sugieren que este modelo de trabajo es el más viable para zonas agrícolas donde la humedad y el uso del suelo limitan las campañas arqueológicas extensas. Las próximas campañas se centrarán en ampliar el espaciado de los electrodos para intentar visualizar las fases de ocupación más antiguas, que permanecen aún bajo el nivel del mar.

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