Oliver Hart, Premio Nobel de Economía: «Un mundo de ‘perro come-perro’» puede ser uno en el que cada parte se siente con derecho al mejor resultado posible. Un mundo más civilizado puede ser uno en el que compartir el excedente»
Una frase para los negocios o la economía pero que podemos usar para aplicar en nuestro día a día
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Quizás en algún momento hayas escuchado la expresión de «perro come perro», y puede que la entiendas como algo que tiene que ver con el modo de obtener lo mejor que es para uno o el mejor resultado, pero lo cierto es que la frase completa es la siguiente: «Un mundo de ‘perro come-perro’» puede ser uno en el que cada parte se siente con derecho al mejor resultado posible. Un mundo más civilizado puede ser uno en el que compartir el excedente» y pertenece al economista Oliver Hart.
Aunque puede sonar casi como una reflexión filosófica o incluso como un consejo de vida, en realidad es un pensamiento aparecido al final de un trabajo sobre cómo las personas negocian, llegan a acuerdos y gestionan conflictos. Lo llamativo es que Hart no estaba hablando de amistades, parejas o relaciones personales. Estaba hablando de economía. Sin embargo, la idea tiene algo que hace que resulte familiar. Porque, en el fondo, casi todo el mundo ha vivido alguna vez una situación en la que dos personas creen que merecen quedarse con la mejor parte y donde intentar ganar demasiado termina complicándolo todo.
Quién es Oliver Hart
Oliver Hart nació en Inglaterra en 1948 y desarrolló gran parte de su carrera académica entre Reino Unido y Estados Unidos. Tras formarse en Matemáticas y Economía, pasó por instituciones de enorme prestigio hasta convertirse en una figura de referencia en el estudio de contratos, empresas y sistemas de gobernanza. Desde hace décadas imparte clases en la Universidad de Harvard y su trabajo ha influido en una de las áreas más importantes de la economía moderna.
En 2016 recibió el Nobel de Economía, junto a Bengt Holmström, por sus aportaciones a la teoría de contratos. Gran parte de sus investigaciones han intentado responder a una pregunta aparentemente técnica, pero con consecuencias enormes: por qué algunos acuerdos funcionan y otros acaban generando conflictos, frustración o enfrentamientos. Durante años ha estudiado cómo las personas toman decisiones, qué papel juegan los incentivos y por qué incluso los contratos mejor redactados dejan cosas sin resolver. Precisamente uno de sus trabajos más recientes gira alrededor de esa idea.
La frase salió de un estudio sobre contratos y negociación
La cita aparece en el trabajo More Is Less: Why Parties May Deliberately Write Incomplete Contracts, desarrollado junto a la investigadora Maija Halonen-Akatwijuka. El documento, publicado en la web de la universidad de Harvard, analiza una cuestión muy concreta y que tiene que ver con el hecho de por qué las personas, las empresas o las organizaciones a veces prefieren acuerdos menos detallados aunque podrían redactarlos de manera mucho más completa.
La explicación puede parecer algo compleja, pero la idea de fondo es sorprendentemente sencilla. Los autores sostienen que los acuerdos no funcionan sólo porque existan normas escritas. También entran en juego factores menos visibles como la confianza, la percepción de justicia, la empatía y la idea que cada uno tiene sobre lo que considera razonable.
En el documento explican que cuando cada parte siente que merece el mejor resultado posible pueden aparecer más conflictos. Sin embargo, cuando existe una visión compartida sobre lo justo y las personas aceptan repartir beneficios de forma razonable, los acuerdos suelen funcionar mejor.
La teoría económica que muchos han visto fuera del trabajo
Lo curioso es que esta idea se entiende perfectamente fuera de la economía. De hecho, probablemente ocurre todos los días. Puede aparecer en una pareja discutiendo dónde pasar las vacaciones. También cuando dos hermanos intentan ponerse de acuerdo para repartir una herencia o cuando compañeros de trabajo negocian quién asume determinadas tareas. Incluso surge en cuestiones pequeñas: quién conduce, quién cede o quién hace un esfuerzo extra.
En muchos de esos casos aparece una lógica muy parecida a la que describe Hart. Si cada persona entra pensando únicamente en conseguir el mejor resultado para sí misma, el conflicto puede crecer rápidamente. Sin embargo, cuando existe una disposición a compartir o ceder parte del beneficio, la situación suele avanzar con menos tensión.
No significa renunciar siempre ni aceptar cualquier cosa. La reflexión va por otro camino. Hart plantea que los acuerdos funcionan mejor cuando las personas tienen una idea parecida de lo que consideran justo.
Una frase económica que terminó pareciendo una lección cotidiana
Quizá por eso la frase ha llamado tanto la atención fuera del ámbito académico. Porque salió de un estudio sobre contratos y acabó sonando a algo mucho más amplio. No era una conferencia motivacional ni un libro de autoayuda, sino un trabajo sobre economía y negociación. Pero la reflexión final dejó una pregunta que sigue teniendo sentido lejos de Harvard: ¿qué ocurre cuando todos quieren quedarse siempre con la mejor parte? Puede que, como sugería Oliver Hart, el problema no esté en querer ganar. Quizá esté en pensar que sólo puede ganar uno.