Por mil veces menos echaron a Rajoy
Mariano Rajoy ganó las elecciones de 2016 con una diferencia no precisamente menor: 52 escaños sobre el Partido Socialista de un Pedro Sánchez que también había pegado un gatillazo de campeonato en las de diciembre de 2015. Infinitamente más que los 16 que le metió a él mismo José Luis Rodríguez Zapatero en esas generales de 2004 mediatizadas por los atentados de Madrid que destrozaron unas encuestas que pronosticaban la victoria con holgura del PP. Los números de 2016 multiplican por 3,5 la distancia que le sacó en 2008 el ahora imputado ex presidente al mandamás popular.
La contundencia de la victoria de Rajoy hace una década exacta no impidió que el 1 de junio de 2018 lo sacaran manu militari de Moncloa con la primera moción de censura victoriosa de la democracia. Fue un impeachment con tufo a golpe blando porque se basó en una sentencia sustentada en hechos acontecidos en su inmensa mayoría cuando él no ocupaba la Presidencia del Gobierno y tampoco era el número 1 del PP.
Por si fuera poco, el Tribunal Supremo anuló los elementos estructurales que sirvieron de argumentario para la presentación de la moción. No hubo responsabilidad penal del PP ni delitos de corrupción y prevaricación, ergo, no existían las piedras angulares que justificaron el desahucio del registrador de la propiedad santiagués.
Cierto es que, como tantos y tantos otros, Mariano Rajoy percibió sobresueldos en B mientras era ministro del Gobierno de España y después pero no lo es menos que jamás fue condenado ni siquiera imputado por ello. E insisto: la razón de ser de la censura era sencillamente una morcilla prevaricadora. El rol de Judas mayor del Reino lo desempeñó el PNV, que apenas una semana antes había otorgado su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado de ese mismo ejercicio a cambio de suculentas contraprestaciones.
Por si fuera poco, el Supremo anuló los elementos estructurales que sirvieron de argumentario para la moción contra Rajoy
Rajoy no tenía a su mujer tetraprocesada, entre otras razones porque Elvira Viri Fernández Balboa es una persona impecablemente honrada con trayectoria profesional propia como economista. A sus hermanos Luis, Enrique y Mercedes jamás los sentaron en el banquillo porque no necesitaban que nadie los enchufara ilegalmente en un cargo público por razones perogrullescas: el primero, ya fallecido, era notario, y los dos segundos se sacaron la oposición de registrador de la Propiedad y con notaza.
El segundo presidente popular de la historia tampoco tuvo que pasar el trago de contemplar cómo la Guardia Civil se llevaba esposados a sus dos lugartenientes a Soto del Real a pasar una temporadita allí. Su mano derecha, Soraya Sáenz de Santamaría, y su izquierda, María Dolores de Cospedal, eran abogadas del Estado. Y aunque la primera rozó el palo con la Operación Kitchen nunca se enriqueció desde la Vicepresidencia del Gobierno. Santos Cerdán no tenía carrera, aunque sí oficio (carretillero) e infinito beneficio, y José Luis Ábalos era profesor aunque jamás ejerció porque es un profesional de la política.
Y los koldos de Rajoy, sus chicos para todo, nunca terminaron viendo pasar la vida en el hotel rejas. E indiscutiblemente ninguno tenía la pinta matonil del baracaldés que pasó de ser portero de puticlub a convertirse en el recadero y escolta de Pedro Sánchez en el proceso de Primarias. Sobra decir que Jaime de los Santos, el secretario de Viri en Moncloa, nunca fue imputado como sí le ha ocurrido a Cristina Álvarez, la asesora de Begoña Gómez pagada con nuestros impuestos que se dedicaba a hacer de correa de transmisión de los negocios corruptos de la esposísima.
Ninguno de los fiscales generales del Estado del marianismo fue condenado en sentencia firme ni por revelación de secretos ni por haber ido a 250 kilómetros por hora, ni tampoco por haber mangado la camiseta de su equipo preferido en El Corte Inglés cuando tenían 18 años. Básicamente, porque Torres-Dulce, Consuelo Madrigal, Maza y Sánchez Melgar son gente que llevan los conceptos de honradez y probidad incrustados en el ADN. Albergo cero dudas de que cualquiera de los cuatro se negarían a transgredir la ley así les pusieran una pistola en la sien.
Y los ‘koldos’ de Rajoy, sus chicos para todo, nunca terminaron viendo pasar la vida en el hotel rejas
Y, como es público y notorio, José María Aznar jamás ha sido imputado. Vive de dar conferencias por medio mundo y parte del otro y de los consejos de administración en los que participa, internacionales en su mayoría. El mejor presidente de la democracia renunció a los 130.000 euros vitalicios a los que tienen derecho los ex ocupantes de La Moncloa en su condición de miembros natos del Consejo de Estado para dedicarse a ganar legítimamente el dinero que no había hecho en sus dos décadas y media dedicadas al servicio público.
Pedro Sánchez tiene a la mujer tetraprocesada, al hermano camino esta semana del banquillo por dos delitos, prevaricación y tráfico de influencias, a sus dos secretarios de Organización en la trena o camino de volver a ella, a su machaca Koldo censado en Soto del Real, a Álvaro García Ortiz condenado por revelación de secretos y a José Luis Rodríguez Zapatero inculpado por cuatro delitos que le podrían llevar a dormir tres lustros en un centro penitenciario.
La moraleja de todo este introito degenera en obviedad tautológica, es decir, en una obviedad al cuadrado: a Mariano Rajoy lo largaron con cajas destempladas con mil veces menos motivos que los que ya hay encima de la mesa para hacer lo propio con Pedro Sánchez. Sin contar lo que está por venir con Francina Armengol, Ángel Víctor Torres y cualquier otra liebre corrupta que salte. Que saltará.
Que nadie espere un solo movimiento de ERC, por la sencilla razón de que acaban de firmar los Presupuestos catalanes con Illa, tampoco del PNV, ya que la Lehendakaritza depende de los votos de unos socialistas que figuran en el Gobierno Vasco, menos aún de Sumar y Podemos, los primeros porque calientan poltrona en el Consejo de Ministros, los segundos por evidentes chavistas motivos. Si Zapatero ha trincado de la narcodictadura venezolana, como se desprende del auto del juez Calama, qué decir de un Pablo Iglesias que amasó montañas de dólares y euros de Hugo Chávez y Nicolás Maduro para crear Podemos. No parece, pues, que el chepudo Coletas vaya a actuar contra sus jefes de Caracas.
Paradojas de la vida, el vecino de Waterloo vuelve a tener en sus manos nuestro devenir, y no puede permitir que se asocie su nombre al lodo sanchista
No me imagino al ex jefe de ETA Arnaldo Otegi traicionando a su cuate Pedro Sánchez. El todavía presidente del Gobierno ha excarcelado o concedido permisos a los más siniestros asesinos de la banda: desde Kantauri hasta Anboto, pasando por Txeroki y el hijo de perra con más asesinatos (80) a sus espaldas, Henri Parot. Conclusión: la pelota está genéricamente en el tejado de Junts y específicamente de su todopoderoso presidente, Carles Puigdemont, cuya decencia en el terreno personal —otra cosa es el 1-O— resulta incuestionable.
Paradojas de la vida, el vecino de Waterloo vuelve a tener en sus manos nuestro devenir. En 2023 puso en Moncloa a un sujeto que le prometió el oro y el moro pero no lo ha traído de vuelta a España y ahora tiene la posibilidad de anteponer la ética al cálculo político evitando, además, que la montaña de lodo sanchista lo termine sepultando. Si personalmente no es un corrupto, que no lo es, no puede permitir que asocien un minuto más su nombre a una mafia que cumple ocho años robando a manos llenas, yéndose de putas y haciendo business con regímenes tan poco recomendables como el venezolano, el chino y quién sabe si el iraní. Querido Carles, la ética, la moral y la legalidad no entienden de naciones o ideologías, son universales. Ha llegado la hora de que apoyes la tan inevitable como necesaria moción de censura para echar al corrupto mayor del Reino, por cierto, poniendo en su lugar al legítimo ganador de las últimas generales, Alberto Núñez Feijóo. Piénsatelo. Esto no aguanta un segundo más. Y lo sabes.