'Caso Zapatero'

La confesión de Zapatero a su entorno: «Me están haciendo una putada, vienen a por mí, yo no he hecho nada»

El ex presidente no ha salido de su residencia de Las Rozas desde que fue imputado por cuatro delitos

La confesión de Zapatero a su entorno: «Me están haciendo una putada, vienen a por mí, yo no he hecho nada»
Luis Balcarce

José Luis Rodríguez Zapatero lleva días sin salir de su residencia de Las Rozas desde que el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama le citó a declarar el próximo 2 de junio como investigado por organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales y falsedad documental. El ex presidente del Gobierno, que se definió a sí mismo durante años como hombre de diálogo y transparencia, ha optado por el silencio. Pero ese silencio tiene grietas. En su entorno más cercano, según ha podido saber OKDIARIO, Zapatero ha verbalizado su estado de ánimo a su entorno más cercano: «Me están haciendo una putada, vienen a por mí, yo no he hecho nada».

Y todo horas después de que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) sitúe a Zapatero como intermediario de China para la compra de petróleo venezolano, confirmando y ampliando lo que el auto de Calama ya apuntaba sobre las cartas de intención dirigidas a la Oficina del Presidente Zapatero como peaje obligatorio para acceder al crudo de PDVSA. Los investigadores de la UDEF tienen en su poder una carta remitida desde China directamente a la oficina del ex presidente solicitando esa intermediación, y concluyen que era a cambio de pagos ilícitos, de mordidas, tal y como los propios directivos de Plus Ultra describieron la operativa en conversaciones intervenidas en 2021.

En esas mismas conversaciones, los accionistas de la aerolínea hablaban de que Zapatero había montado su «boutique financiera» y que iba a ir directamente «a por la mordida». Los dos informes de la UDEF, que se adjuntan al auto como piezas de cargo, ponen así nombre y precio a lo que el juez Calama ya había descrito en su resolución: una organización criminal dedicada al tráfico de influencias con ramificaciones en Venezuela, China y los Emiratos Árabes, con Zapatero en el vértice y las mordidas como modelo de negocio.

Zapatero lo niega todo: «Jamás»

La reacción privada contrasta con la imagen pública que el ex presidente ha intentado proyectar desde que se conoció su imputación. El pasado martes emitió un comunicado en formato vídeo de poco más de un minuto en el que leyó una declaración preparada ante cámara. En ese mensaje aseguró que toda su actividad «se ha ajustado a la legalidad», que «jamás» ha tenido una sociedad mercantil ni en España ni fuera de España, y que «jamás» ha realizado ninguna gestión ante ninguna administración pública en relación con el rescate de Plus Ultra ni con ninguna otra. La palabra jamás, repetida con insistencia, fue el eje de una intervención que duró menos de noventa segundos.

Ese mismo jueves, Zapatero trasladó que no hablará con los medios de comunicación hasta después de su declaración del 2 de junio «por respeto al juez». Su abogado, Víctor Moreno Catena, acudió el miércoles a la residencia de Las Rozas y a su salida dijo únicamente que el ex presidente está «tranquilo».
El juez Calama no comparte esa serenidad. En el auto de imputación, el magistrado le atribuye el papel de núcleo decisor y vértice estratégico de una red organizada orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras. Una estructura que, según la investigación, utilizó sociedades instrumentales, documentación ficticia y canales financieros opacos para cobrar comisiones por gestiones ante la Administración, principalmente en favor de la aerolínea de capital venezolano Plus Ultra. El juez sitúa los ingresos percibidos por Zapatero a través de este entramado en casi dos millones de euros.

Zapatero sigue declarándose inocente y sostiene que todos sus ingresos de asesoría los ha obtenido de forma «absolutamente legal». Niega tener o haber tenido una sociedad offshore en Dubái para ocultar dinero a la Hacienda española. Afirma que sus ingresos y remuneraciones han sido declarados vía IRPF con absoluta transparencia. Son las mismas afirmaciones que repite en privado con una diferencia de tono: en el vídeo las pronunció con gesto sereno ante una cámara controlada; en su entorno las acompaña de la convicción de quien se siente víctima de una operación política.

El PSOE alimenta el victimismo de ZP

El PSOE no ha tardado ni un minuto en alimentar ese victimismo. Lejos de convulsionar ante un nuevo escándalo de corrupción que se suma a los casos de Ábalos y Santos Cerdán, los socialistas han salido en tromba a defenderle con una disciplina de partido que revela que la posición estaba pactada de antemano. Pedro Sánchez envió un mensaje interno a la dirección del partido para fijar la línea: «Hoy más que nunca, debemos reafirmarnos en nuestra tarea de seguir luchando por hacer avanzar a nuestro país y defender el buen nombre de un compañero, el presidente Zapatero, que tanto bien hizo y hace a favor de la causa socialista». El jefe del Ejecutivo admitió que «son momentos duros» y pidió a los suyos «orgullo y entereza». Ferraz convierte así a Zapatero en víctima oficial de los jueces mientras la investigación sigue su curso y los registros alcanzan su propia oficina y la agencia de sus hijas.

El 2 de junio dirá lo mismo ante el juez. Calama escuchará. Y luego decidirá si los casi dos millones de euros bloqueados en sus cuentas, las sociedades de sus hijas que recibieron transferencias por valor de casi 450.000 euros, los mensajes intervenidos que le sitúan como director de la red y la reunión con el entonces ministro Escrivá mientras Plus Ultra negociaba el aplazamiento de su deuda con la Seguridad Social constituyen o no indicios suficientes para seguir adelante.

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