El paraíso secreto de Emilio Aragón con calles empedradas, casas romanas y una historia muy interesante
Emilio Aragón es uno de los actores y productores más importantes del país
Pollença, al norte de Mallorca, es el rincón preferido de Emilio Aragón
El artista lleva una vida tranquila e intenta estar lejos del foco mediático
Hay rincones que sobreviven al paso del tiempo sin necesidad de reinventarse. Lugares donde el turismo no ha conseguido borrar la identidad local y donde las tradiciones continúan marcando el ritmo del día a día.
En el norte de Mallorca, entre la Serra de Tramuntana y el Mediterráneo, se encuentra uno de esos enclaves: Pollença, un municipio que ha cautivado durante décadas a artistas, escritores y viajeros en busca de autenticidad. También a Emilio Aragón, que desde hace más de veinte años ha convertido este pueblo mallorquín en uno de sus refugios más preciados.
Lejos de los focos y de la intensa actividad profesional que ha marcado gran parte de su trayectoria, el creador de algunos de los proyectos televisivos más exitosos de España encuentra en esta localidad un espacio de tranquilidad donde compartir tiempo con su familia.
El actor, productor, músico y empresario ha hecho de Pollença mucho más que un destino vacacional. Con el paso de los años, el vínculo con el municipio se ha consolidado hasta transformarse en una auténtica segunda residencia emocional para los Aragón.
Un refugio familiar
La relación de Emilio Aragón con Mallorca no responde a una moda pasajera ni a una elección circunstancial. Desde hace más de dos décadas, el comunicador mantiene una estrecha conexión con Pollença, una localidad que conserva intacto gran parte de su carácter tradicional pese al creciente interés internacional que despierta.
Cada verano, siempre que sus compromisos profesionales se lo permiten, el artista regresa a este rincón del norte mallorquín para disfrutar de una rutina muy diferente a la que desarrolla durante el resto del año. Paseos por el casco histórico, jornadas de navegación por la bahía y escapadas a las pequeñas calas que rodean la zona forman parte de un estilo de vida que contrasta con la exposición pública asociada a su figura.

Quienes frecuentan el municipio aseguran que es habitual verle caminar por sus calles sin ningún tipo de protocolo ni despliegue especial. Una imagen que refleja precisamente uno de los grandes atractivos de Pollença: la posibilidad de llevar una vida tranquila en un entorno privilegiado donde la naturaleza, la historia y la vida local conviven de forma armoniosa.
La conexión de la familia con el municipio ha ido además pasando de una generación a otra. Nacho Aragón, el hijo menor del artista, ha mantenido también una relación estrecha con el pueblo y eligió este escenario para celebrar su boda con Bea Gimeno. Una decisión que evidencia hasta qué punto la localidad forma parte de la historia personal de los Aragón.
2.000 años de historia entre sus calles
El encanto de Pollença va mucho más allá de sus paisajes. Su riqueza patrimonial convierte al municipio en uno de los lugares con mayor densidad histórica de Mallorca. No en vano, cuenta con 66 Bienes de Interés Cultural, una cifra que resume la importancia que ha tenido este enclave a lo largo de los siglos.
Los primeros asentamientos humanos documentados en la zona se remontan a las culturas pretalayótica y talayótica. Más tarde, la llegada de los romanos dejó una huella profunda en el territorio. La antigua ciudad de Pollentia, fundada en el año 123 antes de Cristo cerca de la actual Alcúdia, ejerció una influencia decisiva sobre la región y terminó dando nombre al actual municipio.
Aunque los especialistas siguen debatiendo algunos aspectos de su evolución histórica, existe consenso en que el origen del topónimo está directamente relacionado con aquella presencia romana. Tras la desaparición de Pollentia, parte de la población habría terminado estableciéndose en el emplazamiento actual, trasladando consigo la denominación que ha llegado hasta nuestros días.
Uno de los símbolos más conocidos del municipio es el Pont Romà, conocido popularmente como Puente Romano. Situado en las inmediaciones del torrente de Sant Jordi, esta construcción de piedra se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Pollença.
Aunque los estudios históricos sitúan sus referencias documentadas en época medieval, la similitud de su estructura con los antiguos puentes romanos terminó consolidando una denominación que todavía hoy perdura.
El legado medieval y la memoria de los piratas
La configuración definitiva de Pollença llegó tras la conquista cristiana de Mallorca en 1229. Bajo el reinado de Jaume I, las tierras fueron repartidas entre diversas órdenes religiosas y nobles, iniciándose una etapa de crecimiento que resultó fundamental para el desarrollo del municipio.
Durante aquellos años se levantaron edificios que aún forman parte del paisaje urbano, entre ellos la iglesia de Nostra Senyora dels Àngels, situada en la plaza principal. Su presencia continúa siendo uno de los referentes arquitectónicos más importantes del casco histórico.
La historia local también conserva episodios marcados por la resistencia de sus habitantes. El más recordado tuvo lugar en 1550, cuando una incursión otomana amenazó el municipio. Según la tradición, el vecino Joan Mas encabezó la defensa de la población frente a los invasores, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los grandes héroes populares de Mallorca.