La psicología afirma que los niños que reinician un dibujo una y otra vez hasta que les parece ‘perfecto’ pueden estar mostrando algo más que perfeccionismo
La psicología va un paso más allá y no presta tanta atención al dibujo, sino a la reacción del niño cuando se equivoca
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Hay un comportamiento infantil mucho más habitual de lo que pensamos y que solo quienes pasan tiempo dibujando con sus hijos o los profesores que realizan esta actividad con frecuencia suelen detectar.
Hay niños que, cuando terminan un dibujo y no les gusta el resultado, rompen la hoja y vuelven a empezar. Si una línea no queda como esperaban, un ojo está ligeramente torcido o los colores no encajan con lo que habían imaginado, prefieren comenzar de nuevo hasta conseguir la versión que consideran perfecta.
Para muchos padres, tiene que ver con que su hijo es un niño perfeccionista. No le gusta conformarse y quiere que las cosas salgan bien. Sin embargo, la psicología va un paso más allá y no presta tanta atención al dibujo, sino a la reacción del niño cuando se equivoca.
Querer hacerlo bien no es lo mismo que no soportar equivocarse
Tener altas expectativas y querer mejorar no es necesariamente negativo. El problema aparece cuando el miedo a cometer un error pesa más que las ganas de realizar una actividad.
Un niño puede decidir repetir su dibujo porque quiere perfeccionarlo y hacerlo mejor. Pero también puede hacerlo porque no tolera que el resultado sea imperfecto. En este segundo caso, el error puede provocar enfado, frustración o incluso que abandone por completo la actividad.
La diferencia está en la emoción que acompaña al comportamiento.
Por eso, los psicólogos recomiendan observar si esta actitud aparece también en otros ámbitos: los deberes, los juegos, la escritura, las manualidades o cualquier actividad nueva. Si el niño evita intentar cosas por miedo a equivocarse, borra continuamente lo que hace o necesita que los adultos le aseguren que todo está bien, puede ser interesante prestar atención al patrón.
La importancia de aprender a convivir con los errores
Durante la infancia, equivocarse forma parte del aprendizaje. Por eso, los adultos pueden ayudar a los niños a entender que un resultado imperfecto no significa que hayan fracasado.
Ante un dibujo que el pequeño quiere romper, en lugar de decir simplemente «está perfecto», puede ser más útil preguntarle qué es lo que no le gusta o si existe alguna forma de arreglarlo sin empezar desde cero.
El objetivo no es obligarle a conservar un dibujo que no le gusta, sino enseñarle poco a poco que un error no tiene por qué borrar todo lo que ha hecho bien.
Eso sí, un niño que repite un dibujo varias veces no tiene por qué estar mostrando un problema psicológico. Un comportamiento aislado no permite sacar conclusiones. Lo importante es observar si existe un patrón, cuánto malestar genera y si esa dificultad para aceptar los errores aparece también en otras situaciones.
Porque, en ocasiones, detrás de un niño que rompe su dibujo una y otra vez no hay simplemente alguien que quiere hacerlo perfecto, sino alguien que todavía está aprendiendo que equivocarse también forma parte del proceso.