Clint Eastwood (96 años), actor y director de cine: «A la mayoría de la gente le gusta la magia de que las cosas tomen mucho tiempo y sean difíciles… pero a mí me gusta avanzar»
El lema vital de Clint Eastwood: «La autoestima conduce a la autodisciplina, cuando los dos están firmemente en su haber, eso es poder real»
Clint Eastwood, actor y director (96 años): «No sé cómo curar la vejez»
Clint Eastwood se retiró del cine oficialmente el pasado verano, dejándonos la cinta Jurado Nº 2 como la última herencia fílmica de una carrera inmejorable, tanto como actor como cineasta. Cuatro veces ganador del premio de la Academia, al último llanero solitario de Hollywood le costó su tiempo ganarse el respeto de la crítica cuando decidió dar el salto del estrellato interpretativo al sesgo autoral. Y uno de esos prejuicios fue, además de su atractiva presencia como icono de la industria, su pragmática puesta en escena y la simplicidad de corte clásico con el que siempre dirigió sus historias.

El cine clásico finalizó a principios de los 60, pero eso no quiere decir que ese ideal de dirección desapareciese por completo. Figuras actuales como Paul Thomas Anderson lo han empleado para narrar proyectos como Pozos de ambición y Eastwood es, sin duda, uno de los ejemplos contemporáneos más evidentes. Este ejercicio, sostenido por la invisibilidad de la técnica, no es otra cosa que el intento total para que el espectador se sumerja por completo en la historia sin que el trabajo con el encuadre, las luces o el montaje dirijan con poca sutileza, su mirada. Una idea relacionada directamente con la forma de trabajar del director de Sin perdón (1992), el cual estructura su método narrativo yendo directo al grano, como bien reveló en 1976, durante una entrevista concedida a la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA)
Clint Eastwood prefiere las cosas rápidas y sencillas: «Simplemente sigo moviéndome»
En el momento de dichas declaraciones, el realizador ya había dirigido algunos de sus primeros largometrajes, como Escalofrío en la noche (1971) e Infierno de cobardes (1973), llamando la atención de la industria por la inusual rapidez con la que trabajaba en el set:

“Todos me acusan de moverme rápido cuando dirijo una película. Yo no me muevo rápido, simplemente sigo moviéndome. A la mayoría de gente le gusta la magia de que las cosas tomen mucho tiempo y sean difíciles… pero a mí me gusta avanzar”.
Una filosofía que evolucionó hacia su famoso «No dejes entrar al viejo»
Su reflexión, relacionada con mantenerse activo y vital, evolucionó ya en la versión más madura de la estrella. Cuando cumplió más de 80 ese “seguir moviéndose” se transformó en el ya icónico “no dejar entrar al viejo”, manteniéndose ocupado y seguir peleándose con la vida para mantenerse fuerte y presente.

Una filosofía que le llevó a rodar su última película con 93 años, habiendo trabajado dentro de la industria cinematográfica por más de siete décadas.