Arqueólogos no dan crédito al hallazgo que reescribe la historia: recuperan del fondo del mar un resto de 70.000 kilos de una de las 7 maravillas del mundo
Un equipo internacional ha conseguido recuperar varios bloques de gran tamaño que pertenecieron al Faro de Alejandría
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Durante mucho tiempo, el Faro de Alejandría ha sido siempre uno de esos ejemplos que podemos encontrar en cualquier libro de historia siendo considerado además una de las 7 maravillas del mundo, pero del que en realidad se conoce más por lo que se cuenta que por lo que se puede ver o analizar. Siempre hemos oído hablar de altura, de su importancia en la navegación o de su papel como una de esas maravillas del mundo antiguo, pero siempre quedaba una sensación de fondo ya que faltaban pruebas directas, algo físico que permitiera entenderlo mejor.
Pero esa situación empezó a cambiar hace años ya que si bien se sabía que en el fondo del puerto de Alejandría había restos, durante mucho tiempo no se pudo hacer demasiado con ellos. Estaban localizados, pero fuera de alcance en la práctica. Sin embargo, ha sido ahora cuando por fin un equipo internacional ha conseguido recuperar varios bloques de gran tamaño que pertenecieron al Faro de Alejandría. No son piezas menores ni fragmentos difíciles de identificar, sino partes clave de la estructura, algunas de hasta 80 toneladas, que llevaban más de 1.600 años bajo el agua por lo que ahora se empiezan a encontrar respuestas sobre la historia de esta maravilla del mundo que hasta hace poco eran sólo hipótesis.
Arqueólogos no dan crédito al hallazgo que reescribe la historia sobre esta maravilla del mundo
Lo primero que llama la atención es el tamaño de los bloques, porque aquí no estamos hablando de restos pequeños ni de piezas simbólicas. Son elementos enormes, de esos que cuesta imaginar moviendo incluso con maquinaria actual, y que en su momento formaban parte de la entrada del faro. Dinteles, jambas, losas, es decir, piezas que sostenían la estructura y que ahora permiten ver cómo estaba organizada esa zona del edificio.
Y claro, esto cambia bastante las cosas. Hasta ahora, buena parte de la historia que se sabía sobre esta maravilla del mundo venía de textos antiguos o de reconstrucciones más o menos ajustadas, pero siempre con cierto margen de duda. Con estos bloques delante, ese margen se reduce, porque ya no es una interpretación sino es material real que se puede medir, analizar y comparar.
Además, hay un detalle que no es menor. El peso de algunas piezas, que llega a rondar entre los 70.000 y los 80.000 kilos, da una idea bastante clara del nivel técnico que se manejaba en su construcción. No es solo que el faro fuera alto, es que estaba pensado con una escala que impresiona incluso hoy.
Un trabajo que ha durado décadas
Aunque el hallazgo se ha conocido ahora, lo cierto es que no es algo que haya aparecido de repente. Aquí hay años, incluso décadas, de trabajo detrás. Las primeras señales de restos en esa zona se detectaron ya en 1968, pero en aquel momento poco se podía hacer más allá de localizarlos y poco más.
Con el tiempo, sobre todo a partir de los años noventa, las investigaciones se hicieron más serias y se empezó a documentar todo lo que había en el fondo marino. Aparecieron miles de objetos: columnas, esculturas, bloques de granito, por lo que era evidente que aquello no era un yacimiento cualquiera. Aun así, recuperar piezas de gran tamaño seguía siendo complicado.
El paso que se ha dado ahora tiene mucho que ver con la tecnología actual y con el trabajo conjunto de distintos equipos. El proyecto está liderado por la arqueóloga Isabelle Hairy, dentro del Centre National de la Recherche Scientifique, y cuenta con la colaboración de las autoridades egipcias y especialistas en reconstrucción digital. Sin esa combinación, este tipo de operación sería prácticamente inviable.
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Reconstruir el faro, pero sin levantarlo piedra a piedra
Aquí es donde el proyecto se vuelve todavía más interesante, porque no se trata sólo de recuperar piezas y estudiarlas por separado. La idea es reconstruir el faro, pero hacerlo de otra manera, utilizando herramientas digitales que permiten trabajar con mucha más precisión.
Cada bloque se escanea con técnicas avanzadas y se convierte en un modelo en tres dimensiones. A partir de ahí, los especialistas intentan encajar las piezas, como si fuera un puzzle enorme, buscando su posición original. No es un proceso rápido ni sencillo, pero sí bastante revelador.
A eso se suma el trabajo de historiadores, arquitectos y otros expertos que aportan información de fuentes antiguas. Es decir, no se parte solo de lo que aparece en el agua, sino que se combina con lo que ya se sabía, aunque ahora con una base mucho más sólida.
El resultado es una reconstrucción digital que permite hacerse una idea mucho más real de cómo era el Faro de Alejandría, sin depender tanto de interpretaciones.
El final del faro y su larga desaparición bajo el mar
El Faro de Alejandría se levantó en el siglo III a.C., bajo el reinado de Ptolomeo I, con diseño de Sóstrato de Cnido, y durante siglos fue clave para guiar a los barcos en la costa egipcia. Con más de 100 metros de altura, llegó a ser una de las construcciones más imponentes de su tiempo.
Su final no fue inmediato. Los terremotos lo fueron deteriorando poco a poco hasta dejarlo inutilizado en la Edad Media, y después sus piedras se aprovecharon en otras obras, como la fortaleza que mandó levantar el sultán Al-Ashraf Sayf al-Din Qa’it Bay. El resto acabó bajo el agua, donde ha permanecido siglos hasta este hallazgo, que vuelve a situarlo en el foco, pero esta vez con pruebas reales sobre la mesa.