Arqueología

Los arqueólogos no dan crédito: hallan en Córdoba un hueso que podría ser de un elefante del ejército de Aníbal

Elefante
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En las afueras de Córdoba, un equipo de investigadores ha hallado un pequeño fragmento óseo que podría haber pertenecido a un elefante utilizado con fines militares en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, el gran conflicto que enfrentó a Roma y Cartago entre los años 218 y 201 a. C. Se trata de una de las las evidencias arqueológicas más sólidas sobre el uso de elefantes de guerra en la península ibérica durante la Antigüedad.

El descubrimiento tuvo lugar en 2019 durante una excavación arqueológica en el yacimiento de la Colina de los Quemados, identificado con el antiguo oppidum ibérico de Corduba. Este asentamiento, ubicados en una posición estratégica sobre una curva del río Guadalquivir, fue uno de los núcleos protohistóricos más importantes del sur de la Península Ibérica.

Hallazgo de un hueso carpiano derecho de elefante

Bajo una capa de derrumbe arquitectónico, los arqueólogos localizaron un hueso carpiano derecho de elefante. Sin embargo, no pudieron identificarlo de manera inmediata; durante años, los expertos realizaron análisis comparativos con colecciones anatómicas de elefantes asiáticos y restos de mamuts, lo que permitió confirmar su origen proboscídeo con un alto grado de certeza.

El equipo, liderado por Rafael Martínez Sánchez, de la Universidad de Córdoba, destaca que el valor del hallazgo reside especialmente en el contexto arqueológico: «El carpo del elefante de Colina de los Quemados en Córdoba (España) puede constituir uno de los escasos ejemplos de evidencia directa del uso de estos animales durante la Antigüedad Clásica, no solo en la Península Ibérica, sino también en Europa Occidental», detallan.

Datación y contexto bélico

Aunque el hueso no conservaba suficiente colágeno para realizar una datación directa convencional, los investigadores pudieron analizar la fracción mineral del material óseo, conocida como bioapatita. Los resultados de la datación por radiocarbono sitúan el fragmento en torno a los 2.250 años de antigüedad, encajando en el marco cronológico de la Segunda Guerra Púnica.

«La Segunda Guerra Púnica, en la que participó Aníbal, se libró entre Cartago y Roma entre 218 y 201 a.C. En esta guerra se produjeron enfrentamientos en España, Italia, Sicilia, Cerdeña y el norte de África. Los cartagineses estaban a las órdenes de Aníbal, uno de los comandantes más hábiles de la historia, mientras que los romanos contaban con su propio general impresionante, Escipión el Africano, que logró atacar a Cartago en su propio terreno.

El conflicto había terminado en derrota para los cartagineses, y Aníbal pidió los términos de paz. Roma insistió en que Cartago renunciara a toda su flota (a excepción de 10 míseros barcos) y a todos sus elefantes y que devolviera todos los prisioneros romanos. Además, Cartago no podría ir a la guerra sin permiso de Roma, tenía que reconocer los territorios del nuevo rey númida Masinisa y pagar indemnizaciones a Roma por el inmenso valor de 10.000 talentos a lo largo de la siguiente mitad de siglo. Los romanos también tomaron posesión del sur de España», explica Mark Cartwright en WHE.

En la zona también aparecieron 12 proyectiles esféricos de piedra, de unos 11 centímetros de diámetro, identificados como munición de artillería antigua disparada por petróbolos o litóbolos. Asimismo, se documentaron pesadas puntas de flecha compatibles con armas de torsión, como los escorpiones cartagineses, además de una moneda acuñada en Cartago Nova entre los años 237 y 206 a. C.

Un elefante como arma de guerra

Los investigadores consideran altamente improbable que el hueso perteneciera a un animal utilizado con fines comerciales, rituales o decorativos, ya que el hueso recuperado no tiene ningún valor ornamental ni simbólico. Todo apunta, por tanto, a que el elefante murió durante un enfrentamiento bélico.

Determinar la especie exacta del animal resulta muy complicado al tratarse de un solo hueso sin material orgánico que permita realizar análisis genéticos o proteómicos. Sin embargo, los investigadores determinaron que es más grande que el de las hembras de elefante asiático, lo que refuerza la hipótesis de que pudiera tratarse de un elefante africano. Incluso plantean la posibilidad de que perteneciera a una subespecie hoy extinta, Loxodonta pharaoensis.

«Uno de los principales indicadores arqueológicos de la actividad militar en este período es la presencia de proyectiles de artillería, incluidos perdigones disparados desde litóbolos o petróbolos y proyectiles de perno disparados desde máquinas de torsión como el escorpión».

El equipo, liderado por Rafael Martínez Sánchez y Agustín López Jiménez, seguirá excavando en la zona con el objetivo de localizar nuevos restos que permitan reconstruir con mayor precisión la logística militar cartaginesa y el papel de los elefantes en la guerra.

Diversos autores, como el historiador griego Polibio y el romano Tito Livio, recogen el episodio de Aníbal cruzando los Alpes con 37 elefantes para atacar Roma. Si bien el resto de elefante descubierto en Córdoba no formó parte de esta ofensiva, los investigadores creen que los cartagineses pudieron utilizarlo para garantizar el control de Hispania antes y durante la campaña del general Aníbal.

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