Gastronomía

Muchos no se atreven a probarlo, pero en Galicia este pez es un icono gastronómico y tiene hasta su propia fiesta de Interés Turístico Internacional

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Lamprea marina junto a un río gallego.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El municipio de Arbo, en Pontevedra, celebra cada año la Festa da Lamprea, una fiesta gastronómica que gira en torno a uno de los peces más antiguos y menos comunes de la gastronomía española. El Gobierno de España concedió a esta celebración el título de Interés Turístico Internacional en 2023, un reconocimiento que sitúa a la localidad gallega como referencia mundial de este producto.

La lamprea despierta rechazo entre muchos comensales antes de llegar al plato. Su cuerpo cilíndrico y sin escamas, su falta de mandíbula y su boca circular repleta de dientes recuerdan a una criatura prehistórica. El animal se adhiere a otros peces para alimentarse de su sangre, un comportamiento que arrastra desde hace siglos la fama de «pez vampiro».

Cómo es el pez que pocos se atreven a probar en Galicia

La lamprea marina lleva más de 300 millones de años sobre la Tierra sin apenas cambios en su anatomía. Carece de mandíbula y de escamas, y su boca funciona como una ventosa circular cubierta de dientes córneos, que utiliza para fijarse a otros peces y alimentarse de sus fluidos. Esa combinación de rasgos primitivos explica por qué muchos comensales dudan antes de sentarse a probarla.

El animal nace en el mar, crece en el océano Atlántico y remonta ríos como el Miño, el Ulla o el Tambre para reproducirse. Los pescadores de Arbo la capturan viva con pesqueiras, construcciones de piedra de origen romano que estrechan el cauce del río, y con butrones, redes cónicas que atrapan al pez sin dañarlo ni hacerle perder sangre.

Los cocineros de la zona insisten en que el sabor compensa la primera impresión. La receta más conocida, la lamprea a la bordelesa, guisa el pez en su propia sangre mezclada con vino tinto, cebolla y ajo, y llega a la mesa con arroz blanco y pan frito. El resultado es un plato de textura melosa y sabor intenso, con un punto ferroso que recuerda a la caza mayor.

Quienes prefieren evitar la imagen del pez entero tienen alternativas. La empanada de lamprea oculta la carne troceada dentro de una masa de pan. La versión seca, curada con sal y humo, permite rellenarla con huevo y jamón y servirla cortada en lonchas frías. La lamprea rebozada, frita en aceite muy caliente, es la opción más sencilla para probarla por primera vez.

Así es la fiesta de la Lamprea de Arbo, con título de Interés Turístico Internacional

Arbo organiza la Festa da Lamprea desde 1961, cuando un grupo de hosteleros y bodegueros de la zona decidió dar visibilidad al producto que sostenía la economía local.

La cita se celebra el último fin de semana de abril, coincidiendo con el cierre de la temporada de pesca en el río Miño. El recinto ferial de Arbomuestra reúne cada edición a los restaurantes del municipio, que sirven raciones recién preparadas ante el público.

Cada ración lleva una etiqueta con el nombre del pescador y la fecha de captura, un sistema de trazabilidad que garantiza el origen del producto. Las calles se llenan con desfiles de bandas de gaitas y charangas durante el día, y por la noche se celebran conciertos de grupos folk y verbenas con orquestas. La organización suma también mercadillos de artesanía, rutas de senderismo por las pesqueiras y una fiesta de la bicicleta para todos los públicos.

Arbo repite la celebración en agosto con la Festa da Lamprea Seca, en la Carballeira de Turbela, un bosque de robles con mesas y bancos de piedra. Esta segunda cita permite comer el pez fuera de temporada, ya curado, y mantiene el mismo espíritu festivo con música y gastronomía. Las dos fiestas convierten al municipio en el destino de referencia para conocer este producto durante todo el año.

La relación entre Arbo y la lamprea se remonta a la Antigua Roma, cuando los emperadores encargaban el traslado de ejemplares vivos desde el Miño hasta Italia para sus banquetes. Esa herencia, sumada a la persistencia de las pesqueiras y a más de sesenta ediciones ininterrumpidas, sostiene el expediente que llevó al Gobierno a otorgarle el Interés Turístico Internacional.

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