Biología

Conmoción en la biología marina: descubren que un salmón de cultivo puede llegar a consumir más de seis veces su peso en peces silvestres

Según la investigación realizada, producir un kilo de salmón puede implicar la muerte de más de 6 kilos de peces silvestres

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Blanca Espada

Siempre que se habla de acuicultura, se tiene la imagen de que se trata de una industria sostenible dado que nació, entre otras razones, con la promesa de ofrecer pescado sin seguir vaciando los océanos, sin embargo, lo que ha revelado un estudio reciente seguramente dejará a muchos sorprendidos ya que para obtener un kilo de salmón de cultivo pueden llegar a morir hasta 6,24 kilos de peces salvajes.

Un estudio publicado en Science Advances es el que ha dado esta cifra, tras analizar cuánto pescado silvestre se necesita realmente para mantener las piscifactorías. Sus autores creen que hasta ahora se habían dejado fuera demasiados elemento ya que cuando se incluyen los descartes, los restos utilizados en los piensos y los peces que mueren durante la captura, el resultado cambia bastante.

La alimentación del salmón de cultivo

Un salmón no deja de ser carnívoro por haber nacido en una piscifactoría, de modo que para crecer necesita proteínas y grasas que recibe a través del pienso. Y en su composición hay productos vegetales, pero también harina y aceite de pescado. Dos ingredientes que se obtienen principalmente de peces pequeños, como sardinas, arenques, anchoas o caballas. Tras la captura, se cuecen y se trituran hasta obtener una materia concentrada con la que alimentar a salmones, truchas, lubinas y doradas.

Hasta aquí, nada nuevo. La discusión está en cómo se hace la cuenta. La industria utiliza una medida denominada «fish-in:fish-out», que compara el pescado silvestre empleado con el pescado de cultivo que finalmente se produce. Pero el equipo encabezado por Spencer Roberts, de la Universidad de Miami, consideró que el cálculo habitual se quedaba corto. No siempre incluía toda la materia prima de origen marino y tampoco reflejaba bien la mortalidad provocada durante la pesca.

Hay ejemplares que se descartan antes de llegar a puerto. Otros son liberados después de quedar atrapados en las redes, pero no sobreviven. Y también existen partes del pescado consideradas subproductos que acaban incorporadas a la fabricación de piensos. Todo eso cuenta, aunque no aparezca como una captura destinada expresamente a una piscifactoría y una vez se añaden esos factores, los investigadores situaron el consumo asociado al salmón entre 1,86 y 6,24 kilos de peces silvestres por cada kilo producido.  Y no sólo eso, según el trabajo, el uso real de peces salvajes en la acuicultura podría ser entre un 27% y un 307% superior al indicado por cálculos anteriores.

Qué ocurre antes de que el pienso llegue a las piscifactorías

La cuestión no se limita a cuántos kilos entran y cuántos salen. También importa de dónde proceden esos peces y qué sucede en los países encargados de capturarlos y procesarlos. The Outlaw Ocean Project, la organización periodística dirigida por Ian Urbina, dedicó dos años a seguir la ruta internacional de la harina de pescado. La investigación localizó más de 1.400 plantas en 64 países y examinó unas 2.400 embarcaciones relacionadas con su producción.

Durante ese trabajo aparecieron denuncias de pesca ilegal, contaminación, accidentes laborales y enfrentamientos con poblaciones costeras. Muchos de estos efectos se concentran lejos de los países donde después se vende el salmón, el camarón o la dorada. En Gambia y Mauritania, por ejemplo, especies que tradicionalmente servían para alimentar a la población local se destinan cada vez más a las fábricas de harina de pescado. El proceso tiene algo de paradójico: peces baratos y accesibles salen del país transformados en pienso para criar productos que acabarán vendiéndose a un precio mucho mayor. Además, sardinas, arenques y anchoas no son un ingrediente prescindible del ecosistema. Alimentan a otros peces, aves y mamíferos marinos de modo que cuando sus poblaciones disminuyen, el efecto puede extenderse por toda la cadena alimentaria.

España importa parte de esa dependencia

España ocupa el primer puesto de la Unión Europea en producción acuícola por volumen. Sin embargo, la mayor parte corresponde a mejillones, almejas, ostras y otros bivalvos. Esta distinción es importante porque esos animales filtran el agua para alimentarse y normalmente no necesitan pienso.

La situación cambia con la lubina y la dorada, dos de las especies más habituales en las piscifactorías españolas. A ellas hay que sumar el salmón y el camarón importados desde otros países. La investigación de The Outlaw Ocean Project calcula que en 2024 se utilizaron en España unas 128.000 toneladas de harina de pescado. Una parte considerable llegó del extranjero. Por tanto, el impacto no siempre se observa junto a las granjas españolas: puede producirse a miles de kilómetros y permanecer oculto para el consumidor.

No toda la acuicultura plantea el mismo problema

Meter a toda la acuicultura en el mismo saco sería un error. La cría de bivalvos apenas necesita alimento externo y presenta una huella de carbono reducida. En países como India y Bangladesh, el crecimiento del sector también ha creado puestos de trabajo y ha permitido abaratar ciertos alimentos. Los representantes de la industria recuerdan, además, que criar pescado requiere menos recursos y genera menos emisiones que producir carne de vacuno o cerdo. En los últimos años también se ha reducido la proporción de ingredientes marinos en muchos piensos.

Pero producir más puede comerse ese ahorro. Aunque cada ración contenga menos harina de pescado, el aumento del número de piscifactorías mantiene elevada la demanda total. La FAO prevé que la producción mundial de harina de pescado crezca un 9% entre 2022 y 2032. Para el aceite de pescado, el incremento esperado alcanza el 12%. Algas, insectos, hongos y residuos agrícolas aparecen entre las posibles alternativas. Algunas ya se utilizan, aunque todavía no pueden sustituir de forma barata y masiva a los productos obtenidos del mar.

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