César Millán, experto en adiestramiento canino: «La gente cree que los perros sólo perciben amor pero también pueden sentir tristeza»
El importante consejo del experto en adiestramiento canino César Millán sobre cómo percibe tu perro los sentimientos
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Quien haya tenido un perro en casa lo habrá notado alguna vez. Hay días en que el animal se acerca sin que nadie lo llame, se queda quieto al lado y no se mueve. No pide nada, no juega, simplemente está ahí. Durante mucho tiempo esa conducta se atribuyó al instinto o a la costumbre. Pero cada vez hay más evidencia de que lo que ocurre es algo más concreto: el perro ha detectado que algo no va bien.
César Millán, uno de los entrenadores caninos más reconocidos del mundo, lleva años explicando este fenómeno y su posición es clara: los perros perciben mucho más que el cariño de sus dueños. «La gente cree que los perros sólo sienten el amor, pero también pueden sentir tu tristeza, tu frustración, tu confusión, tu aburrimiento o tu pereza», afirma el especialista.
Qué hay tras el comportamiento de tu perro
Según Millán, los perros no necesitan que nadie les explique cómo se siente. Su herramienta principal es la observación continua y silenciosa del comportamiento humano. Prestan atención al tono de voz, que cambia de forma sutil cuando alguien está tranquilo o tenso. Leen el lenguaje corporal y la postura. Observan las expresiones del rostro, especialmente los cambios en la zona de los ojos. Y también registran las modificaciones en la rutina o en la forma habitual de interactuar.
Ese conjunto de señales, procesado de forma constante y casi automática, es lo que explica por qué muchos perros modifican su comportamiento en los momentos en que sus dueños atraviesan una dificultad emocional. No responden a una orden ni siguen un protocolo aprendido. Reaccionan a lo que perciben.
Lo que confirma la ciencia
Las observaciones de Millán no son sólo el resultado de décadas de experiencia práctica con animales. La investigación científica apunta en la misma dirección. Un estudio de la Universidad de Helsinki analizó cómo los perros observan los rostros, tanto de personas como de otros perros, y los resultados fueron reveladores.
Los investigadores comprobaron que los animales prestan especial atención a los ojos y ajustan su comportamiento en función de la expresión que observan. Cuando miran a otros perros, fijan la vista durante más tiempo en la zona ocular. Cuando observan rostros humanos, utilizan información de todo el rostro para interpretar el estado emocional de la persona. Y ante expresiones amenazantes, tienden a desviar la mirada, un comportamiento que los investigadores relacionan con señales de apaciguamiento y con la adaptación que los perros han desarrollado a lo largo de siglos de convivencia con las personas.
Una sensibilidad construida con el tiempo
Lo que subyace en todo esto es algo que va más allá de la curiosidad científica. La capacidad de los perros para leer emociones humanas no es un accidente evolutivo, sino el resultado de miles de años de coexistencia estrecha con nuestra especie. Los perros que mejor interpretaban el estado emocional de las personas con las que vivían tenían más probabilidades de prosperar. Y esa habilidad, perfeccionada generación tras generación, es la que hoy hace que un animal sea capaz de detectar tristeza, frustración o miedo sin que nadie le diga una sola palabra.
La próxima vez que un perro se acerque en silencio y se quede quieto al lado, quizás no sea casualidad.