El entorno de Aznar le anima a crear un nuevo partido para los desencantados del PP

Mariano Rajoy y José María Aznar
Mariano Rajoy y José María Aznar. (Foto: EFE)
  • N. Val y L. Sela

El entorno de José María Aznar ha incrementado en los últimos días las ‘presiones’ al ex presidente para que dé un paso al frente y se anime a presentar su propio proyecto político.

Esa reclamación no es nueva, pero tras la renuncia a la presidencia de honor del PP, este martes, se ha hecho aún más visible. De hecho, los movimientos internos han crecido con fuerza desde las elecciones del 20-D. Un día después de aquellos comicios, el propio Aznar se presentó por sorpresa en el Comité de Dirección para reclamar una reflexión por la pérdida de casi cuatro millones de votos. Desde entonces, varios ex cargos del partido y asociaciones críticas con la actual deriva del PP mantienen contactos frecuentes con las vistas puestas en esa nueva formación.

Varios ex ministros en la ‘operación’

En esa ‘operación’ participan, según ha podido saber OKDIARIO, varios ex ministros, entre ellos Ángel Acebes, quien ocupó las carteras de Interior, Justicia y Administraciones Públicas en los Gobiernos de Aznar.

Por ahora, el ex presidente tiene sólidas dudas y, ni mucho menos, una decisión tomada sobre su futuro inmediato. Es cierto que su nueva condición, ya únicamente como militante, le otorga un margen de maniobra mayor que el que disponía cuando ostentaba la presidencia honorífica. Y ya entonces, la crítica era constante. Pero dar un paso más significaría también una afrenta al que sigue siendo su partido.

En la carta de despedida que el mismo martes Aznar envió a Rajoy no hay resquicio de sus planes inmediatos, más allá de la no asistencia al congreso que el partido celebrará los próximos 10 y 11 de febrero. Un hecho que provocó alivio en Génova, donde se especulaba con el papel que podría adoptar el ex presidente en un cónclave que los populares quieren transitar sin complicaciones.

El PP: "Nunca será un militante más"

Pero ese silencio abre al mismo tiempo las sospechas. En la dirección del PP se asume que Aznar “nunca será un militante más”, o, lo que es lo mismo, que no cesará en las críticas a las actuales políticas. Aunque de ahí a que tome las riendas de un nuevo proyecto hay un paso de gigante.

En Génova, el anuncio de la renuncia se calificó de auténtica “puñalada”. Tanto en las formas, como en el momento: el mismo día en que el partido había avanzado su renovación de Estatutos-que contempla que los afiliados podrán votar en la primera fase de la elección del presidente- y con Rajoy de viaje en Nueva York.

Desde entonces, Rajoy ha evitado hacer declaración alguna-la evitó incluso en la tradicional copa de Navidad en Moncloa, este miércoles- y ese papel lo han asumido otros portavoces, algunos improvisados. Los vicesecretarios, algunos miembros del Gobierno, e incluso ex ministros. El mensaje es unánime:  reconocimiento a la trayectoria del ex presidente y deseo de “cordialidad” en las relaciones futuras.

El peso del votante tradicional

Sin embargo, será solo a medida que transcurran los meses cuando se defina el tono de esa nueva convivencia, que nunca llegará a estar rota del todo.

En el PP se asume que Aznar es aún capaz de sostener a un relevante sector de la militancia, crítico con el programa actual, y donde las opiniones del ex presidente son bien recibidas. De hecho, aunque en fuentes del PP se admite que la renuncia “era el siguiente paso, dado el historial de mala relación” con el partido, fueron dos de las decisiones más recientes del Gobierno las que acabaron por precipitar la decisión: la ‘Operación diálogo’ con la Generalitat, en manos de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y la subida de impuestos especiales (alcohol, tabaco y bebidas azucaradas), dos elementos que generan un amplio rechazo entre los electores del partido.

Esos planes vendrán además condicionados por el sesgo que Rajoy imponga a una legislatura en la que habrá de cerrar acuerdos con otras formaciones. De hecho, el PP está dispuesto a convertir al PSOE en un aliado estratégico lo que, inevitablemente, conllevará cesiones. Y con ellas, también nuevos descontentos.

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