Un CDR compró precursores de explosivos diciendo que es profesor y quería hacer «experimentos» en clase

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Los agentes de Información fueron los responsables de desarticular el comando CDR que planeaba atentar por la sentencia del 'Procès'
  • T. GÓMEZ, P. BARROS, B. JIMÉNEZ y M.A. RUIZ

Jordi Ros Sola, el químico de los CDR detenidos por terrorismo, se encargó de comprar los componentes básicos para fabricar amonal, el mismo explosivo que la banda terrorista ETA utilizó en el atentado de Hipercor.

La Guardia Civil intervino la llamada telefónica que Jordi Ros realizó el pasado 22 de agosto a una conocida droguería de Badalona para pedir si podían venderle ácido nítrico con una concentración del 65%. El ácido nítrico se utiliza para fabricar explosivos tan potentes como el amonal y el amosal.

El tendero le confirmó que tenía este producto disponible pero sólo se puede vender a profesionales, por lo que tendría que aportar el NIF de su empresa. Jordi Ros aseguró entonces que es profesor y quería este producto para realizar «analíticas» en clase con sus alumnos. El droguero le advirtió entonces que para cerrar la venta debería aportar su carné de docente y el NIF de su escuela.

A continuación, el CDR preguntó si también podían venderle nitrato de potasio con una pureza del 99,8% para utilizarlo como «reactivo». El droguero le confirmó que «son cristales y la pureza la tendría que mirar. Tendría que mirar la ficha de seguridad del producto», según la transcripción que obra en el sumario.

«Está muy controlado por los Mossos»

Pero el tendero no se quedó tranquilo y advirtió a su interlocutor que se trata de un «precursor de explosivos«, igual que el ácido nítrico, que está «controlado por los Mossos«. Ros se echó a reír y aseguró que «ya lo sabe», pero él sólo lo quería para hacer experimentos con sus alumnos. Dejó su número de teléfono al tendero quien, unos minutos después, le llamó para confirmarle que tenía ambos productos disponibles.

Dos días después, Jordi Ros telefoneó a otro de los CDR detenidos, Alexis Codina, y ambos quedaron para hacer pruebas con estos componentes. Codina le aconsejó que acudiera a su casa después de cenar, una vez se hubieran acostado sus hijos.

Según explicó, tenía a sus «hijos en casa y no quiere que le vean trajinar ácidos y cosas así para que no les pique la curiosidad». Porque, explicó, «los niños están de vacaciones y están todo el día ahí, pero por la noche están dentro durmiendo».

Finalmente, quedaron a las 11 de la noche. «Si no, hago el experimento yo y lo grabo en vídeo«, señaló Codina en otro momento de la conversación, «hace mucho escándalo cuando se reactiva la reacción, pero mucho. Piensa que estamos hablando de cargas de… 5 gramos de hierro y dos de aluminio. Y ya te digo, el crisol se está que no lo puedes tocar por lo menos en media hora», debido al calor que desprende.

«Es para matar unos topos»

Jordi Ros no sólo se había encargado de comprar ácido nítrico y nitrato de potasio. En los días previos, también había telefoneado a varios establecimientos para pedir otros componentes básicos del explosivo. Todas estas conversaciones fueron grabados por la guardia Civil, que había pinchado su teléfono móvil con autorización judicial tras las primeras sospechas.

Ros telefoneó el 29 de julio a un laboratorio farmacéutico situado en la calle Aribau de Barcelona para pedir una báscula de precisión. Después de que el encargado le ofreciera una con una precisión de dos decimales, el CDR se interesó entonces por adquirir un «aparato para hacer electrolisis«. Dos días después, llamó al mismo establecimiento para encargar formol.

Ya el 19 de agosto, el CDR telefoneó a un amigo, P.C.P., y le pidió que fuera a un establecimiento denominado La Perpetuenca a comprar carbonato de potasio. Esta vez no se hizo pasar por profesor: «Es para matar unos topos, hay una chica que tiene topos en el jardín y se comen todas las raíces«, explicó como excusa.

Un informe elaborado por el Grupo Especial de Desactivación de Explosivos (GEDEZ) de la Guardia Civil, remitido al juez Manuel García-Castellón el pasado 23 de septiembre, determina que Jordi Ros había montado «un laboratorio casero e ilegal para la génesis casera de sustancias explosivas y/o deflagrantes».

Para ello contaba con «probetas, matraces, pipetas, recipientes de mezclado, cucharillas, sistemas de calefactado como pastillas de encendido, resistencias eléctricas del tipo freidora de cocina, soplete a gas, morteros para molido, sistemas de filtrado a base de filtro de papel, secadero de circunstancias para secar sales húmedas (plato de antena parabólica con cubierta de papel de aluminio, que actúa con reflector de la luz solar)», además de los citados precursores de explosivos.

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