Trump convoca a Repsol para tratar el futuro energético en Venezuela junto a las grandes petroleras occidentales
La compañía española controla junto a ENI el 33% del gas que reciben los venezolanos

Repsol será una de las compañías presentes en la cumbre convocada por el presidente estadounidense Donald Trump con los gigantes del petróleo para debatir el futuro del negocio en Venezuela, un movimiento que vuelve a situar a la energética española en el centro del tablero geopolítico. La reunión contará también con la presencia de Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips y otros actores que han operado históricamente en el país hispanoamericano.
La Administración Trump busca articular un nuevo marco energético para aprovechar las enormes reservas venezolanas y reactivar una producción colapsada tras años de expropiaciones, sanciones y abandono de infraestructuras. En ese rediseño, el papel de Repsol cobra especial relevancia: gestiona actualmente, junto a la italiana ENI, el 33% del gas que consumen los venezolanos gracias al yacimiento offshore de La Perla, una de las pocas operaciones que han logrado mantenerse activas y solventes incluso en el periodo de mayor deterioro económico del país.
La petrolera española ha sido invitada directamente por la Casa Blanca como parte del grupo de empresas que podrían desempeñar un papel clave en la reactivación del sector, centrado en este caso en el sector petrolífero. Tanto la reunión como los contactos previos se están celebrando bajo estricta confidencialidad, aunque fuentes conocedoras confirman que Repsol participa de forma activa en las conversaciones.
Trump y las petroleras occidentales
Más de una docena de ejecutivos petroleros han sido convocados a Washington para definir los pasos que permitirían a las empresas regresar a Venezuela con seguridad jurídica, garantías financieras y estabilidad política. La reunión estará encabezada por el secretario de Energía, Chris Wright, y el de Interior, Doug Burgum, ambos alineados con la estrategia del presidente: aprovechar el vacío dejado por Nicolás Maduro para reconstruir la industria y orientarla hacia los intereses occidentales.
En esta primera fase, según han comentado en varias ocasiones desde la propia Casa Blanca, la prioridad no es perforar nuevos pozos, sino sacar del país los cerca de 50 millones de barriles de crudo almacenado en tanques y puertos venezolanos debido al bloqueo comercial de los últimos años. Ese petróleo podría destinarse a refinerías estadounidenses y europeas, incluidas las instalaciones de Repsol, que en ningún momento ha abandonado la actividad en Venezuela. Hay que recordar, además, que Venezuela mantiene a través de PDVSA una deuda con la compañía española, precisamente por la obtención del gas anteriormente mencionado para su distribución.
La experiencia de Repsol y ENI en La Perla (un proyecto que ha sobrevivido gracias a su autonomía operacional y a acuerdos de suministro firmados con el Gobierno venezolano) convierte a la compañía española en un actor de primera línea para cualquier intento de reconstrucción del sector. No en vano, el gas procedente de La Perla abastece a aproximadamente un tercio de los hogares e industrias del país, una cifra especialmente relevante en un sistema energético muy desgastado pese a sus riquezas naturales.
Las expropiaciones del chavismo y los impagos de PDVSA siguen pesando enormemente en las decisiones de inversión. Las compañías exigen seguridad física para sus empleados, claridad regulatoria, protección ante eventuales cambios políticos y un marco financiero estable para operaciones que requerirían inversiones de miles de millones de dólares sólo para recuperar los niveles de producción.
Trump, consciente del coste que supone reconstruir la industria venezolana, ha puesto sobre la mesa sistemas de incentivos y garantías del Tesoro estadounidense, aunque todavía no se ha cerrado ningún acuerdo. El objetivo final es transformar a Venezuela en un proveedor estratégico de crudo pesado y gas para el hemisferio occidental, desplazando la influencia rusa y china que se consolidó durante la era Maduro.