Reestructuración bancaria

Oliu seguirá mandando en Sabadell pese a nombrar a González Bueno y a renunciar a sus poderes

Josep Oliu
Josep Oliu, presidente de Banco Sabadell.

Josep Oliu, el histórico presidente de Banco Sabadell, anunció ayer que abandona sus poderes ejecutivos, pero distintas fuentes cercanas a la entidad aseguran que seguirá llevando las riendas aunque formalmente el primer ejecutivo será el nuevo consejero delegado, César González Bueno. Este movimiento se hace para contentar al BCE, siempre insistente con las cuestiones de gobierno corporativo, pero no tiene verdadera importancia en la realidad, según estas fuentes.

«A Sabadell, como a la mayoría de los bancos españoles, el BCE le ha dicho mil veces que tiene que separar las funciones ejecutivas del presidente. Y Oliu, que es muy listo, ha querido hacer un gesto al supervisor ahora que va a tener que bregar mucho con él para convencerle de que puede sacar adelante el banco en solitario tras la fusión fallida con BBVA», señala una de las fuentes.

Otra añade que «para dejar las funciones ejecutivas, Oliu necesitaba encontrar un perfil con dos rasgos: ser conocido y respetado en el mundo financiero, y ser ‘maleable’. González Bueno cumple las dos condiciones». «Así mata dos pájaros de un tiro: contenta al BCE y no tiene un consejero delegado que cuestione sus decisiones, como sí hacía Guardiola», en opinión de una tercera fuente.

Esta «maleabilidad» de González Bueno no solo deriva de su carácter, sino de su experiencia y del momento que atraviesa la banca, en general, y Sabadell, en particular. El nuevo CEO se ha dedicado en exclusiva a la banca comercial de clientes pequeños y es un especialista comercial y de marketing, pero ahora tendrá que gestionar una entidad con un enorme peso de banca de empresas, sobre todo pymes, y con un importante negocio de banca privada y gestión de activos.

En cuanto al momento, los tipos negativos, la nula rentabilidad y la oleada de morosidad que se espera por el covid tienen dos efectos. Por un lado, le impiden repetir la fórmula que le dio tanto éxito en ING Direct y EVO Banco: cuentas corrientes remuneradas y ausencia de comisiones. Y por otro, le obligan a bajar a la sala de máquinas para gestionar las provisiones y saneamientos, que van a ser la clave de los resultados en los próximos años. Por no hablar de procesos necesarios como un duro ajuste de plantilla o la venta del británico TSB.

El ‘falso paso atrás’, una especialidad española

Este ‘falso paso atrás’ es una costumbre inveterada entre los grandes banqueros en España. El ejemplo más antiguo es el de Jaime Botín en Bankinter, donde tuvo que abandonar la presidencia en 2002, pero hasta el día de hoy sigue ostentando un enorme poder en la estrategia de la entidad (no tanto en el día a día, que lleva su consejera delegada, Dolores Dancausa).

Otro ejemplo muy notable es el de Isidre Fainé en CaixaBank en 2016 para poner en su lugar a un presidente sin apenas poderes, Jordi Gual, aunque con un CEO que sí manda, Gonzalo Gortázar. Pese a esta renuncia, Fainé sigue detentando desde la Fundación La Caixa (máximo accionista de CaixaBank) un poder casi absoluto en la mayor entidad catalana. De hecho, ha sido el muñidor de la fusión con Bankia y ha conseguido importantes prebendas de los reguladores para la operación, como ha informado OKDIARIO.

En situación muy parecida a la de Fainé se encuentra Braulio Medel, el histórico presidente de Unicaja durante 25 años. También dejó el sillón presidencial de Unicaja Banco en 2016, cuando la ley obligó tanto a él como a Fainé a optar entre el banco o la fundación (la antigua caja de ahorros). Ambos eligieron la fundación y Medel colocó a su número dos, Manuel Azuaga, como presidente. Pero, desde la de Fundación Unicaja, Medel sigue moviendo los hilos del banco y está pilotando la fusión con Liberbank que fracasó en mayo de 2019, se retomó este verano y, si alcanzan un acuerdo que todavía se resiste sobre la ecuación de canje, por fin se cerrará antes de fin de año.

Aunque, sin duda, el caso más llamativo de este ‘falso paso atrás’ es el de Francisco González en BBVA. FG dimitió a finales de  2018 tras 22 años en la presidencia, desde que se hiciera con todo el poder de la fusión BBV-Argentaria en 1996 tras el escándalo de las cuentas de Jersey. Se vio forzado a ello cuando la magnitud del escándalo de la relación del banco con el excomisario Villarejo fue imposible de suavizar, ni siquiera con el forensic que encargó a PwC para ralentizar y controlar la investigación judicial.

González intentó mantenerse como presidente de honor y de la Fundación BBVA, como Fainé y Medel, pero en marzo de 2019 también tuvo que abandonarla. Como en los casos anteriores, nombró presidente a un hombre ‘maleable’, en este caso su hasta entonces CEO, Carlos Torres, para poder seguir controlando las decisiones estratégicas del banco. La particularidad de BBVA es que Torres fue nombrado presidente ejecutivo, con el argumento de que, si el BCE permitía serlo a Ana Botín en Santander, también debía autorizárselo a ellos.

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