Giro de 180º en las tarjetas de crédito: el Gobierno lo ha confirmado y no hay vuelta atrás
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Pagar con tarjeta se ha convertido en un gesto tan normal que casi nadie piensa en lo que implica. Da igual si es una compra pequeña o un gasto más serio, ya que es fácil sacar la tarjeta sale del bolsillo y usarla sin más. Sin embargo ese hábito, tan extendido, ha hecho que muchos consumidores no hayan reparado en cómo funcionan realmente las tarjetas de crédito ni en el margen de maniobra que durante años han tenido los bancos para gestionarlas. De hecho, cuando al abrir una cuenta en el banco nos ofrecen, o nos envían, las tarjetas de crédito, no solemos cuestionar nada cuando en realidad no debería ser así. Algo a lo que por lo visto, el Gobierno quiere poner freno.
Hasta ahora, lo habitual era que algunas entidades ofrecieran tarjetas de crédito prácticamente listas para usar sin que el cliente las hubiera pedido. Llegaban sin más a casa, y también se podía dar el caso de que nos llegara un aviso sobre una ampliación en el límite disponible sin que nosotros hubiéramos pedido nada, simplemente por política interna del banco. En muchos hogares ni se cuestionaba; llegaba esa carta informativa, se daba por hecho y el sistema seguía adelante como si fuera lo normal. Pero ahora ese escenario se acaba. El Gobierno ha confirmado un giro regulatorio que es de suma importancia ya que ningún banco podrá emitir una tarjeta de crédito ni subir el límite si el cliente no lo solicita de forma clara y expresa. Ya no valdrá una comunicación genérica ni un aviso posterior. Si no hay consentimiento previo, no se tiene porqué enviar nada y mucho menos ampliar el crédito.
Es un cambio de planteamiento que toca de lleno la operativa diaria de las entidades financieras con respecto a las tarjetas de crédito. El Ejecutivo defiende que el objetivo es sencillo ya que se desea frenar situaciones de sobreendeudamiento si bien estas se han multiplicado en un contexto de intereses altos y familias ajustando cada mes para llegar al día 30.
Giro de 180º en las tarjetas de crédito: el Gobierno lo ha confirmado y no hay vuelta atrás
Aunque aún falta la tramitación parlamentaria, el anteproyecto introduce un principio que modifica todo el sistema ya que la iniciativa para solicitar tarjetas de crédito tiene que ser del cliente. Esto afecta a situaciones tan comunes como:
- Tarjetas de crédito enviadas automáticamente al abrir o renovar una cuenta.
- Límites ampliados sin consulta previa.
- Créditos preconcedidos incluidos en la tarjeta.
Si el anteproyecto de ley sale adelante nada de esto podrá activarse sin que la persona lo pida expresamente. Las entidades deberán documentarlo todo y demostrar que el cliente ha aceptado la contratación o la ampliación. En la práctica, esto supone una reestructuración interna de los bancos y un cambio en su estrategia comercial.
Por qué llega este cambio ahora
En los últimos meses, asociaciones de consumidores venían alertando de un aumento de reclamaciones. Personas que descubrían, casi sin darse cuenta, que tenían disponible un límite de crédito mayor del que querían. O que se encontraban con una tarjeta que no recordaban haber pedido.
A esto se añade un factor clave: los tipos de interés siguen en niveles altos y el uso de crédito rápido o aplazado se ha disparado. Para el Gobierno, este es un cóctel que podía derivar en un aumento de deudas difíciles de asumir. Por eso se ha optado por regular antes de que el problema vaya a más.
Cómo afectará a los usuarios el nuevo sistema
Los consumidores, en realidad, ganan control. La tarjeta de crédito seguirá existiendo como hasta ahora, pero ya no la recibiríamos de manera automática en el buzón ni se activará sin que el titular lo pida. Cada ampliación del límite tendrá que llevar una autorización específica.
De este modo será imposible encontrarse con sorpresas en el límite, y con ello, evitar incrementos de deuda que no se habían previsto. A esto se suma también, el que los bancos tendrán que explicar mejor qué condiciones ofrece cada tarjeta. De este modo, para quienes usan la tarjeta de crédito como herramienta puntual, este posible cambio les permitirá menos riesgo y más transparencia.
¿Cuándo entrará en vigor?
Aunque la medida está confirmada, la norma aún debe pasar por el Parlamento y desarrollar su reglamento. El Gobierno prevé que todo quede listo a lo largo de 2026. A partir de ese momento, los bancos estarán obligados a aplicar la nueva normativa sin margen para interpretaciones.
La etapa que se abre ahora no es inmediata, pero sí definitiva. Ya está decidido que la iniciativa debe partir siempre del consumidor. Y eso supone un giro de 180 grados en un producto financiero que, durante demasiado tiempo, ha funcionado sin un control claro por parte del usuario, así que cuando la ley esté en vigor, cada tarjeta, cada límite y cada crédito dependerá únicamente de lo que el cliente decida solicitar.