SMI

Las empresas españolas no están preparadas para una subida del salario mínimo

Las empresas españolas no están preparadas para una subida del salario mínimo
Magdalena Valerio. Foto: Europa Press
  • Francisco Coll Morales

El sindicato UGT, pese a la subidas recientes del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), ha exigido un mayor compromiso al Gobierno, pidiendo que se incremente de forma interanual en los próximos años, llegando hasta los 1.200 euros en los próximos dos ejercicios. Una medida polémica, pero que, desde el propio sindicato creen que es muy necesaria para la clase trabajadora en el país.

El problema es que este tipo de políticas son muy complejas a la hora de aplicarlas, más aún en un escenario donde la empresa no atraviesa por un momento de bonanza económica. Una subida del SMI, en un escenario como el actual, sobre todo si se ejecuta mal y si no alinea los intereses de los trabajadores con los propios de la empresa, podría tener un efecto opuesto al deseado, destruyendo empleo y generando una situación menos favorable que la de partida.

Estamos hablando de incrementar los costes para una empresa con el fin de que estos repercutan en unas mejores condiciones salariales para los empleados. La teoría económica dice que si los empleados poseen una mayor renta disponible, estos van a incrementar su consumo, produciendo así un mayor ingreso para las empresas. Sin embargo, no siempre ocurre así, ya que podría dañar la sostenibilidad de las compañías.

España es un país que, por desgracia, se compone de un tejido empresarial en el que un gran porcentaje de sus empresas son de tamaño muy reducido. De acuerdo con los propios datos, el tejido empresarial español se compone, entre otras, por un 99,8% de pequeñas y medianas empresas.

Tener empresas pequeñas, como ya nos ha enseñado la historia, no solo nos hace menos competitivos en un mercado globalizado como el actual sino que también obliga a ser más prudentes y a actuar con más cautela, sobre todo en momentos donde la economía no atraviesa un buen momento.

De acuerdo con los principales organismos internacionales las empresas con menor tamaño son más vulnerables a la hora de atravesar una recesión económica.

Entre 2009 y 2015 las Pymes acabaron con el 25% del empleo destruido. En el caso de las grandes empresas estas solo destruyeron el 6% del empleo. Es decir, ante las crisis económicas los datos muestran que las Pymes son más propensas a destruir empleo por su bajo tamaño, así como la capacidad de mantener en plantilla a unos empleados ante la gran falta de recursos.

Estos bajos recursos, aunque parezca la misma excusa de siempre, vienen a ser la principal razón por la que las empresas españolas, en estos momentos en los que no hay políticas alternativas que complementen las políticas de subida del SMI, no pueden incrementar el SMI a los niveles exigidos por UGT.

España sigue sufriendo uno de los mayores lastres para la creación, el desarrollo y la mejora del empleo en un país: los niveles de productividad en España llevan mucho tiempo estancados y las empresas no producen de la misma forma que sí lo hacen nuestros homólogos en Europa. Con las políticas adoptadas, aún no se ha encontrado la forma de llevar los niveles de productividad, al menos, hasta el nivel promedio de los países de la zona euro.

De acuerdo con los datos que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE), España está llegando a una situación donde el avance del empleo llega a superar al crecimiento del PIB. En España se está ocupando a más trabajadores por la sencilla razón de que nuestra productividad, medida por trabajador ocupado en el país, no supera la media europea. De acuerdo con los datos de Eurostat, el PIB en relación con un trabajador, está en niveles muy distantes de los países miembros de la Unión Europea, arrojando unos niveles que distan casi un 6% de nuestros homólogos europeos.

Estamos ante un escenario donde para aumentar las unidades de producción, debemos aumentar la contratación para que ello sea posible. El estancamiento de la productividad nos está llevando a ser menos competitivos que el resto de países en el mercado global, provocando un claro efecto negativo para el país.

Ahora bien, en un país donde los trabajadores no producen más sino menos que la media de los países de nuestro entorno, incrementar los salarios para los mismos, teniendo que aumentar la contratación para producir más constantemente, es un auténtico suicidio para nuestro tejido empresarial.

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