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Cunde el revuelo en la hostelería: España obliga a bares y restaurantes a ofrecer raciones pequeñas y dar las sobras gratis

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Blanca Espada

En muchos bares y restaurantes van a cambiar las cosas en lo que respecta a las raciones que se sirven y también a las sobras. De hecho ya han empezado  a cambiar, a partir de una norma que comienza a notarse en pequeños detalles como por ejemplo cartas más flexibles, camareros que preguntan si quieres llevarte lo que sobra o incluso clientes que se sorprenden cuando les ofrecen un táper sin coste.

Detrás de todo esto está la Ley 1/2025, que entró en vigor el pasado 3 de abril y que tiene como objetivo el reducir el desperdicio de alimentos. Algo que puede sonar lejano, pero en realidad afecta directamente a algo tan cotidiano como salir a comer fuera. El problema no es menor si tenemos en cuenta que en España se tira una cantidad de comida que lleva tiempo preocupando a las administraciones. De ahí que se haya decidido dar un paso más y convertir en obligación algunas prácticas que hasta ahora dependían de la voluntad de cada negocio.

España obliga a bares y restaurantes a dar las sobras gratis

Uno de los puntos que más está llamando la atención es que a partir de ahora, si un cliente no termina su plato, el establecimiento debe ofrecerle la opción de llevárselo. Y no sólo eso, el envase no se puede cobrar. Puede parecer algo lógico, pero no era lo habitual en todos los sitios ya que había locales donde se ofrecía sin problema y otros donde directamente no se contemplaba o se cobraba por el recipiente, pero con la nueva ley, eso cambia.

Otro de los aspectos que está generando más conversación es el tamaño de las raciones. Aquí conviene matizar algo importante y es que no se trata de una obligación estricta, sino de una recomendación incluida dentro de una guía de buenas prácticas.

Aun así, muchos negocios ya están empezando a adaptarse. La idea es ofrecer más opciones al cliente con raciones pequeñas, medianas o grandes, según el apetito. También se plantea la posibilidad de ajustar acompañamientos o modificar platos para evitar que sobre comida. No todos los locales lo aplicarán igual, pero es previsible que, poco a poco, esta flexibilidad se vaya viendo cada vez más en cartas y menús.

El papel de los restaurantes

Más allá de lo que ve el cliente, la ley introduce una obligación interna importante ya que todos los establecimientos deben contar con un Plan de Prevención del Desperdicio Alimentario.

Esto no es un simple trámite ya que es un documento donde el negocio tiene que explicar qué hace para evitar tirar comida. Desde cómo gestiona el stock hasta qué ocurre con los alimentos que no se venden. No tener este plan puede acarrear sanciones. Y aquí es donde la normativa empieza a ponerse seria.

Multas que pueden alcanzar cifras muy altas

Las sanciones existen y no son simbólicas. En el caso de infracciones graves, como no disponer de ese plan de prevención, las multas parten de los 2.001 euros. Pero lo que más preocupa al sector es la reincidencia. Si se repiten las faltas en un periodo de dos años, las cantidades pueden subir de forma considerable, llegando incluso a los 500.000 euros en los casos más extremos. No es lo habitual, pero está contemplado. Y eso hace que muchos negocios estén revisando cómo adaptarse cuanto antes.

Los supermercados también entran en juego

Aunque la hostelería está en el foco, la ley va más allá, con los supermercados que también tienen que aplicar medidas para reducir el desperdicio y una  de las más visibles es la obligación de rebajar productos cuya fecha de consumo esté próxima. Es algo que ya se veía en muchos establecimientos, pero ahora pasa a estar más regulado. Además, se fomenta la donación de alimentos y otras prácticas relacionadas con la economía circular, una idea que aparece de forma constante en la normativa.

Menos desperdicio y más control

Todo esto responde a un objetivo más amplio. La ley busca alinearse con los compromisos europeos e internacionales que plantean reducir a la mitad el desperdicio de alimentos antes de 2030. No es sólo una cuestión de sostenibilidad, aunque ese es uno de los argumentos principales. También tiene que ver con el aprovechamiento de recursos y con cambiar hábitos que llevan años instalados.

En el día a día, esto se traduce en pequeños gestos que empiezan a normalizarse. Pedir una ración más ajustada, llevarse lo que sobra o encontrar más opciones en la carta. Puede que al principio choque, sobre todo en un sector acostumbrado a funcionar de otra manera. Pero poco a poco, estos cambios van entrando en la rutina.

Y al final, sin grandes anuncios ni cambios bruscos, lo que está ocurriendo es que la forma de consumir, incluso en algo tan cotidiano como comer fuera, empieza a girar hacia un modelo distinto.

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