El desafío de Cristiano Ronaldo: un Clásico para acabar con nueve meses de depresión

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Cristiano Ronaldo, con gesto desolado en el último derbi de Liga en el Calderón (4-0). (Getty)
Miguel Serrano
  • Miguel Serrano
  • Me confundieron con un joven prodigio pero acabé de periodista. Escribo cosas de deportes y del Real Madrid en OKDIARIO, igual que antes las escribía en Marca. También a veces hablo por la radio y casi siempre sin decir palabrotas. Soy bastante tocapelotas. Perdonen las molestias.

Sábado, 7 de febrero de 2015, 17.45 horas. Vicente Calderón, Madrid. Cristiano Ronaldo abandona el césped del estadio rojiblanco, mirando al suelo y cabeceando en señal de negación. No se creee lo que acaba de vivir en carnes propias. Al Real Madrid acaban de meterle un 4-0 sonrojante, posiblemente la derrota más humillante desde el alcorconazo, más incluso que la manita en el Camp Nou en 2010.

Aquella tarde sí que empezó todo, unas horas antes de que el fantoche de Kevin Roldán viviera su gran noche. Cristiano le daba vueltas a la derrota mientras se acicalaba en su chalet de La Finca para su fiesta de cumpleaños, aunque no tenía el cuerpo para romper tarima. En caliente, Ronaldo sentía que había llegado el momento de poner punto y final a su etapa en el Madrid, que no estaba dispuesto a dilapidar los mejores años de su carrera al lado de un equipo de perdedores sin carácter y que era el momento de buscarse otro equipo, otro reto, otra ilusión.

Cristiano ha marcado 15 goles en sus 22 Clásicos ante el Barça

Luego vino la fiesta y todo lo demás. Cristiano culpó a los medios de difundir aquellas imágenes poco edificantes que fueron subidas a las redes sociales por sus propios invitados, incluidos varios jugadores del Madrid –Keylor, James, Khedira…– que hicieron un papelón en aquella noche en la que muchos madridistas se fueron a la cama sin cenar después del Calderonazo.

Ronaldo no ha sido el mismo desde entonces. Por cada sonrisa se le han visto mil muecas de disgusto, de enfado, de desesperación. Por cada ¡uhhhhhh! después de un gol, un centenar de pucheros, de miradas al cielo, de brazos levantados, de lamentos como un fado que entra en bucle. No era tristeza, era depresión postraumática.

Sin ‘feeling’ con Benítez

Después del Calderón, vinieron otras derrotas dolorosas –San Mamés, Camp Nou…– y la Liga se fue escapando después de tenerla a huevo, con cuatro puntos de ventaja a falta de diez jornadas. También se escapó la Champions, después de que Ancelotti, tan amigo y tan añorado por Cristiano, fuera incapaz de cerrar dos partidos ante la Juve que tenía más encarrilados que un AVE: 1-1 en Turín al descanso y 1-0 en el Bernabéu también al final del primer tiempo.

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Los números de Cristiano en este arranque de temporada.

Sin Liga, ni Copa, ni Champions y con un Barça levantando el triplete a lomos de su archienemigo Leo Messi, se fue Cristiano de vacaciones, entre crema solar y yates, pensando que no podía haber nada peor. Pero entonces llegó Benítez. El luso supo desde el primer minuto que su técnico no le iba a caer bien. Y acertaba.

La relación entre Benítez y Ronaldo se fue deteriorando como una botella de gaseosa que se queda abierta en la nevera. Hoy es sencillamente inexistente. Ni se hablan, ni se miran. Cristiano evita a su técnico como quien va con zapatos nuevos y esquiva un charco. El luso no está a gusto ni en los entrenamientos ni en los partidos, de ahí su extraña sequía goleadora que le ha dejado sin marcar en 9 de los 15 partidos oficiales del Madrid, algo inaudito para el mejor goleador de todos los tiempos.

Ahora llega el Barça al Bernabéu después de que el Madrid tocara fondo en Sevilla. Han sido dos semanas duras, entrenándose a solas con la derrota en Valdebebas, pero Cristiano tiene ante sí el penúltimo reto: un Clásico para acabar con una depresión que ya dura más de nueve meses.

El luso necesita un gran partido para olvidar un parto doloroso, lleno de derrotas, de sueños rotos y de fracasos y el Barça es el rival ideal. Al contrario de lo que muchos dicen, a Ronaldo siempre se le dieron bien los partidos grandes y la prueba de los Clásicos no miente: ha jugado 22 veces ante el Barça y ha marcado 15 goles. Cristiano, este sábado puede ser un gran día, plantéatelo así.

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