Víctor Küppers, orador y experto en psicología (56 años): «Tú no vales tu coche ni el tamaño de tu televisión, tú vales tu calidad humana»
Cuando se trata de quiénes somos, de nuestra identidad e incluso de nuestra propia valía, lo que muchos creen es que todo se resume en lo que se tiene, en lo que se posee o en lo que se puede mostrar. Pero realmente se trata de mucho más que eso, y de algo bastante más difícil de medir a simple vista.
En este caso, muchos se comparan constantemente con los demás y se dejan llevar por lo material sin darse cuenta. Víctor Küppers, un reconocido conferenciante y experto en psicología, ha lanzado una reflexión sobre esto, recordando algo que a veces se olvida por completo: que el valor real de una persona no está en lo que tiene, sino en cómo es.
La fórmula con la que Küppers mide el valor de una persona
La premisa de Víctor Küppers es clara: «Tú no vales tu coche ni el tamaño de tu televisión, tú vales tu calidad humana». Esta frase resume perfectamente el núcleo de su filosofía, que él desarrolla en sus conferencias centradas en la psicología positiva y en la importancia de recuperar los valores humanos fundamentales.
Para Küppers, el éxito no se mide por lo que se posee, sino por la forma de ser de cada persona, y esa desconexión entre lo material y el valor real tiene un efecto multiplicador en la vida diaria: prioriza la empatía sobre el estatus social, reduce la frustración de compararse con los demás y fomenta la gratitud por lo que se es, no por lo que se tiene.
Su fórmula más famosa resume esta idea con una ecuación sencilla: V = (C + H) × A, donde C son los conocimientos, es decir, lo que se sabe; H son las habilidades, lo que se sabe hacer; y A es la actitud, la forma de ser. Los conocimientos y las habilidades suman, pero la actitud multiplica todo lo demás.
Por qué a veces pensamos que valemos por lo que tenemos
Pensamos que valemos por lo que tenemos debido a la presión de la sociedad y al consumo masivo, que relacionan las posesiones materiales con el éxito personal. La publicidad constante muestra que comprar objetos nuevos da felicidad, poder y belleza, y esto se refuerza con la comparación social, ya que las personas miran los bienes de los demás para medir su propio valor y estatus.
A esto se suma que, en ocasiones, una baja autoestima lleva a usar marcas o cosas caras para buscar la aprobación y el respeto del grupo. La cultura del éxito también influye desde edades tempranas, ya que la educación tradicional enseña desde pequeños que ganar más dinero significa ser más importante.
Cómo separar tu felicidad de tus compras
Una de las claves para controlar el impulso de comprar es aplicar la regla de las 72 horas: esperar tres días antes de adquirir un antojo para enfriar la emoción. También ayuda hacerse una pregunta de control, cuestionando si realmente se necesita el objeto o solo se busca la prisa momentánea de comprarlo, así como bloquear las tentaciones eliminando las aplicaciones de tiendas del teléfono y borrando las tarjetas guardadas.
Cambiar el enfoque también es fundamental, gastar en experiencias en lugar de objetos, como pasear, aprender algo nuevo o ver a amigos, suele generar más satisfacción duradera. Llevar un diario de gratitud, escribiendo cada noche tres cosas no materiales que se agradecen del día, y calcular el costo en tiempo de un objeto según las horas de trabajo que costó ganarlo, son otras dos estrategias que ayudan a relativizar el consumo.
Por último, conviene buscar fuentes reales de dopamina que no dependan del consumo, el ejercicio físico libera endorfinas de forma natural y gratuita, la conexión social a través de conversaciones profundas con personas valoradas aporta bienestar genuino, y la creación manual (cocinar, dibujar o arreglar algo) produce un orgullo que supera al de comprar.
Temas:
- Curiosidades
- Frases
- Psicología