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La planta de flores doradas que sirve como pesticida natural y además podría ser la fuente de proteínas del futuro, según un estudio

Planta, flora, curiosidades
Tagetes. Foto: Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0 / O Tupinólogo
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Encontrar nuevas fuentes de proteína sostenibles se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la industria alimentaria. El crecimiento de la población mundial, unido a la necesidad de reducir el impacto ambiental de la producción de alimentos, está impulsando la búsqueda de ingredientes innovadores que aprovechen recursos hasta ahora infrautilizados.

La caléndula (Calendula officinalis), conocida tradicionalmente por su valor ornamental y medicinal, comienza a despertar el interés de la comunidad científica por una razón muy distinta: su notable perfil nutricional.

La caléndula emerge como una fuente de proteína con potencial para la alimentación del futuro

Un estudio ha descubierto que los pétalos de esta flor contienen una cantidad de proteínas similar a la de algunos cereales de consumo habitual. Este hallazgo plantea una nueva forma de aprovechar los residuos florales, transformando un material que hasta ahora se desechaba en un ingrediente con potencial tanto desde el punto de vista nutricional como tecnológico para la industria alimentaria.

La propuesta encaja, además, con los principios de la economía circular, que buscan reducir el desperdicio y maximizar el uso de los recursos disponibles.

La oportunidad es especialmente relevante si se tiene en cuenta el volumen de residuos que genera el sector de la flor cortada. Cada año se desechan miles de toneladas de flores que no llegan al consumidor o que pierden su valor comercial tras celebraciones y eventos.

En países como la India, los investigadores estiman que cerca del 40% de la producción anual de flores termina convirtiéndose en residuo, un problema ambiental que también representa una oportunidad para desarrollar nuevos ingredientes alimentarios.

Los investigadores de la Universidad de Georgia analizaron las propiedades estructurales y funcionales de la proteína obtenida de la Calendula officinalis. Los resultados muestran que la flor presenta un contenido proteico cercano al 10%, una cifra similar a la de cultivos como el trigo, la avena o la quinoa.

Además, aporta fibra dietética y minerales esenciales, entre ellos calcio, hierro y potasio, nutrientes que incrementan su interés desde el punto de vista nutricional.

¿Qué hace diferente a la proteína de la caléndula?

Uno de los aspectos más destacados del estudio es el comportamiento de esta proteína. La albúmina, que representa aproximadamente el 65% del total proteico de la caléndula, mantiene su estabilidad hasta superar los 105 °C.

Esta resistencia térmica resulta especialmente interesante para la industria alimentaria, ya que facilita su incorporación en productos sometidos a altas temperaturas, como panes, aperitivos o alimentos procesados.

Otra de sus ventajas reside en su capacidad para actuar como emulsionante. Gracias a la presencia de polipéptidos de bajo peso molecular, la proteína ayuda a estabilizar mezclas de agua y aceite, una propiedad muy valorada en alimentos como mayonesas, salsas o aliños.

Según recoge Earth.com, el profesor Anand Mohan, coautor de la investigación, destaca que aprovechar flores que hoy terminan en la basura para convertirlas en ingredientes alimentarios supone una oportunidad para reducir el desperdicio y avanzar hacia sistemas de producción más sostenibles.

El estudio, publicado en la revista científica ACS Food Science & Technology, también explica que el equipo consiguió separar la proteína en cuatro fracciones (albúmina, globulina, glutelina y prolamina), cada una con características funcionales diferentes y aplicaciones específicas.

La caléndula, un ingrediente funcional con beneficios para la industria alimentaria

Los investigadores también observaron que algunas de estas fracciones proteicas presentan una elevada actividad antioxidante. En concreto, la albúmina y la glutelina ayudan a ralentizar la oxidación de las grasas, un proceso que deteriora los alimentos y reduce su vida útil.

De acuerdo con los autores del estudio, esta propiedad podría favorecer el desarrollo de productos con mayor estabilidad sin necesidad de recurrir a determinados aditivos sintéticos.

A ello se suma otro aspecto de interés: el perfil de aminoácidos de la proteína de caléndula. La presencia de compuestos como el ácido glutámico y el ácido aspártico apunta a que este ingrediente podría potenciar el sabor umami de diferentes elaboraciones, aportando una mayor intensidad gustativa de forma natural.

Aunque todavía será necesario seguir investigando para ampliar sus aplicaciones comerciales, los resultados disponibles sitúan a la proteína de la caléndula como una alternativa prometedora dentro del desarrollo de ingredientes sostenibles.

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