Nadie lo vio venir: en 1982 reintrodujeron asnos en el desierto, y 40 años después han conseguido reforestar el ecosistema de forma natural
Los asnos salvajes poblaban el desierto del Néguev, en Israel, hasta que la caza intensiva de principios del siglo XX los dejó extinguidos por completo en la región. Nadie imaginó entonces que su regreso, décadas después, convertiría a estos animales en ingenieros capaces de transformar la geología y la flora de uno de los entornos más hostiles del planeta.
El plan original de las autoridades israelíes solo buscaba devolver una especie perdida a su hábitat histórico por razones de conservación. En 1982 se liberaron los primeros 28 ejemplares en el cráter Ramón, dentro del propio desierto del Néguev, y cuatro décadas más tarde entre 500 y 600 asnos viven en libertad, en lo que hoy se considera uno de los mayores éxitos internacionales de conservación ambiental.
Así llegaron los asnos salvajes al desierto del Néguev
Los animales liberados en 1982 no eran burros domésticos comunes, sino onagros persas y asnos salvajes africanos, dos especies al borde de la extinción cuya llegada a Israel combinó diplomacia internacional y una operación de rescate en plena revolución.
Antes de la Revolución Islámica de 1979, Israel e Irán mantenían buenas relaciones diplomáticas. El general Avraham Yoffe, director de la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel, negoció en secreto con el Shah de Irán, Mohammad Reza Pahlaví, la cesión de ejemplares de onagro persa procedentes de sus reservas reales. Irán regaló a Israel once onagros en 1968, trasladados en avión hasta la Reserva de Vida Silvestre de Yotvata, donde se estableció un núcleo de reproducción en cautividad.
Durante la década de 1970, Israel amplió la diversidad genética del proyecto al comprar a Etiopía un pequeño rebaño de asno salvaje africano, trasladado en barcos y camiones acondicionados hasta las reservas del sur del país. En diciembre de 1978, con Irán sumido en el caos de la revolución, agentes israelíes lograron sacar de Teherán en el último vuelo comercial de El Al otra especie bíblica en peligro, el ciervo dama mesopotámico, en una operación que refleja la tensión diplomática de aquellos años.
Tras más de una década de cría controlada en Yotvata, los científicos consideraron que el grupo era lo bastante grande y sano para su liberación definitiva. En 1982 seleccionaron el cráter Ramón para devolver a los asnos a la libertad total.
Cómo son los asnos salvajes que han reforestado el desierto
El onagro persa y el asno salvaje africano tienen poco que ver con el burro doméstico gris habitual en el campo. Su pelaje corto y arenoso, sin la franja oscura en forma de cruz sobre los hombros, les permite camuflarse entre las rocas del desierto. Sus cuerpos son más estilizados y atléticos, con patas largas parecidas a las de un caballo pequeño, y pueden alcanzar velocidades de entre 60 y 70 kilómetros por hora para escapar de los depredadores.
Sus cascos, extremadamente duros, están diseñados para caminar sobre terrenos rocosos sin desgastarse, y son la herramienta que utilizan para excavar los pozos de agua en la tierra seca. Su metabolismo soporta temperaturas superiores a los 40 grados y les permite pasar varios días sin beber agua, perdiendo hasta un 30% de su peso corporal por deshidratación sin morir. Su sistema digestivo, además, extrae nutrientes de arbustos secos y cortezas duras que otros herbívoros no pueden digerir.
Cómo se ha recuperado el ecosistema del desierto del Néguev
La recuperación del Néguev combina la labor de los asnos con una estrategia científica de la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel basada en cuatro pilares. El primero es la salvación de las acacias, el árbol que sostiene el desierto al fijar nitrógeno y dar sombra y alimento a decenas de especies. Sus semillas apenas germinaban por sí solas hasta que los asnos empezaron a devorar sus vainas: los jugos gástricos debilitan la corteza sin dañar la semilla, que germina con rapidez al ser expulsada en el estiércol húmedo del animal.
El segundo pilar es la red de pozos que los asnos excavan para beber, de hasta dos metros de profundidad, que funcionan como abrevaderos improvisados para gacelas, zorros, puercoespines y aves que no pueden cavar por sí mismas. La humedad alrededor de esos pozos favorece además la proliferación de insectos que atraen a murciélagos y otras especies insectívoras.
El tercer pilar fue una decisión científica arriesgada: en lugar de perseguir una pureza genética que podría haber puesto en riesgo el proyecto, Israel mezcló el onagro de Irán con el asno salvaje de Etiopía. Los ejemplares híbridos resultantes desarrollaron mayor inmunidad a enfermedades y una adaptación superior a las fluctuaciones climáticas del desierto.
El cuarto pilar es obra de los propios ingenieros ambientales israelíes, que construyeron terrazas y presas de tierra compacta inspiradas en técnicas nabateas para retener las inundaciones repentinas del invierno y mantener elevadas las capas de agua subterránea.
Gracias a ese conjunto de factores, el cráter Ramón y el desierto del Néguev han pasado de ser llanuras al borde del colapso a un modelo de resiliencia ecológica que hoy se estudia en todo el mundo.
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