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Último hallazgo inaudito de la ciencia: el increíble uso de los posos del café que tiramos a la basura

Los posos de café
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El café es una de las bebidas más populares del mundo, y los principales países consumidores son Finlandia, Noruega, Islandia, Dinamarca, Países Bajos, Suecia, Suiza, Bélgica, Luxemburgo y Canadá. En los últimos años, se han hecho virales multitud de trucos para reutilizar los posos de café como exfoliante corporal o fertilizante para plantas. Ahora, la ciencia ha ido un paso más allá, y ha encontrado la forma de transformar los posos de café en una materia prima muy valiosa para el sector de la construcción.

Se calcula que la producción mundial es de 10.000 millones de kilos de café al año, y los posos que quedan después de preparar la bebida son desechos orgánicos que en su mayoría terminan en vertederos. Un desperdicio que libera gases de efecto invernadero, como el metano, las cuales contribuyen directamente al cambio climático y al empeoramiento de la calidad del aire. En este contexto, un equipo de ingenieros de la Universidad RMIT, en Australia, ha decidido darles una nueva vida para minimizar el desperdicio.

El uso de posos de café como material para la construcción

«La inspiración de mi investigación, desde una perspectiva indígena, pasa por cuidar el país, garantizar que haya un ciclo de vida sostenible para todos los materiales y evitar que las cosas vayan al vertedero para minimizar el impacto en el medio ambiente», comenta a Science Alert Shannon Kilmartin-Lynch, ingeniera del RMIT.

Según el estudio, publicado en Journal of Cleaner Production, la clave está en someter los posos de café a un tratamiento térmico llamado pirólisis, mediante el cual se transforman en biochar, un carbón vegetal que reduce las emisiones de dióxido de carbono y puede aumentar la fertilidad en suelos con pH bajo.

Si bien es cierto que la idea de añadir café al hormigón suena revolucionaria, no se puede hacer directamente. Los investigadores comprobaron que los posos sin procesar debilitan la mezcla, ya que liberan compuestos orgánicos que interfieren con la reacción química endurece el cemento. Para evitarlo, los investigadores calentaron los residuos sin oxígeno para eliminar esos compuestos.

En primer lugar, probaron una temperatura de 350 °C y obtuvieron un biochar que mejoraba la resistencia del hormigón. A continuación, decidieron hacer la misma prueba, pero con una temperatura de 500 °C; sin embargo, las partículas resultaron demasiado frágiles y generaron microfisuras.

Los científicos también analizaron el comportamiento del biochar en el cemento mediante microscopios electrónicos y pruebas de resistencia. Las imágenes mostraron cómo las partículas de biochar a 350 °C quedaban firmemente adheridas a la matriz del cemento. Con estos resultados, el equipo de investigadores encontró que sustituyendo un 15% de arena por biochar a 350 °C, el hormigón era casi un 30 % más fuerte que el convencional.

Reemplazo de la arena natural

«El mantenimiento de un suministro sostenible de arena plantea retos críticos y duraderos debido a la naturaleza finita de los recursos y al impacto medioambiental de la extracción de arena», explicó el principal autor del estudio, Joe Li. Y añade: «El mantenimiento de un suministro sostenible de arena plantea retos críticos y duraderos debido a la naturaleza finita de los recursos y al impacto medioambiental de la extracción de arena».

Si esta técnica se aplicara a gran escala, Australia podría reciclar el 100 % de los posos de café, reemplazando parte de la arena y reduciendo la emisión de gases de efecto invernadero. Asimismo, los investigadores subrayan que el método es viable desde el punto de vista económico, ya que el proceso de pirólisis a baja temperatura requiere poca energía y se puede aplicar con tecnología existente.

El resultado es un material más resistente, más sostenible y con menor impacto ambiental. Sin embargo, aunque los resultados son prometedores, todavía es necesario investigar la durabilidad del nuevo material. Los ingenieros deben comprobar su comportamiento frente a las variaciones de temperatura, la humedad y otros factores que afectan al hormigón con el paso de los años.

La iniciativa de los ingenieros podría tener mucho éxito: «Varios ayuntamientos que luchan contra la eliminación de residuos orgánicos se han interesado por nuestro trabajo. Ya nos han contratado para sus próximos proyectos de infraestructuras que incorporan formas pirolizadas de distintos residuos orgánicos», concluyó Roychand.

El futuro del sector de la construcción

La construcción está viviendo una profunda transformación gracias al desarrollo de los materiales inteligentes. Uno de los avances más destacados es el hormigón autorreparable, el cual incorpora bacterias capaces de sellar automáticamente las grietas cuando entran en contacto con la humedad. Por otro lado, los vidrios electrocrómicos permiten modificar su transparencia mediante una corriente eléctrica.

Asimismo, las pinturas autolimpiantes, basadas en dióxido de titanio, reducen la acumulación de suciedad y contaminantes, mientras que los materiales fotovoltaicos integrados permiten que los edificios generen parte de su propia energía de forma sostenible. Finalmente, los nanomateriales y materiales ultralivianos mejoran la resistencia, abren el camino hacia ciudades resilientes, eficientes y autosuficientes.

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